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 DÓNDE ESTABA MI PADRE - 2ª parte



Octubre 02, 2018, 06:36:24 am
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Desconectado Irene Zambrano

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DÓNDE ESTABA MI PADRE - 2ª parte
« en: Octubre 02, 2018, 06:36:24 am »

 
CONSECUENCIAS DE HABER TENIDO UN PADRE AUSENTE

Fuiste una niña con un padre ausente, creciste con esa falta y todo eso, irremediablemente, ha afectado a la construcción de tu personalidad.
Has estado muchos años culpando a tu padre del carácter que tienes hoy.
No se puede negar que sufriste muchísimo debido al comportamiento de tu padre y a las expectativas que cualquier niña tendría al respecto.
Pero ahora eres una mujer, has cambiado, evolucionas (aunque a veces te parezca que no) y luchas cada día por no convertirte en la persona que era tu padre.
El día que tengas hij@s, si aún no los tienes, no permitirás que crezcan con un padre ausente.
El hecho de que hayas crecido sintiendo que tenías un padre ausente, implica consecuencias que probablemente te siguen afectando en el día de hoy:
 
–          Dependencia emocional

A pesar de parecer una mujer independiente y segura, dependes emocionalmente de los demás.  Bien, no se nota, y además te encargas de esconderlo divinamente, pero tú sabes que muchos de tus comportamientos tienen que ver con una dependencia emocional que no llegabas a entender.
Hay ciertos vínculos que sabes que te hacen daño pero que no cortas por el miedo a sentirte sola, y de ese modo te ves metida en relaciones tóxicas de las que no sabes cómo salir.
 
–          Inseguridad

La inseguridad tampoco es algo que se vea en ti a simple vista, pero tú sabes que tus celos y tus desconfianzas tienen que ver con una inseguridad casi patológica que en ocasiones no te deja vivir tranquila.
Se debe al mismo miedo de antes, miedo a sentirte sola o abandonada.
 
–          Desapego afectivo

El hecho de haber crecido junto a un padre ausente hace que no quieras depositar demasiado afecto en nadie para evitar ser traicionada o, lo que es peor, ignorada.
Ya te ha ignorado suficiente tu padre.
 
–          Hostilidad

Estás a la defensiva, esperando el ataque.
Quizá tenías un padre ausente para lo bueno pero en lo malo sí que estaba ahí para machacarte.
 
–          Abuso de poder o dificultad para ejercer tu autoridad

O te comportas como una déspota o no te atreves a abrir la boca para decir lo que piensas.
Es muy probable que fueses una niña asustadiza al principio y que según ibas creciendo, y dándote cuenta de las cosas, empezases a comportarte como tu padre.
 
–          Indisciplina y falta de voluntad

Mientras hay personas que imitan la conducta que tanto criticaban en su padre ausente, otras personas se van al extremo contrario.
Las mujeres que se van al extremo contrario suelen convertirse en personas indisciplinadas e incapaces de tomar decisiones.
 
–          Problemas con la autoridad

Recuerdo haber sido una niña buena, siempre y cuando el viento soplase a mi favor. Si en algún momento algo me parecía injusto, hacia mí o hacia los demás, hacía lo que me daba la real de la gana.
 
–          Falta de autoestima

Si creciste con un padre que te hacía de menos todo el tiempo, que te ignoraba, que incluso se reía de las cosas que eran importantes para ti, tendrás una falta de autoestima importante, por mucho que te empeñes en ocultarla.
 
3 COSAS QUE TE AYUDARÁN A SANAR TUS HERIDAS

Desde el momento en que asumes que tienes traumas infantiles que afectan a tu vida y que una vez que los superes podrás evolucionar mucho mejor,  algo hace “clik” y puedes empezar a buscar respuestas a muchos de tus comportamientos.
Quien no haya tenido traumas infantiles que levante la mano.
¿Nadie en la sala?
Nadie. Eso creía…
Muy pocas personas, al menos que yo conozca, no tienen algún tipo de trauma que arrastran desde la infancia, es muy normal.
Sin embargo, como casi todo en la vida, tiene solución.
Aunque el vacío que te haya dejado la figura de tu padre ausente te haya hecho mucho daño, en tu mano está que el daño cada vez sea menor.
 
