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 ERES RESPONSABLE DE LO QUE DICES, NO DE LO QUE LOS DEMÁS INTERPRETEN



Julio 12, 2018, 06:13:10 am
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ERES RESPONSABLE DE LO QUE DICES, NO DE LO QUE LOS DEMÁS INTERPRETEN


Entre lo que piensas,

Lo que quieres decir,

Lo que crees decir,

Lo que dices,

Lo que quieres oír,

Lo que oyes,

Lo que crees entender,

Lo que quieres entender,

Y lo que entiendes…

¡Hay 9 probabilidades de no entenderse!


Armar el rompecabezas de la comunicación puede llegar a ser muy complicado. Algunas veces los demás malinterpretan nuestras palabras e intenciones y otras veces somos nosotros quienes cometemos ese error.

En cualquier caso, los malentendidos forman parte de la experiencia comunicativa y aunque nos esforcemos por ser más claros y precisos, siempre hay un resquicio para la resignificación. Por eso, es importante comprender que somos responsables de lo que decimos, pero no de lo que los demás entiendan.

No cargues con responsabilidades que no te pertenecen

Hay personas que son auténticas especialistas en encontrar intenciones ocultas en las palabras ajenas. Estas personas tiran de un hilo para crear una madeja de confusión hasta terminar responsabilizándote por cosas que realmente no dijiste, hasta el punto que te hacen sentir mal.

Es fundamental que aprendas a detectarlas porque pueden arrastrarte en sus tormentas, atribuyéndote intenciones que no son reales y haciendo que cargues con culpas que no son tuyas.

Cuando necesites comunicar una idea, es importante que transmitas tu mensaje con claridad e intentes solucionar cualquier malentendido pero no puedes asumir la responsabilidad por las interpretaciones de los demás porque estas pueden ser tan variadas como sus experiencias de vida, creencias, expectativas y prejuicios.

A veces las personas solo entienden lo que quieren entender, lo que calza con su visión del mundo. En ese caso, no debes permitir que pongan sobre tu espalda su propio fardo de intenciones porque corres el riesgo de convertirte en el “malo de la película” sin serlo.

Estas personas también pueden aprovecharse atribuyéndote intenciones que en realidad no tenías. De hecho, es una técnica que suelen utilizar los vendedores, cuando asumen que estás dispuesto a comprar aunque en realidad no sea así. El resultado es que puedes terminar comprando o haciéndole un gran favor a alguien solo porque te avergonzaba rectificar y explicar que tu intención original nunca fue esa.

Por eso, no debes permitir que las malas interpretaciones de los demás hagan mella en tu autoestima o te lleven a tomar decisiones con las cuales no te sientas cómodo.

LAS 3 CAUSAS PRINCIPALES DE LAS MALAS INTERPRETACIONES

1. La ilusión de transparencia

La ilusión de la transparencia es la tendencia a pesar que los demás comparten nuestro estado mental. En práctica, sobreestimamos los puntos en común con los otros, creyendo que comparten nuestras opiniones, intenciones y sentimientos. Esa ilusión nos lleva a atribuirles a los demás intenciones, creencias y opiniones que en realidad no son suyas sino una proyección de las nuestras. Sin embargo, en la mayoría de los casos no nos damos cuenta de este fenómeno.

Un experimento realizado en la Universidad de Stanford demostró cómo sobreestimamos ese fenómeno. Los psicólogos les pidieron a los participantes que siguieran el ritmo dando pequeños golpecitos sobre la mesa de dos temas muy conocidos: “Feliz Cumpleaños” y el “Himno Nacional”. Luego debían indicar qué probabilidades existían de que la otra persona identificara el tema.

El 50% de las personas creían que un oyente podría identificar fácilmente la canción pero en la práctica, solo el 2,5% pudo descubrir de qué tema se trataba. Esto se debe a que no tenemos en cuenta que, aunque nosotros vamos tarareando la canción en nuestra mente, la otra persona solo escucha los pequeños golpecitos sobre la mesa.

En otras palabras, valoramos desde nuestra posición, sin ponernos en el lugar del otro. Pensamos que somos “transparentes” y que nuestro interlocutor comprenderá fácilmente nuestras intenciones.

