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¿TE ACEPTAN POR SER QUIEN ERES O POR SER COMO ERES?


En mi opinión, esta pregunta -que parece que no va más allá de un curioso juego de palabras- contiene un matiz muy importante que conviene tener claro en el caso concreto de cada una de las personas con las que nos relacionamos.

Si alguien te acepta por cómo te comportas -convirtiéndote en el personaje que cubre todos los deseos y exigencias del otro-, serás fácilmente aceptado con una sonrisa -de dudosa sinceridad-. El otro estará a gusto, ya que cumples sus expectativas y necesidades, así que mientras tu personaje siga siendo sumiso y no se salga de las normas que el otro impone, todo va bien, pero… ¿va bien para el otro o para ti?, ¿Es importante que le vaya bien al otro o a ti?

Si tu actuación con algunas personas es algo similar a lo descrito, y compruebas que en ocasiones te perjudicas a ti mismo para satisfacer al otro, será muy interesante que revises tu actitud, que revises tus deseos o necesidades, y que evalúes seriamente si te interesa seguir en esa relación en las condiciones en que está planteada, si te interesa pero haciendo ciertas modificaciones que te sean favorecedoras –y eso es muy posible que no le guste al otro-, o si no te interesa de ningún modo.

Y después de darte cuenta, por supuesto, hacer lo que hayas decidido.

En cambio, si compruebas que en esa relación puedes ser tú mismo sin necesidad de fingir, te comportas tal como eres, te sientes cómodo y reconfortado, te apetece estar, te sientes plenamente acogido y sientes sinceridad en el trato por la otra parte, esa es una buena relación.

Si el otro te acepta por ser quien eres, en tu esencia, en tu naturalidad, esa relación es sana, es enriquecedora. Es bueno mantenerla y acrecentarla.

La sugerencia es que revises una a una tus relaciones, que compruebes qué lugar ocupas en ellas, si te quieren por ser quien eres o por cómo te comportas con ellos, y que decidas qué hacer con cada una de ellas.

Te dejo con tus reflexiones…
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15 EJERCICIOS PARA SALIR DE LA ZONA DE CONFORT AHORA MISMO

“No podemos convertirnos en lo que queremos ser, si nos apegamos a lo que somos en la actualidad”, dijo Max DePree. El crecimiento se produce cuando salimos de nuestra zona de confort, ese sitio donde nos sentimos seguros y a salvo, aunque no sea más que una ilusión.

La zona de confort no es meramente un espacio físico sino, sobre todo, un espacio psicológico y una actitud. Nuestras creencias, prejuicios, estereotipos y la imagen que nos hemos formado de nosotros mismos y del mundo conforman los límites de la zona de confort en la que nos movemos.

Limitarnos a ese espacio donde nos sentimos tan cómodos significa condenarnos al estancamiento, por lo que no solo necesitamos aprovechar las oportunidades para salir de la zona de confort, sino que también debemos buscarlas activamente e incluso crearlas.

Hay mil razones para abandonar la zona de confort, un motivo de peso llega de la mano de investigadores de la Universidad Estatal de Colorado, quienes comprobaron que una de las claves para ser más felices y sentirnos más satisfechos en la vida consiste precisamente en asumir nuevos riesgos y vivir con curiosidad.

EJERCICIOS PARA SALIR DE TU ZONA DE CONFORT

Cada persona ha construido a su medida la zona de confort, lo cual significa que para salir de ese espacio, primero necesitas conocer tus fronteras, ser consciente de tus limitaciones y, sobre todo, de tus miedos. Estos ejercicios te ayudarán a desarrollar la actitud justa para abandonar la zona de confort sin someterte a una tensión excesiva.

1. Descubre un sitio nuevo. Comienza a salir de tu zona de confort dando pequeños pasos que no supongan una gran amenaza, solo para que te expongas a la diversidad y te acostumbres al cambio. Plantéate descubrir un entorno nuevo al menos una vez a la semana. Puede ser cualquier sitio, desde una pequeña plaza hasta una calle que nunca hayas recorrido o incluso una exposición de arte. La idea es que cada vez te sientas más cómodo con la novedad y que incluso comience a formar parte de ti.

