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  LA ORACIÓN - Antonio Blay



Marzo 24, 2017, 08:32:44 am
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LA ORACIÓN - Antonio Blay
« en: Marzo 24, 2017, 08:32:44 am »

LA ORACIÓN
Antonio Blay


-La oración no es un monólogo, es una conversación, un diálogo, lo que
significa que ha de haber dos fases: que todo yo me dirija y me exprese
a Dios, y después que todo yo me quede receptivo, que todo yo escuche, esté atento. Generalmente creemos que la oración consiste sólo en el primer tiempo, contarle unas cuantas cosas a Dios y ya está. Pero no es así, porque lo más importante no es lo que yo tenga que decirle a Dios, sino lo que Dios tiene que decirme a mí. Por eso es preciso que después de la fase de expresión total, de sinceridad, aprenda a estar todo yo abierto, receptivo, con el deseo de comprender, de percibir, de captar su presencia y su voluntad.

-Yo me dirijo a Dios para expresarle todo lo que deseo, lo que necesito, aunque sean cosas de tipo material. Cuando me expreso así, mediante mi verdad, sea cual sea -mi desengaño, mi ambición, mi sentido mundano-, con todo lo que en mí está vivo y eso lo comunico y lo entrego hacia Dios, entonces todo esto se dinamiza, se centraliza e integra alrededor de este núcleo espiritual y poco a poco me conduce a que yo comprenda cada vez más las cosas a la luz de lo espiritual. Y muchas veces me vendrán soluciones (incluso de tipo económico), se producirán reacciones de otras personas, oportunidades e incluso encuentros que pueden ser convenientes para mi evolución, lo mismo espiritual que material. A Dios lo hemos separado de lo material de un modo artificial, y Dios es el mismo en nuestra alma que en nuestro cuerpo; no hay por qué hacerle especialista sólo en los problemas del alma. Esta es una actitud producto de una educación falsa o parcial.

-Hablando con Dios de todo lo que para nosotros es importante, sea lo que sea, las cosas se arreglarán interiormente. Evidentemente, no existe ningún seguro que garantice que le irán bien los negocios al que practique la oración, pero lo que sí es seguro es que uno verá cada vez más las cosas desde la perspectiva correcta. Pero, podéis decir, ¿cuál es la perspectiva correcta? La perspectiva correcta es la perspectiva de Dios. Y es que la perfección de las cosas, la verdad de las cosas, está siempre en la visión desde arriba, en función de su creador y de su ordenador; muchas veces nosotros no las vemos desde el ángulo correcto, desde sus causas espirituales, por lo que si se produce un choque entre estos dos puntos de vista, es el mío el que debe cambiar, porque el otro siempre es el correcto. Dios es la causa, la explicación, el verdadero por qué y cómo de las cosas, por lo tanto soy yo quien he de aprender a acercarme, a sintonizar, a adaptarme, a descubrir la verdad. No debo querer convencer a Dios para que me consiga esto o lo otro; lo que debo lograr es una transformación interior, la cual se va operando en la medida en que soy sincero desde mi punto de partida actual y me comunico con sinceridad mediante este diálogo vivo, profundo, total, con Dios. Esto conducirá a que poco a poco yo vaya viendo las cosas desde el punto de vista correcto, desde la perspectiva de Dios." (Extraído del Trabajo interior de A Blay).

No sé, quizás pueda parecer muy básico todo esto que explica Blay, pero me parece de una simplicidad y profundidad tremendas y además aporta un sentido práctico al tema del trabajo espiritual.

Que sí, que no podemos separar lo material de lo espiritual porque están íntimamente entrelazados. Me gusta mucho la frase de que lo importante no es lo que tenemos que decirle a Dios sino lo que Él tiene que decirnos a nosotros y esta es la parte frecuentemente olvidada de la oración, porque escuchar significa vaciarse de prejuicios y de valoraciones, significa dejar un espacio, un silencio para que pueda surgir la verdad que es la perspectiva de Dios que puede estar muy lejana de nuestra visión de la realidad.

Por tanto, amigos míos, dejemos espacio para escuchar al Ser. Lo bonito es que la misma dinámica de la oración, sentida y mantenida en la conciencia de forma constante es una llamada de fuerza tremenda, un bocinazo a los oídos de Dios, y la respuesta no se hará esperar.

Recordar una frase muy bonita que creo que se la escuché a Francis Lucille y que dice:

"POR CADA PASO QUE TÚ DAS HACIA DIOS, DIOS DA CIEN HACIA TI"