1.   INTENTA COMPRENDER

Si tu padre también tuvo un padre ausente y nadie le enseño a manifestar afecto, era muy difícil que él, llegado el momento de convertirse en padre, supiera hacerlo mejor.
Sí, es verdad que si tú estás encontrando herramientas él también podría haberlas buscado, pero por lo que sea no lo hizo.
Él también sufrió por no saber darte afecto, por no saber hacerte feliz, por ser incapaz de abrazarte cuando lo necesitabas.
Si se dio cuenta, que es muy probable que sí, te aseguro que también sufrió por ello.
¿No te ha pasado a ti que a veces te enfadas con alguien, sabes que no llevas razón, y aún así eres incapaz de recular?
Pues también puede ser que el orgullo de tu padre no le permitiera ser de otra manera, aún dándose cuenta que esa no era la mejor manera para ti.
 
2.      VIVE EL PRESENTE
 
El pasado ya no existe, eso es incuestionable.
Vamos a suponer que tu padre sigue siendo un padre ausente, pero que gracias a que tú estás trabajando tus traumas infantiles ahora le comprendes mejor.
Si le comprendes mejor no seguirás culpándole de todos tus males, podrás responsabilizarte de tu vida, mirarle con más amor y conseguir curar tus heridas.
Vive el presente y valora a tu padre por lo que es hoy, con lo que tú sabes ahora que antes no sabías, y sobre todo por tu propia felicidad.
 
3.      BUSCA AYUDA PROFESIONAL
 
Si te das cuenta de que no hay forma de superar ese vacío que dejó tu padre ausente, busca ayuda de profesionales.
A veces, el dolor es tan grande y las heridas son tan profundas que no vale con tener empatía e intentar comprender a tu padre.
Hacer terapia, constelaciones familiares, reforzar tu propia autoestima, son las herramientas más potentes para sanar heridas y conseguir tomar las decisiones que siempre has querido tomar para ser más feliz.
 
 
CONCLUSIONES

He llorado muchísimo a consecuencia de la relación que tenía con mi padre.
No comprendía lo que hacía, cómo pensaba, cómo trataba a sus hijas…Si luego resulta que cuando salía a la calle era bueno y accesible para todo el mundo.
Lo comprendí el día que me di cuenta que me había convertido en él.
¡Me había convertido en mi padre ausente!

–          Tenía dificultad para manifestar mis emociones.
–          Era bastante tiránica, inflexible, estricta.
–          Me creía en posesión de la verdad absoluta.
–          Pensaba que el mundo giraba en torno a mí.
–          Trataba regular a mi familia más cercana y entre algodones a todos los demás.
–          Tenía la autoestima por los suelos, pero como la debilidad no estaba bien vista había que disimular.

Recuerdo a mi ex marido diciéndome: “parece que te has tragado a tu padre”.
Pero cuando te haces consciente de que tienes heridas y pones los remedios necesarios para curarlas, tu mundo cambia.
Cuando empiezas a dar amor a esa persona a la que recriminabas continuamente, a la que rechazabas y con la que peleabas, esa persona cambia, aunque sea solo un poquito.
A ti no te gustaba cómo se comportaba tu padre contigo, a ti no te gustaba que tu padre fuese un padre ausente…
Pues compórtate como te hubiese gustado que se comportasen contigo y verás que poco a poco los cambios se irán produciendo. ¡Garantizado!
¡Cuidado que aquí me pillo los dedos! “Poco a poco los cambios se irán produciendo” no significa que de aquí a una semana tu padre ausente se convierta en el padre amoroso que siempre has echado de menos, eso es poco probable.
Pero ten paciencia, hazlo sobre todo porque así te sientes mejor contigo misma, y ve cosechando los frutos lentamente.
No podemos rebobinar hasta nuestra infancia, ponerle a nuestro padre el “chip de padre amoroso” en el cerebro, y volver a revivir esa etapa de nuestra vida para construir un futuro mejor.
El futuro mejor se construye ahora, en el presente.
Es ahora cuando tienes la posibilidad de sanar las heridas provocadas por tu padre ausente.
Si el rencor es tan grande para no querer saber nada de él, estupendo, es tu decisión, pero eso no significa que te tengas que quedar con el rencor.  Puedes usar el perdón para sanar, aunque no quieres volver a ver a las personas que te hicieron daño.
Pero si crees que es posible reconciliarte con tu pasado para ser más feliz, ¡adelante!, sé valiente y construye relaciones diferentes a la que tenías con tu padre ausente.