2. Sigue una ruta diferente. Todos tenemos rutas predeterminadas, esas que recorremos todos los días y conocemos de memoria. Para salir de tu zona de confort, un ejercicio muy sencillo consiste en elegir rutas nuevas. No se trata simplemente en cambiar el camino sino de disfrutar de la novedad y, como un niño, descubrir los pequeños detalles que hacen de cada sitio un lugar especial. Si recorres un nuevo camino ensimismado en ti mismo, de poco valdrá el cambio.

3. Prueba algo nuevo. La novedad no solo nos mantiene vivos, es fundamental para mantener activo nuestro cerebro. Un sencillo ejercicio para abandonar la zona de confort consiste, por ejemplo, en probar nuevos sabores. También puedes escuchar un género musical muy diferente del que sueles escuchar o apostar por un libro de un género que no sueles leer. El género distópico, por ejemplo, así como la ciencia ficción y la fantasía, son particularmente interesantes para desanclar nuestro pensamiento de lo tradicional.

4. No elijas la opción segura. Tenemos la tendencia a elegir la opción segura porque queremos minimizar el riesgo y tener todo bajo control. Sin embargo, de vez en cuando es conveniente que te decantes por la opción menos cómoda y más arriesgada. No es necesario que sean decisiones trascendentales en las que hay mucho en juego, pueden ser decisiones menos importantes, pero ten en mente que solo cuando arriesgas puedes saber hasta dónde eres capaz de llegar.

5. Di “sí” más a menudo a cosas que normalmente no aceptarías. Cada vez que dices “no” te mantienes en tu zona de confort, aferrado a lo que ya conoces. Por eso, un buen ejercicio para salir de la zona de confort consiste en decir “sí” más a menudo, sobre todo a esas cosas que no sueles aceptar. Esa actitud más positiva te ayudará a emprender nuevos proyectos, aventuras o simplemente vivir nuevas experiencias.

6. Toma una decisión rápida. Por supuesto, no debe ser una decisión de vida o muerte. Piensa en esas decisiones relativamente intrascendentes sobre las que sueles cavilar demasiado. Cuando te enfrentes a una de ellas, simplemente elige lo primero que te pase por la mente, sin pensarlo demasiado, aunque sea algo inusual. Con este pequeño ejercicio para salir de tu zona de confort estarás potenciando la confianza en tu Inteligencia Intuitiva. Te asombrará descubrir que eliminar la necesidad de reflexionar sobre una decisión te quita un gran peso de encima y te genera una gran sensación de confianza en ti mismo.

7. Haz algo que te atemorice. El miedo no siempre es negativo, a veces tan solo es un indicador de que estamos a las puertas de algo nuevo y desconocido. Por eso, uno de los ejercicios para salir de la zona de confort más eficaces consiste en elegir algunas de esas cosas que te atemorizan y hacerlas. Recuerda las palabras de Helen Keller: "evitar el peligro no es más seguro, a largo plazo, que exponerse a él. Los que temen lo encuentran tan a menudo como los intrépidos. La vida es una aventura atrevida o no es nada".

8. Plantéate un nuevo reto. ¿Hay algo que siempre has querido hacer pero que, por una u otra razón, has terminado postergando? Este es el momento. Atrévete a plantearte un nuevo desafío que realmente te motive y busca la mejor manera para llevarlo adelante. Puede ser cualquier cosa, basta con que te anime a ir más allá de tus límites.

9. Aprende algo nuevo. No hay nada como el aprendizaje para romper tus barreras y descubrir cosas nuevas. Piensa en algo que siempre has querido aprender y dedica unas horas semanales a ello. Puedes apuntarte a clases o aprenderlo por tu cuenta, lo verdaderamente importante es que saques a tu cerebro de su zona de confort y crees nuevas conexiones neuronales.

10. Considera una posición contraria. Un experimento realizado en la Universidad de Winnipeg y la Universidad de Illinois mostró que el 63% de las personas prefieren perder dinero a leer una opinión contraria a la suya. Un excelente ejercicio para salir de la zona de confort consiste en buscar activamente todas aquellas opiniones o ideas que sean contrarias a las tuyas. Valóralas sin pensar en ganadores o vencidos, sino como un ejercicio intelectual que te ayudará a ampliar tu visión del mundo.