Obviamente, la ilusión de transparencia afecta doblemente la comunicación. Por una parte, hace que no nos expresemos de manera tan clara como pensamos y, por otra parte, puede hacer que atribuyamos a los demás intenciones que en realidad solo existen en nuestra mente.

2. El pensamiento perezoso

Otra de las causas de las malas interpretaciones es lo que podríamos calificar como “pensamiento perezoso”. Básicamente, la persona que escucha nuestro mensaje se encuentra entre dos fuerzas cognitivas que afectan su capacidad para decodificar correctamente nuestras palabras e intenciones.

Existen dos sistemas de procesamiento. El primer sistema procesa la información rápidamente, de forma intuitiva y automática. Según este sistema, cuando vemos a alguien sonreír, simplemente pensamos que esa persona es feliz. Es un sistema muy básico qe utiliza atajos para llegar a conclusiones rápidas sobre la otra persona a partir de pequeños detalles, como las expresiones faciales o el lenguaje corporal. De hecho, es el sistema que nos permite formarnos las primeras impresiones.

El segundo sistema procesa la información de una manera consciente y racional. Este sistema es el encargado de evaluar y actualizar las primeras impresiones, los prejuicios y otros pensamientos impulsivos. Sin embargo, este sistema requiere un mayor esfuerzo cognitivo, es como volver sobre nuestros pasos y a veces demanda reconocer que nos hemos equivocado.

Por supuesto, es mucho más fácil dejarse llevar por las primeras impresiones que poner en marcha el segundo sistema de procesamiento de la información. Por eso, las personas que podríamos llamar “pensadores perezosos” son más propensas a malinterpretar los mensajes de los demás, atribuyéndoles intenciones erróneas. La arrogancia y la rigidez también pueden llevarles a mantenerse en su primera impresión, consolidando así el malentendido.

3. La proyección

La proyección es un mecanismo de defensa según el cual proyectamos nuestros pensamientos, sentimientos o impulsos indeseados sobre otra persona que en realidad no tiene esos pensamientos, sensaciones ni impulsos. Lo que sucede es que no somos capaces de aceptar esa realidad, ya sea porque es demasiado dolorosa o porque provoca una disonancia cognitiva, por lo que simplemente la proyectamos sobre el otro.

Esa es la razón por la que alguien puede decirnos que estamos enfadados cuando en realidad quien está enfadado es él mismo, pero como no desea reconocerlo, proyecta ese enfado sobre nosotros.

Esa persona también puede proyectar sobre nosotros intenciones negativas que le ayuden a reafirmar su propia autoimagen, haciendo que esta sea más valiosa y positiva que la nuestra.

De hecho, la proyección es una de las causas más comunes de los malentendidos en la comunicación pero también es una de las más difíciles de rebatir ya que aceptar nuestros argumentos equivaldría a cambiar algo dentro de ellos mismos. Este mecanismo de defensa suele ser el resultado de la falta de autoconocimiento y la inseguridad personal. Normalmente se aprecia en personas con un pensamiento rígido que no son capaces de aceptar la ambivalencia emocional o cognitiva que todos tenemos.

Por supuesto, también hay muchas otras causas de malentendidos. Por ejemplo, una persona puede ser más susceptible en determinados temas, lo que se conoce como “puntos sensibles”. Quienes tienen una baja autoestima también pueden ser más propensos a malinterpretar las palabras de los demás, así como aquellos que tienen un pensamiento muy rígido.

Sé preciso, vuelve a explicar y si no hay otra alternativa, deja ir

Para resolver el problema de las intenciones en la comunicación, lo más pragmático es esforzarse por ser lo más claros y precisos posibles. No dejes nada al azar esperando que tu interlocutor sea capaz de interpretar adecuadamente las señales que envías porque existen grandes probabilidades de que no sea así, sobre todo si no teneís un profundo vínculo afectivo.

Sentirse entendidos es una necesidad humana, pero solo podemos hacernos responsables de la parte que nos toca. Podemos analizar qué hemos hecho mal e intentar mejorarlo, pero lo que no podemos permitirnos es convertirnos en la diana de los conflictos ajenos ni de sentimientos negativos amparados en interpretaciones erróneas de nuestras palabras.

Autor desconocido