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 ENTENDER LA DEPRESIÓN: ASTENIA, ANHEDONIA Y ABULIA



Abril 08, 2018, 07:30:51 am
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ENTENDER LA DEPRESIÓN: ASTENIA, ANHEDONIA Y ABULIA
« en: Abril 08, 2018, 07:30:51 am »
ENTENDER LA DEPRESIÓN: ASTENIA, ANHEDONIA Y ABULIA

 
     No suele fallar: cuando le dices a alguien que estás atravesando una depresión, su primera reacción es decirte: “¡Anímate, no estés triste!”, o algo parecido. Incluso tus personas más cercanas, quienes te conocen mejor, actúan así. Sólo quienes lo hemos vivido y (algunas) personas profesionales o que han convivido con quien la sufre, lo entienden. Porque la Depresión, en especial la Depresión Mayor, es un trastorno mental (severo). En este sentido, no puede reducirse a un sentimiento, como la tristeza.

    Claro, que la depresión no sea igual a tristeza no significa, ni mucho menos, que no haya tristeza en la depresión. Por el contrario, esta emoción es una de sus maneras más básicas de expresarse. Pero esta patología es bastante más que estar triste. Y no se trata sólo de una cuestión cuantitativa, de que sea más intensa o dure más tiempo. Por el contrario, es una vivencia mucho más compleja. La tristeza es, o puede ser, un síntoma, pero no es el único ni es definitorio. La depresión tiene muchas maneras de manifestarse. Otros síntomas muy usuales son: las alteraciones del sueño y/o del apetito, la irritabilidad, los pensamientos negativos, la ideación o el comportamiento autolítico consciente o inconsciente (hacerse daño a uno mismo no se reduce a los intentos, consumados o fallidos, de suicidio).

     Sería muy difícil resumir todas estas vivencias en un solo artículo. Por ello, me centraré tan sólo en tres de sus síntomas, los cuales suelen ser los que más incomprensión generan. Me refiero a la Astenia, la Anhedonia y la Abulia.

     ¿Qué significan estas palabras raras? Astenia significa, literalmente, carente de fuerza. Esto, sin embargo, no debe confundirse con debilidad física. Básicamente, es una sensación generalizada de cansancio, de agotamiento, como si hubieses hecho un esfuerzo mayúsculo y prolongado en el tiempo. Lo cual no se corresponde, en absoluto, con tus actos reales. El agotamiento sale de dentro. Crece incluso cuanto menos haces. Así, es usual escuchar que te digan: “¿De qué estás cansado? ¡No seas flojo!”

     Este, quizás, sea el punto más difícil de hacer entender a quienes no han vivido un episodio de depresión: la astenia es real, no eres un simulador, no es flojera, vagancia o algún otro defecto de la personalidad. No quieres encontrarte así, no depende de tu voluntad. Las personas entienden fácilmente que el estrés cansa tanto como la actividad física, pero no ven que la depresión puede tener el mismo efecto.

     Quieres actuar, ser el de siempre, pero no tienes fuerzas ni para cuidar de ti mismo. Es desolador. Y no sabes cómo revertirlo. Ahora bien, por muy extraño que suene, descansar no es la forma de recuperarse de la astenia. Como una batería descargada por desuso, necesitas ponerte en acción, haciendo lo que sea, para empezar a sentirte mejor.

     Sin embargo, a la hora de ponerte en acción no sólo tienes que salvar la falta de energía. También debes enfrentarte a la falta de satisfacción. Y este es otro muro muy difícil de escalar. Cuando atraviesas un episodio de depresión, disfrutar, incluso simplemente sentir, es algo que no puedes conseguir. A este síntoma se le llama Anhedonia, y se refiere a la incapacidad para sentir placer. Lo que antes te satisfacía ahora ya no funciona. Los estímulos placenteros ya no son estimulantes.

     Se supone que la búsqueda de placer y la evitación del displacer son los dos motores básicos de nuestra existencia, nuestras dos fuentes motivacionales. Pues, precisamente, cuando atraviesas una depresión ambas fuentes se estropean. Del displacer no puedes escapar, porque brota desde dentro, a borbotones incontenibles. Y placer no sientes. Nada te hace disfrutar.

     En consonancia con esta carencia motivacional, también se considera un síntoma definitorio de depresión (mayor) la Abulia. Palabra que significa “sin voluntad”. Y no es tan difícil entender por qué sucede: Si no tienes energía y no te satisface lo que haces, no encuentras motivación para actuar. Así, perdida la capacidad de sentir placer y con un inmenso displacer interior del que no puedes escapar… ¿Para qué hacer nada? Es muy difícil encontrar una respuesta satisfactoria al dilema, porque no registras los estímulos presentes y, al mismo tiempo, la disforia te sube con independencia de lo que estés haciendo. De este modo, sin motivaciones, poco a poco te vas dejando ir, pendiente abajo.

     La Astenia, la Anhedonia y la Abulia son el tridente que desgarra tu existencia. Cuando la depresión te pilla en sus redes, te deshaces por la Nada. La depresión (mayor) es un déficit de vida, un Vacío del Ser. Cuando caes en ella, eres una carencia, de energía vital, de placer y de acción. Te sientes una vela a la que se agota su cera, te consumes en la oscuridad.

     Por supuesto, de la depresión, incluso de la depresión mayor, se sale. Por ello se habla de episodios y no de un tipo de personalidad. No eres un depresivo, atraviesas una depresión. Aunque, claro, cuando estás en medio de la tormenta parece que no se acabará nunca. Pero desde aquí, por mi propia experiencia, quisiera remarcar que, aunque nadie está exento de posibles recaídas, estos episodios se atraviesan.

Hernán Sampietro