11. Elige un área personal en la que quieras mejorar. ¿Quieres ser más extrovertido? ¿Deseas ganar autoconfianza? Elige un área que quieras mejorar y ponte manos a la obra. La zona de confort también está llena de excusas para seguir siendo quienes somos, por lo que es importante que realices un trabajo interior que te ayude a cambiar. Plantéate un desafío y diseña un plan de acción para lograr tu cometido.

12. Planifica un día diferente y especial solo para ti. Se trata de hacer algo que nunca hayas hecho. Puedes, por ejemplo, pasar un día desconectado en soledad para que puedas reconectar contigo mismo lejos de los estímulos a los que siempre estás expuesto. La idea es que te zambullas durante toda una jornada en una situación completamente nueva.

13. Usa las emociones “negativas” a tu favor. Solemos pensar que las emociones negativas son desagradables y debemos evitarlas. Sin embargo, esas emociones tienen un gran poder dinamizador del comportamiento, por lo que tan solo debemos aprender a usarlas a nuestro favor, en vez de verlas como nuestras enemigas. Si te sientes muy enfadado, por ejemplo, aprovecha esa ira para crear arte o para dar el máximo de ti en el gimnasio. Incluso el estrés, cuando es puntual, puede convertirse en tu aliado cuando debes enfrentar situaciones que demandan una dosis extra de energía.

14. Cede el control y aprende a fluir. Nos aferramos a la zona de confort porque la identificamos con la seguridad y el control, aunque en realidad no es más que una ilusión. Por eso, uno de los mejores ejercicios para salir de la zona de confort consiste en aprender a fluir con los acontecimientos y ceder el control de vez en cuando. Aprende a delegar, deja que los demás planifiquen algunas cosas, confía más en quienes te rodean y permite que tomen la iniciativa.

15. Tira todo lo que no necesitas. Tu zona de confort también está compuesta por todas esas cosas que te reconfortan pero que realmente no necesitas y solo ocupan un espacio inútilmente. Para abandonar la zona de confort, necesitas aprender a practicar el desapego, por lo que podrías empezar haciendo limpieza en casa tirando todo aquello que no necesitas.

La clave radica en ir dando pequeños pasos a la vez, de manera que no percibas el hecho de salir de tu zona de confort como algo traumático sino más bien como una actividad de descubrimiento que, si bien encierra incertidumbre, también representa una oportunidad para ampliar tus límites y descubrir cosas nuevas.


Autor desconocido

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LA INFANCIA NOS MARCA, ¿QUÉ PERSONAJE INTERPRETAS EN TU VIDA?
por Paloma Crisóstomo


charla de 44  minutos



La infancia nos marca, ¿qué personaje interpretas en tu vida? por Paloma Crisóstomo, que tuvo lugar en Ecocentro (Madrid) el 25 de Septiembre 2017.

https://www.youtube.com/watch?v=MvAz-pQ2MVE

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GUÍAS, MAESTROS, SABIOS, INSTRUCTORES, CONSEJEROS... / Re:CONSEJOS DE MAHATMA GANDHI
« Último mensaje por adonis en Marzo 28, 2019, 10:59:46 am »
Son buenos consejos...
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MEDITACIONES DIRIGIDAS Y MÚSICA PARA MEDITACIONES / MÚSICA RELAJANTE DE PIANO
« Último mensaje por OM en Marzo 28, 2019, 10:58:50 am »
MÚSICA RELAJANTE DE PIANO
360 minutos


https://www.youtube.com/watch?v=RC58w2n6Kd0
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ES CONVENIENTE CAMBIAR  “TENGO QUE” POR “QUIERO”


En mi opinión, aún nos sentimos condicionados -casi siempre inconscientemente-, por esas auto-imposiciones que comienzan siempre con un “tengo que…” En muchas ocasiones es cierto eso de “tengo que” –en el trabajo, por ejemplo-, pero en muchas otras ocasiones ese mismo “tengo que” puede sustituirse por “quiero”, por “decido”, por “es mi deseo”.

