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 LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA O CÓMO TE LIMITAN TUS PENSAMIENTOS



Abril 12, 2018, 07:33:40 am
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LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA O CÓMO TE LIMITAN TUS PENSAMIENTOS


Nunca fui capaz de aprender a tirarme de cabeza al agua.
Cada vez que iba a hacerlo me veía a mí misma cayendo en plancha. ¡Y toma planchazo!
Mira que me encantaba la piscina. De niña me pasaba allí casi todos los días del verano. Pero daba lo mismo. Daba igual quién me enseñara, el tiempo que dedicáramos, las veces que lo intentara… Siempre caía en plancha.
¿Tenía menos capacidad que mis amigas para tirarme de cabeza?
No. Lo que pasaba es que justo antes de tirarme me decía a mí misma que no iba a poder, que me iba meter un planchazo, que no me saldría. Y así era. La profecía autocumplida.
Hace mucho que no lo intento, pero estoy segura de que ahora conseguiría aprender. Porque ahora soy capaz de verme a mí misma haciéndolo.
Porque todo va unido y lo que te pasa es consecuencia directa de lo que estás pensando.
Y porque cuando vas a hacer algo y piensas que el resultado que vas a obtener es X, tú misma estás provocando que ese sea el resultado.
Ya sea conseguir un trabajo que te guste, hablar con seguridad, aprobar un examen o conocer a alguien.
Si centras la atención en meter la pata, ¡aumentas la probabilidad de meter la pata!
Llámalo ley de atracción, profecía autocumplida o como quieras, pero lo que piensas lo atraes.

El vencedor antes de entrar en la batalla ya ha ganado, (Sun Tzu)

Por eso estoy convencida de que si dejáramos de boicotearnos continuamente con nuestros pensamientosno tendríamos límites. Seríamos capaces de lo que nos propusiéramos. Tú, yo y todos (entiéndase que no me refiero a ser capaces de volar sólo por decirnos que podemos hacerlo)
Por ejemplo, si me invitan a una cena y cada vez que voy a hablar empiezo a pensar qué pensarán de mí y que fijo que lo digo les va a parecer una tontería, lo diré con tan poca confianza que seré incapaz de captar su interés.
Si voy a una entrevista de trabajo pensando en que no valgo y que seguro que no me cogen, transmitiré unos nervios y una inseguridad que harán que, efectivamente, no me cojan.
Si le digo algo a mi pareja convencida de que es imposible no discutir con él, seguramente discuta. Porque estoy predispuesta y lo atraigo. Tengo mi mente enfocada en percibir las señales que me convencerán de que él quiere discutir. Y discutiremos.
Si voy conduciendo pensando que voy a perder el control o que me voy a encontrar a algún kamikaze de carretera, es más fácil que me pase algo. Y eso, a su vez, empeorará aún más mi ansiedad al volante.
Si quiero comunicarle algo a mi equipo pero estoy insegura y dudo de lo que voy a decir o de la decisión que he tomado, les transmitiré esa inseguridad a ellos. Y, ¡tachán!, no conseguiré lo que pretendía ni daré la imagen que quería. Otra vez más que me he boicoteado.
Caminar por la vida cargando con esos miedos y esos pensamientos negativos te dirige a ellos de cabeza. Como yo cuando me tiraba en la piscina.
Y así un día te das cuenta de que eres tu mayor enemigo y de que los mayores límites te los estás poniendo tú misma.
Porque lo que pensamos de nosotros, de nuestras posibilidades, de los demás, de la vida… nos hace actuar de una determinada manera. Y, según actuemos, nuestros resultados serán unos u otros.
Y si no recuerda uno de esos días en los que te has levantado muy animada, motivada, contenta, capaz de todo. Avanza el día y todo sale rodado. Parece que los astros están jugando a tu favor, ¿verdad?
Y no, no son los astros. Eres tú.
Lo mismo que otro día te levantas fatal, triste, de mal humor, sin ganas de nada… Y avanza el día y todo te sale mal. Una mala noticia, tal vez un roce con alguien, algo que no sale como esperabas… Y te frustras y te convences de lo mal que va todo, de lo poco que vales o de que no vas a conseguir nada de lo que quieres. Nuevamente parecen los astros jugando, esta vez en tu contra.
Y, nuevamente, vuelves a ser tú.
Con nuestros pensamientos programamos nuestro GPS interno para que nos lleve a un lugar. El problema es que muchas veces lo programamos para que nos lleve a donde no queremos ir.
Repitiéndonos lo que nos da miedo que pase o dónde podríamos meter la pata…
Pensando equivocadamente que si barajamos todo lo negativo que podría pasar nos prevenimos para cuando pase. Y así es justamente como lo atraemos.
O simplemente porque hemos aprendido a pensar así, enfocándonos en lo que no queremos en vez de en lo que sí.
Mi vida antes funcionaba así. Ante cualquier reto o cualquier situación cotidiana, me posicionaba desde lo que no quería que pasase. Era insegura y miedosa y eso condicionaba cómo me enfrentaba a una entrevista de trabajo, a una conversación con desconocidos o a lo que fuera. Me enfocaba en lo que no quería que pasara y, claro, metía la pata. Yo misma, con mis pensamientos, provocaba el desastre que había anticipado.
Y después venga a castigarte y a decirte lo idiota que eres y lo mal que lo has hecho.
Tantos años que me costó darme cuenta de que si me enfocaba en aquello que no quería lo atraía hacia mí.
Lo mismo que si me enfoco en aquello que sí quiero y que depende de mí también lo atraigo hacia mí.
Así que, ¿para qué ponértelo difícil si puedes ponértelo fácil?

•   Pensando y hablando en positivo. Piensa lo que quieres que pase, no lo que no quieres. Por ejemplo, en vez de pensar “seguro que no digo más que tonterías”, repítete en voz alta que vas a estar tranquila y piensa lo que vas a decir. Y elimina las barreras mentales tipo “no me lo merezco” o “esto no se me da bien”. Son como muros que tú misma te pones entre lo que quieres y tú. Recuerda que el pensamiento positivo es como un músculo. Cuanto más lo ejercites más fortalecido estará. Hasta que llegue un momento en que te salga sólo (y te prometo que llega).
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•   Construyendo en tu mente lo que quieres que pase. Visualiza lo que quieres con todo lujo de detalles, lo que dirás, lo que te dirán otros, lo que harás, lo que sentirás mientras eso sucede… Puedes hacerlo al levantarte cada mañana durante diez minutos (mientras te duchas y te vistes o desayunas), imaginando cómo será ese día, y repetirlo antes de una situación que te genere ansiedad o miedo.
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•   Confiando en la vida y en que te llevará por los caminos que necesites transitar para ser quien quieras ser. Si esperas lo mejor de ella y de las personas, eso será lo que la vida te regale. En cambio, si esperas algo malo o simplemente miras con temor, con precaución o con negatividad, estarás alejándote de todo lo bueno que pueda pasarte.
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Vanessa Carreño Andrés