Buscandome

Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión

 


Traductor Google

 LOS LÍMITES DEL AMOR - 2ª parte - Walter Risso



Julio 05, 2015, 05:44:27 pm
Leído 754 veces

Desconectado Paz

  • Hero Member
  • *****

  • 661
    Mensajes

  • Karma: 0

LOS LÍMITES DEL AMOR - 2ª parte - Walter Risso
« en: Julio 05, 2015, 05:44:27 pm »
ERES PERSONA, NO COSA

Muchas víctimas del abuso se olvidan de que son personas, que merecen ser escuchadas en serio y ser respetadas. Te cosifican cuando te quitan el derecho a tener derechos, cuando tus pensamientos y sentimientos no son tenidos en cuenta, cuando no te consideran un fin sino un medio, cuando te manipulan, maltratan o explotan.

Ser cosa, es ser un objeto, es eliminar la esencia misma de la condición humana. Los objetos son desechables, las personas no; por eso, mereces respeto. No tienes el derecho a que te amen, pero sí a que te traten bien, a que no te mientan. La esclavitud en nombre del amor es esclavitud, no importa cuál sea el lavado cerebral que te hicieron, ni qué tan masoquista seas.

DISCRIMINA ENTRE SUFRIMIENTO ÚTIL Y SUFRIMIENTO INÚTIL

El sufrimiento útil es el duelo. Un dolor progresista, que te enseña a perder y a no seguir esperando lo imposible. La realidad a veces es dolorosa, pero te ayuda a ubicarte. Romper con alguien a quien amas no es fácil, porque el principio del placer es impositivo y persistente. Pero, si en cambio, estás en una relación afectiva en la que los malos momentos superan con creces los buenos, pregúntate a dónde te conduce ese sufrimiento.

El sufrimiento inútil funciona como las arenas movedizas: cuánto más intentas salir, más te hundes. Por eso, si no hay nada más qué hacer, si ya has intentado de manera razonable hallar una mejoría en la relación y nada has logrado, conéctate a un sufrimiento útil, asume la pérdida, deja que el duelo arranque. El sufrimiento inútil no se agota y puede durar siglos. El sufrimiento útil tiene un fin, suelta los lastres y te limpia por dentro.


EL BUEN AMOR ES RECÍPROCO

La reciprocidad es la base de un amor justo. Cuando damos amor, esperamos amor, porque las relaciones afectivas de pareja se alimentan del intercambio. ¿Cómo no esperar fidelidad si eres fiel? ¿Cómo no esperar ternura si das ternura? No se trata de avaricia sino de dar y recibir, de vivir una relación de dos personas juntas y que sea recíproca.

Si no te sientes gratificada o gratificado, si tus manifestaciones de ternura o sexo se pierden en un amor tipo esponja, que todo lo absorbe y nada o muy poco devuelve, tu sentimiento, a no ser que seas un santo o una santa, se irá convirtiendo en indignación y frustración. El amor es de doble vía, no importa lo que digan. El amor saludable prospera cuando el proceso dador-receptor se encuentra en equilibro. Amar solidariamente, tranquilidad de alma.


PREGÚNTATE SI TUS DESEOS Y EXIGENCIAS SON RACIONALES

Es un acto de responsabilidad para con el prójimo. No puede haber un intercambio afectivo feliz, si no hay autocrítica. Se trata de autoridad moral, de estar seguro de que tus preferencias, deseos, sueños, anhelos y pedidos sean razonables y que no violen los derechos de tu pareja. Si exiges fidelidad y eres infiel, o si no amas sinceramente a tu pareja y reclamas amor de parte de ella, necesitas ayuda profesional. No des motivos, es mejor ser coherente, es mejor estar en paz con uno mismo.

Pregúntate si tu propuesta afectiva es irracional, si está motivada por el apego, la inseguridad, la posesión y el miedo, o si, por el contrario, se fundamenta en tus convicciones, como debe ser. Una vez más: razón y emoción en proporciones justas y llevaderas. No sólo se trata de que te respeten, sino también de respetar.