Plantear esas tareas de uno u otro modo puede cambiar completamente la concepción de la tarea. En el “tengo que” hay implícita una obligación, y parece que también hay un cierto derecho a la rebeldía y a hacerlo de mala gana, mientras que si uno cambia el texto y dice “quiero”, uno está haciendo su voluntad –es él mismo quien lo quiere- y está cumpliendo su deseo.

Llega el momento de hacer la cama, por ejemplo. “Tengo que hacer la cama” no suena igual que “quiero hacer la cama”. De todos modos la tarea es la misma, pero en el primer caso se hace a desgana y en el segundo caso puede que una sonrisa nos acompañe durante la tarea.

No siempre es así, por supuesto, pero en nuestro inconsciente “tengo que” suena a fastidio más que a responsabilidad, suena a imposición, a tarea de algún modo desagradable, y puede surgir una reacción que se oponga a ello, y aunque la mente trate de justificar la razón de la tarea parece que algo queda por dentro refunfuñando.

“Quiero hacer”, en cambio parece que lleva implícito un cierto júbilo, es como un deseo que se va a cumplir, y como hay una libre voluntad en eso de “quiero”, hay apetencia. Se afronta de un modo totalmente distinto.

Tener mal humor y mala cara no van a mejorar nada, ni nos van a evitar hacer la tarea que sea.

Una conversación constructiva y razonadora con uno mismo puede hacer que cambiemos nuestro modo de ver las cosas.

Lleguemos a un acuerdo en este asunto. Ya que hay que hacerlo, hagámoslo con un poco de optimismo y buena cara.

Te dejo con tus reflexiones…

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HAY QUIENES NO VALORAN LO QUE HACES POR ELLOS HASTA QUE DEJAS DE HACERLO

Corría el año 1974 cuando el sociólogo Phillip Kunz realizó un experimento muy curioso. Envió tarjetas de Navidad con una fotografía de él y su familia junto a una nota escrita a mano a 600 personas elegidas al azar. Los destinatarios de las tarjetas eran completos extraños, pero al poco tiempo el buzón de Kunz comenzó a llenarse con tarjetas de felicitación.

Recibió casi 200 respuestas. ¿Por qué tanta gente respondería a un completo desconocido? Es la regla de la reciprocidad: esas personas se sintieron obligadas a devolver el favor. Hay, sin embargo, quienes no aplican esa regla y se convierten en receptores ávidos y dadores avaros. Debemos tener cuidado con ellos o terminarán drenándonos.

QUIEN DA, TAMBIÉN TIENE DERECHO A RECIBIR

Dicen que quien da, debe tener la memoria corta y quien recibe, la memoria larga. Es cierto que la auténtica ayuda es aquella que nace del corazón, la que no pide nada a cambio porque el simple hecho de ayudar ya es recompensa suficiente. Sin embargo, no podemos dar continuamente, un día tras otro, desgastándonos hasta el límite de nuestras fuerzas, sin recibir absolutamente nada a cambio.

No se trata de un quid pro quo ni de llevar la cuenta de los favores y la ayuda que hemos brindado, pero necesitamos, por el bien de nuestro equilibrio mental, recibir una compensación en forma de cariño, palabras amables y reconocimiento, el tipo de compensación que nos permite saber que la otra persona valora nuestro esfuerzo y que todo lo que hacemos no está cayendo en saco roto.

No debemos olvidar que el amor es el alimento del alma. Es tan importante dar amor como recibirlo. La entrega continua, sin recibir nada a cambio, termina siendo agotadora, es como vaciar el alma olvidándonos de llenarla.

A VECES NO SE CAE POR DEBILIDAD, SINO POR HABER SIDO DEMASIADO FUERTES

A fuerza de dar, muchas personas se pierden a sí mismas porque terminan anteponiendo las necesidades y deseos de los demás a las suyas. Se pierden en el acto de entregar continuamente porque para satisfacer a los otros, deben acallar su “yo”.

