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 DÓNDE ESTABA MI PADRE - 1ª parte



Octubre 02, 2018, 06:36:58 am
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Desconectado Irene Zambrano

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DÓNDE ESTABA MI PADRE - 1ª parte
« en: Octubre 02, 2018, 06:36:58 am »
¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE?
Consecuencias de tener un padre ausente
Tania Carrasco Cesteros

Crecer con un padre ausente no significa necesariamente que el padre haya fallecido o que se haya dado a la fuga en algún momento de tu vida.
Un padre ausente es aquel que, aun estando físicamente, no ejerce todas las funciones que como padre podría ejercer para que sus hij@s crezcan emocionalmente sanos.

¿CUÁNTAS VECES TE HAS PREGUNTADO POR QUÉ TE HAS CONVERTIDO EN LA MUJER QUE ERES AHORA?

–          ¿Por qué estás desconectada de tus emociones?

–          ¿Por qué sientes, muchas veces, que tienes un rol demasiado “masculino”?

–          ¿Por qué le guardas tanto rencor a tu padre, si no es tan malo?

–          ¿Por qué tienes la autoestima tan baja y sin embargo pareces tan dura?

–          ¿Por qué es tan importante para ti que ningún hombre te mantenga?

–          ¿Por qué has tenido parejas tan tóxicas?

–          ¿Por qué no eres capaz de quererte lo suficiente y tomar las decisiones que realmente quieres tomar?

Yo también me he hecho esas preguntas y poco a poco he ido consiguiendo mis respuestas.
Si te suena todo lo que te cuento, este artículo es para ti.
 
DESCUBRIENDO AL PADRE AUSENTE

El padre ausente no es sólo el vacío físico de una figura que no tuvimos, en ocasiones, es también alguien que a “aun estando” no supo o no quiso ejercer su rol. Es una ausencia psicológica capaz de originar en la persona diversas heridas emocionales.
Lo que se conoce como el síndrome del padre ausente consiste en percibir a nuestro padre emocionalmente distante e inaccesible.
Tienes que tener en cuenta que voy a hablarte desde mi rol de hija en una familia de madre-padre. Sin embargo, como sabes, cada día aparecen nuevos tipos de familias con otro tipo de problemáticas a resolver. Pero de ese tipo de ejemplos sólo puedo dar mi opinión, no tengo experiencias ahí.
En mi caso, y casi con seguridad en el tuyo, madre y padre constituían el epicentro de la familia.
Aún así, solías sentir que tu padre “no estaba” en los momentos en que necesitabas que estuviese. Tenías un padre ausente, un padre cuya mayor preocupación era traer el sustento a casa y que consideraba que ahí terminaba su verdadera labor.
 
LOS FRUTOS DEL PATRIARCADO

Este tipo de comportamientos que dan lugar a la figura del padre ausente, son frutos del patriarcado.
La figura del padre, del cabeza de familia, incapaz de mostrar sus emociones y afectos, y realmente ocupado en el sustento y la supervivencia económica de las personas que siente a su cargo, se relaciona sobre todo con las generaciones anteriores.
El patriarcado establece un sistema familiar muy estructurado, donde las supuestas diferencias en las capacidades masculinas y femeninas son las que marcan los roles a seguir.
La mamá se queda en casa cuidando de la prole, limpiando, cocinando y estando más accesible en lo emocional, mientras el papá sale a “cazar”.
Otra de las consecuencias del patriarcado en los hombres, es que muchos de ellos tienen tremendas dificultades para conectar con sus emociones.
La típica frase: “los niños no lloran”, sienta las bases de lo que ese niño interpreta que es su papel. El padre ausente fue un niño que tenía que tragarse las emociones para no parecer débil y dedicarse a las cosas de “niños” para no ser cuestionado.
No trato de establecer culpas, de ponerme en plan sexista, ni de hacer ningún tipo de recriminación.
Sólo trato de que entiendas por qué el trato que tuviste con tu padre ha podido afectar a la mujer que eres hoy, del mismo modo que lo que a tu padre le enseñaron de niño trajo consigo lo que tu padre fue después.
 
¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE?

Hablar de familia no es cómodo y suele reavivar heridas que parecían cicatrizadas, sobre todo cuando las heridas de tu padre ausente aún te afectan tanto.
No tengas miedo, volver a mirar tus heridas puede traerte muchas cosas buenas. Así que sigue conmigo

¿CUÁNTAS VECES TE HAS PREGUNTADO DÓNDE ESTABA TU PADRE?

No dónde estaba físicamente, sino:

–          ¿Dónde estaba cuando bailabas en el cole?
–          ¿Dónde estaba cuando había que ir al médico?
–          ¿Dónde estaba cuando sacabas buenas notas y ni se inmutaba?
–          ¿Dónde estaba cuando te dejaba tu novio y llorabas desconsoladamente?
–          ¿Dónde estaba cuando conseguías tu primer trabajo y había que celebrarlo?

Tampoco quiero ser injusta, porque estar estaba en muchas de esas ocasiones, pero no para darte un abrazo, decirte una palabra de consuelo o felicitarte, estaba para:

–          Quitarle importancia a tus logros.
–          Quitarle importancia a tus llantos.
–          Menospreciar tu trabajo.
Podrías contar con los dedos de una mano las veces que tu padre te ha demostrado el afecto que necesitabas, te ha dicho las palabras que querías oír o ha corrido a salvarte.
Todas estas circunstancias han marcado tu vida, te han hecho crecer con un rencor terrible hacia tu padre y aún te duele recordarlo.
“El hecho de crecer junto a una figura paterna que a pesar de estar, es incapaz de aportar plenitud, cariño o reconocimiento, deja corrientes de vacío en el corazón de un niño que está aprendiendo a construir su mundo”.
 
LA OTRA REALIDAD DEL PADRE AUSENTE

Voy a intentar darte otra perspectiva del asunto, que ha sido la que a mí me ha ayudado a sobreponerme a tantas heridas.
Ya sabes que muchas veces la forma en la que interpretamos las cosas no es la realidad. Si te paras a pensar ¿qué es la realidad?,  ¿dónde está?,  ¿quién ve solo la realidad?
Yo siempre consideré que tenía un padre ausente, que mi padre no ejercía la función que tenía que ejercer.
A nivel económico nunca me faltó de nada, tenía mucho más de lo que cualquier niña puede tener. Sin embargo, había muchos momentos (prácticamente todos) en los que pensaba que mi padre tenía que haberse comportado de otra manera.
Fui una niña que acumulé rencor hacia mi padre hasta el límite de la explosión. De hecho, pasé de ser una niña buena que no daba problemas, a convertirme en una tirana que por todo discutía.
El ambiente en casa no era cómodo, si mi padre abría la boca le saltaba a la yugular. Tenía que pagar por su “mal comportamiento”.
Sin embargo, ahora, después de trabajar mucho la relación con mi padre, cuando miro hacia atrás me acuerdo de tantísimas cosas buenas que en su momento era incapaz de ver.
–          Nunca me dio una palmadita en la espalda, pero siempre que su hija tenía alguna actuación (y eso podía ser una media de 5 veces al año), allí estaba él.
–          Jamás me dijo “¡qué buenas notas!, ¡enhorabuena!”, pero me pagó todos los estudios que he querido realizar a lo largo de toda mi vida.
–          Nunca le pareció bien que mi pasión fuese bailar, pero ahí estaba él para llevarme a ver musicales, para pagarme las formaciones y para recorrer cientos de kilómetros para llevarme a maratones, clases de danza y cualquier cosa que quisiera hacer.
–          Le molestaba que te pusieras mala, era un síntoma de debilidad, pero era el primero que te llamaba para preguntarte, a su manera, cómo estabas.