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 EL PODER DE TUS PALABRAS (segunda parte)



Octubre 21, 2011, 05:06:25 am
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Desconectado lucía riaño

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EL PODER DE TUS PALABRAS (segunda parte)
« en: Octubre 21, 2011, 05:06:25 am »

Responsabilízate de lo que dices


Limpia tu lenguaje de tópicos, prejuicios y repeticiones. Haz las palabras tuyas: creativas, emotivas, convincentes, sinceras e inspiradas.

Habla con coherencia

Es importante que seas coherente con lo que dices. Tus actos deben ir en consonancia con tus palabras, pues si no, lo único que conseguirás es confundir a los demás e incluso a ti mismo. La frase que dice: “Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”, es un fiel reflejo de la actitud desconsiderada que muchas veces tomamos, inconscientemente, con los demás. Ocurre que nos conformamos con el pensamiento o la palabra, y no nos atrevemos a pasar a la acción. ¿Pero de qué sirve la teoría si después no nos atrevemos con la práctica? Si decimos una cosa y después hacemos otra muy distinta, solo conseguiremos desconcertar a los demás y mostrarnos en desacuerdo con nosotros mismos. Como ejemplo está el padre que, gritando fuertemente, le dice a su hijo: ¡No grites! Esta actitud, además de absurda, es inútil. Y la imagen que damos cuando somos incoherentes, es de desconfianza y tiene muy poca credibilidad.


Ojo con los significados

Vivimos en un mundo de lenguaje, luego estamos llenos hasta el borde, de palabras. Pero a pesar de utilizar tanto el lenguaje en nuestras vidas, es muy común equivocar los significados de algunos términos. Quizá porque cuando los aprendimos, iban asociados a ejemplos que dijeron nuestros educadores: padres, hermanos, o amigos en un momento dado, y tendemos a creer que siempre es así. Pero no lo es. A veces otorgamos significados a las palabras, dependiendo del momento en cuestión que fueron utilizadas cuando las escuchamos por primera vez, sin tener en cuenta que en ese momento pudo influir un sinfín de cosas diferentes, desde nuestras emociones, hasta las emociones ajenas; el contexto en el que se utilizaron; las razones por las que se utilizaron; e incluso la frase o frases en las que venían integradas las palabras. Por tanto, es primordial que tengamos claro cuál es el significado real de las palabras que utilizamos más a menudo.
Utilizar las palabras adecuadamente es necesario, si quieres conseguir un propósito y para ello, lo mejor es decir directamente y con sinceridad lo que quieres decir, intentando no dejarte influir por el exterior. Has de pensar también, cuando utilizas una determinada palabra, si realmente significa lo que piensas, pues es posible que quien te la enseñara la hubiera mal aprendido. Cabe también la posibilidad de que para ti, una palabra signifique una cosa muy distinta de su significado real. Por ello es importante hablar con sinceridad, intentando no dejarte influir por el exterior y utilizando solo aquellas palabras de las que estemos seguros de saber correctamente su significado. Cuando nos desvinculamos de los automatismos, del "cómo él me dijo y yo le respondí", entramos en un estado de receptividad que deja emerger lo sincero y novedoso del espíritu, la energía creativa que está en nuestro interior y en el de nuestro interlocutor. Nacen palabras y expresiones originales y elocuentes que a menudo nos sorprenden; experimentamos una sensación de serenidad y la irradiamos al otro; utilizamos menos el pronombre yo. Paradójicamente, cuanto más auténticos somos comunicándonos, menos necesidad tenemos de reafirmarnos, de defender opiniones y rebatir ideas: la verdad reina en nuestro interior y se hace transparente. ¿Qué sucede? Que los mensajes ya no parten de una personalidad limitada, siempre orientada a conseguir una finalidad, sino de una individualidad plena que se expresa como tal. Comunicar se convierte entonces en un acto de comunión entre dos o más personas. "Dos llamas se acercan y de repente se funden en una. Ninguna pierde nada, sino que cada una consigue los tesoros de la otra", reflexiona el místico Osho. No hay mayor entendimiento que éste.

Mide las palabras

No dejemos que las palabras nos devoren y recuperemos el control sobre ellas. Hablar por hablar es un mal hábito que alimenta los círculos viciosos de pensamiento, crea confusión (ruido) y nos aleja de la sustancia de la vida. Liberémonos del exceso de calificativos, etiquetas, asociaciones...Son malas hierbas alrededor de un brote: el mensaje puro que quiero comunicar. Comunicar es dejar espacio para que surjan estos mensajes conscientes, elocuentes. Coleridge, gran poeta, dejó 40.000 poemas incompletos y terminó siete. Aprendamos de los poetas a comunicar mucho con las palabras justas.

Las palabras justas

El lenguaje limpio y convincente...
Es... No es...