Ese tipo de intercambio es tóxico. La falta de reciprocidad alimenta una espiral de insatisfacción, desilusión y frustración. Cuando das mucho sin recibir nada a cambio, en el fondo tus necesidades de afecto y reconocimiento se quedan insatisfechas, lo que suele generar un profundo vacío interior.

Asumir el rol de “proveedor” también encierra otro peligro: no ser capaces de pedir ayuda cuando la necesites. Generalmente la persona más fuerte se convierte en el sostén de los demás, de manera que no solo carga con sus problemas sino también con los ajenos. Como resultado, no es extraño que termine cayendo abrumada bajo tanto peso.

Esa persona, acostumbrada a recurrir a sus propios recursos para hacer frente a las diferentes situaciones, es probable que ni siquiera tome en cuenta la posibilidad de pedir ayuda. El problema es que nuestros recursos no son ilimitados y, antes o después, terminarán agotándose.

SEÑALES DE QUE ESTÁS DANDO DEMASIADO

- Sigues dando, incluso en aquellas situaciones en las que te sientes emocionalmente vacío.

- Te sientes solo en tu relación y apenas puedes satisfacer tus propias necesidades emocionales.

- Esa persona pide ayuda continuamente pero nunca está disponible para ayudarte o no reconoce tu esfuerzo.

- Tienes miedo de que si dejas de dar, esa persona se aleje de ti, lo cual demuestra que, en el fondo, se trata de una relación interesada.

- Tu ayuda desinteresada se ha convertido en una pesada obligación, de manera que esa persona te la exige y demanda.

- Se ha creado una relación de dependencia en la cual has asumido el rol de dador, mientras el otro solo recibe.

¿CÓMO SALIR DE ESTE TIPO DE RELACIONES?

Cada vez que ayudamos a alguien le ofrecemos una parte importante de nosotros. Por desgracia, muchas personas no son conscientes de ello y no se dan cuenta de la magnitud de esa ayuda hasta que esta cesa.

Para evitar esas relaciones desequilibradas es importante cultivar una buena autoestima. Cuando nos valoramos y apreciamos, es más probable que las otras personas también valoren en su justa medida nuestra ayuda.

Si los demás no lo hacen, quizá ha llegado el momento de apartarnos gentilmente para dedicarnos a cuidar más de nosotros o simplemente para hacerle notar cuánto estamos aportando y restablecer el equilibrio en esa relación.

Autor desconocido

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DIEZ HÁBITOS Y EJERCICIOS PARA AUMENTAR TU AUTOESTIMA


Cómo mejorar la autoestima. 10 hábitos y ejercicios para aumentar tu autoestima: Tener una autoestima sana depende de nuestra infancia, de dónde nos hemos criado y de cómo han sido nuestros padres o tutores con nosotros. Pero no vamos a culpar siempre al pasado, ya que también podemos hacer cosas ahora para aumentar nuestra autoestima y para mejorar la autoestima que ahora tenemos. Para mejorar la autoestima también podemos adquirir hábitos e incluso realizar algunos ejercicios que te voy a plantear aquí para que puedas mejorar tu autoestima. Para mejorar tu autoestima, en este vídeo quiero proponerte diferentes hábitos y estrategias, como poner límites, saber decir no, saber agradecer, ponernos en nuestro sitio, sentirnos merecedores, darnos la satisfacción de decir "porque sí"... Espero que este vídeo para aumentar tu autoestima te ayude y que puedas implementar en tu vida todos los hábitos que te propongo para que tengas una autoestima sana.


https://www.youtube.com/watch?v=VRnmiXLyqKE
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MEDITACIONES DIRIGIDAS Y MÚSICA PARA MEDITACIONES / CUENCOS TIBETANOS GRANDES
« Último mensaje por OM en Marzo 27, 2019, 06:07:36 am »
CUENCOS TIBETANOS GRANDES
71  minutos


https://www.youtube.com/watch?v=02tBH8bJ3ao
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COLABORACIONES: ARTÍCULOS INTERESANTES / Re:EL SERVICIO
« Último mensaje por antonio pina en Marzo 27, 2019, 06:06:38 am »
Me ha parecido muy interesante.
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