PARA VIVIR EN PAREJA, EL AMOR NO BASTA

El sentimiento amoroso no garantiza por sí solo una buena convivencia de pareja, para eso se necesitan otras habilidades distintas al querer. Esta afirmación, que debería resultar evidente para el sentido común y las observaciones de la vida diaria, ha sido descartada por la cultura del enamoramiento y reemplazada por la idea de que "el amor todo lo puede", hasta hacernos felices en un matrimonio desgraciado. La fórmula es atractiva: si amas, tienes la vida resuelta. ¿Para qué más? Sin embargo, la realidad afectiva es otra. Mantener una posición racional y no distorsionada sobre las relaciones afectivas es suponer que el amor es un arte. Los sentimientos son necesarios pero no suficientes para estar en pareja. Eros funciona como un empujón inicial, pero no alcanza para cristalizar una relación estable y duradera.

El amor romántico no consigue mantener a raya los problemas que surgen de la convivencia. ¿Tropezamos con el amor o lo creamos? Ambas cosas. Primero nos golpea y atonta y luego, cuando nos recuperamos del shock, empezamos a descubrirlo y reinventarlo.

Veamos una conversación típica entre una mujer empecinada en casarse con un hombre bastante problemático y la amiga que trata de salvarla:

— ¿Por qué te quieres casar, si el tipo es un desastre, infiel dominante y arrogante?

— Porque lo amo.

— ¿Y eso qué tiene que ver con la convivencia, criar hijos y lo demás?

— ¿Cómo que qué tiene que ver? El amor todo lo cura y todo lo puede, estoy segura.

Tener una pareja no es la única forma de realización ni la única manera de alcanzar una vida feliz. Mejor pon el amor en su sitio y si tienes algo de agallas, desafíalo: "Si no eres un buen amor, prefiero no tenerte".


NO PRACTIQUES LA VICTIMIZACIÓN, NI LA AUTOCOMPASIÓN
(Descalificación, Chantaje emocional, Amenaza, Abrir la herida)

A veces, sin darnos cuenta, entramos pasivamente en una serie de juegos de presión y manipulación.

El sujeto dominante puede utilizar varias estrategias para bloquear al otro y llevarlo a la autocompasión. Riso señala cuatro ejemplos de estas tácticas de sometimiento.

Descalificación.
Considerar al otro como insignificante:

"No te creo, tu opinión no me merece respeto", "No doy crédito a tus ideas y sentimientos", "No sabes nada", "Sólo dices estupideces" o "Eres poca cosa". Da igual.

Descalificar es mancillar al otro, hacerlo a un lado por ignorante, desacertado o incapaz. Si entras en este juego y te crees el cuento, el resultado será la depresión. Pero si estás seguro o segura de tu valía, el ataque pasará de largo: no habrá un "yo" enclenque que lo atrape. La descalificación avergüenza, si la autoestima es pobre.
•   
•   Chantaje emocional.
El mecanismo de control es la culpa. Se trata de responsabilizar al otro por lo que nos pasa. El mensaje subrepticio es demoledor:"Eres una persona mala", "Quieres destruirme", "Si verdaderamente me quisieras, no harías esto o aquello". Volvemos a la estupidez de un amor incondicional, a la tristemente célebre "prueba de amor" que, en este caso, intenta fundamentar la explotación psicológica. Pero si tienes la conciencia tranquila, si sabes que se trata de un juego en el cual has participado infinidad de veces, suplicando un perdón y una comprensión que nunca llega, y que no te corresponde, te queda la asertividad. La mejor respuesta a una insinuación de chantaje emocional es un contundente:"No es así", y punto. No más. Nada más. 
•   
•   Amenaza.
Agresión y violencia anticipada: "Te abandonaré", "Te golpearé", "Te dejaré de amar", "Te mataré", en fin, amenazas sobre la seguridad física o psicológica. El juego se activa cuando el amenazado toma en serio la intimidación y siente miedo. Si crees que las amenazas físicas tienen alguna opción de prosperar, escapa o denuncia al infractor. Si crees que las amenazas psicológicas de dejarte de amar son creíbles, pregúntate si se justifica luchar por un amor que no te corresponde. Pero debe quedar claro que ninguna forma de coacción es negociable, la acción misma de intentar amedrentar a otro es inmoral. La emoción que regula este juego maligno es el temor. Tus dos herramientas para no entrar en la violencia: escape /denuncia, si la amenaza física es real o creíble, y desamor auto-inducido si no te quieren.


RECUERDA: Si aceptas que eres una persona digna, entonces sabrás que no te merece quien viola tus derechos o te lastima.
•   
•   Abrir la herida.
Como si la historia nos determinara de manera definitiva, a algunas personas les fascina meter el dedo en la llaga para cobrar deudas tan lejanas como inútiles; es decir, echar en cara lo que se hizo o lo que se dejó de hacer. La estrategia es volver una y otra vez sobre la misma cuestión, sin brindar ninguna alternativa de solución, como si se tratara de un pecado original imposible de redimir. Después de veinte años, un hombre, de manera reiterada y obsesiva, cada vez que podía, le recordaba a su mujer una supuesta infidelidad de la juventud. Y en cada ocasión, ella invertía varias horas tratando de explicar y justificar lo ocurrido (un baile apretado, un beso furtivo...).

Así, él lograba ponerse por encima y someterla. Una deuda impagable y un pagador compulsivo.

Si eres víctima de la descalificación, el chantaje, la amenaza y la culpabilización, no te resignes a ello. Una relación de este tipo es disfuncional e inconveniente para cualquiera, no importa qué diga tu pareja y cómo quiera justificar sus actos. Nadie merece semejante tortura.


CONCLUSIÓN:

No importa cuánto te amen, sino cómo lo hagan. El buen amor es un problema de calidad total. Es cualitativo más que cuantitativo. El "cómo" tiene que ver con los valores guías como son: reciprocidad, solidaridad y autonomía, y con el amor digno y el amor justo. Cuando ponderamos la cantidad por encima de la calidad afectiva, distorsionamos la verdadera esencia del amor. Si fuera así, deberíamos valorar los excesos de las personas celosas, apegadas, obsesivas, violentas o codependientes, simplemente porque "aman demasiado".

Pero amar mucho no significa que amemos bien. No importa cuánto te amen, sino cómo lo hagan quiere decir que no necesitas la taquicardia y la alteración hormonal desmedida para disfrutar el amor. La manía no siempre conduce a la felicidad.

Si no hay riesgos para tu seguridad física o psicológica y tus principios no se ven afectados, acelera y vive el amor intensamente. La propuesta no es mantener el amor encapsulado, sino enseñarle a volar.

El autor dice: si te sientes correspondido o correspondida en el amor, si tu autorrealización personal no se ve afectada y si tus principios son respetados, hay que poner el pie en el acelerador. Hay que vivir el amor intensa y vitalmente, siempre y cuando el respeto prevalezca.

¿Amor pensado y racional? Sin duda alguna.

No nos dejemos llevar por la cultura del amor romántico que aconseja entregarse sin pensar tanto, y que nos dice que de no ser así, perderíamos la magia del amor, su irracionalidad... sin embargo, recuerda que precisamente la irracionalidad es una de las principales causas de la patología afectiva.
Walter Riso, termina su libro con la siguiente reflexión:

Enamoramiento es una cosa, amor es otra. Amar es hacer el amor con la mejor o el mejor amigo, y con ternura, pasión, amistad y dulzura, sin violencia. Si le das cierto orden al amor, si lo vinculas con tu autoestima, con el "ser para sí", además del "ser para el otro", habrás definido un sendero seguro por el cual transitar. Cuando la compañía es confiable, hay que acelerar; si el enredo no pinta bien, hay que frenar en seco.


MUJER:

No se trata de amar por encima de todo,  mucho menos de ti misma,  porque nadie vale la pena antes que tú. Analiza tu amor propio, tus expectativas y nunca olvides ser tú misma la prioridad en tu vida. Ámate, valórate y defiende tus principios, tus derechos y tus convicciones. NO DEJES DE SER TÚ MISMA POR NADA NI POR NADIE... así delimitarás tu posición y evitarás caer en un amor irracional.