Sincero Impostado
Libre Tópico
Consciente Mecánico
Elocuente Aburrido
Creativo Repetitivo
Respetuoso Invasor


Cómo influir con tus palabras


Saber qué pretendes conseguir cuando hablas es importante para saber cuál es la mejor forma de hablar en cada momento. Antes de hablar, ¿Te paras a pensar en cuáles son tus propósitos o pretensiones, o simplemente hablas dejándote llevar por lo que sientes? Esto último es bueno a veces, pero otras, es mejor que tengas claro lo que pretendes conseguir. Eliminar lo innecesario y decir solamente lo que crees importante para el resultado que quieres obtener, es una buena forma de hacerlo. Por ejemplo, en una entrevista de trabajo, quizá sea irrelevante que hables de lo que te gusta comer o lo que sueles hacer los fines de semana, pero quizá no lo sea tanto. Todo depende de la actitud de tu interlocutor, de si requiere una mayor o menor confianza por tu parte. Es posible que decir ciertas cosas te convenga para mostrar que tenéis algo en común, o puede que no sea conveniente en absoluto. El primer paso es reflexionar acerca de por qué estamos hablando y cuál es el resultado que pretendemos lograr con nuestra conversación.


Cuidado con el ego


¿Cuál es tu propósito, tener razón o dejar clara tu postura? Es posible que tengas un propósito inconsciente, como salvaguardar tu ego, o quizá, solo estás intentando convencer al otro de que tú eres el único que sabe la verdad. Esto es como estar controlado por tus palabras, en lugar de ser tú quien las controle a ellas.
Todos sentimos emociones negativas: rabia, envidia, celos, etc. Pero al hablar, necesitamos saber expresar bien esas emociones. Una buena forma de hacerlo es, darte tiempo. Dejar que pasen unos minutos e incluso solo unos segundos, antes de hablar, es importante para evitar hacerlo únicamente a través de tus emociones (más aún cuando son negativas) y decir lo que realmente quieres decir.
En las conversaciones que son importantes para ti, es conveniente que elijas qué valores son aquellos a los que estás dando prioridad, con tus palabras: Tener razón, ser sincero, transmitir que comprendes a tu interlocutor, tu enfado, que te identificas con su dolor, etc.


Elige solo buenas palabras

Hay millones de palabras para elegir y sin embargo, a veces elegimos palabras que ensucian nuestro vocabulario y la imagen que damos a los demás. Las críticas, los juicios, los insultos, o cualquier palabra que desprestigie a algo o a alguien, convierten nuestra forma de hablar, en emociones como el resentimiento, el rencor y la rabia, y son siempre el reflejo de nuestro estado. Porque los demás las usen a menudo, nosotros no estamos obligados a hacerlo también. Usar tus palabras para hacer el bien, en lugar de juzgar o criticar, es una elección personal, pero recuerda que influye directamente en que obtengas unos resultados positivos. Elegir sólo buenas palabras, te limpia de pensamientos y sentimientos nocivos y hablar siempre para hacer el bien, es la mejor forma de conseguir un resultado óptimo. También es importante que te esfuerces en hablar siempre de forma optimista, pues todo el mundo quiere escuchar a una persona que cree, que todo lo bueno es posible. Las quejas y la negatividad, expresados en palabras, son por el contrario rehuidas por los demás pues nadie quiere escucharlas, sobre todo cuando ya forman parte de un círculo vicioso de actitud, en la que entran las personas que suelen expresarse negativamente.

Pautas para usar bien tus palabras:


. Piensa siempre en qué pretendes conseguir, antes de tomar parte en una conversación. Esto es importante incluso si tu propósito es pasar un buen rato, pues para pasarlo bien con los amigos, no es necesario llevar siempre la razón.
. Esfuérzate en hablar con propiedad. Entiende que las palabras tienen un significado que no puedes cambiar a tu antojo, aunque también has de tener en cuenta que muchas veces, el significado puede variar un poco, dependiendo del contexto.
. Utiliza tus palabras con el propósito de avanzar. No sólo aprendemos al escuchar las palabras de otro. A través de tus propias palabras, puedes aprender mucho de ti mismo y de cuál es tu actitud ante la vida.
. Esfuérzate en elegir tus palabras. Elige sólo palabras buenas y positivas, con las que demuestres tolerancia y respeto. Evita las palabras negativas o que puedan hacer daño, pues sólo sirven para desprestigiar a los demás y sobre todo, a ti mismo.
. Mantén una actitud abierta con tus palabras. Ábrete al aprendizaje de nuevas palabras y practica a usarlas adecuadamente para ampliar tu vocabulario. Tener un vocabulario extenso te capacita y te da la libertad de expresarte mucho mejor y más acertadamente.
. Recuerda: “Lo bueno si breve, dos veces bueno”. Calderón tenía razón con esta frase. Es mejor no hablar por hablar, sino hablar diciendo lo que realmente quieres decir. No uses muchas palabras ni te repitas para acabar por decir lo mismo de múltiples maneras. Mejor, utiliza la palabra adecuada para lo que deseas decir en cada momento.
. Sé coherente con lo que dices. Si dices una cosa y después no actúas en consecuencia, perderás toda credibilidad ante los demás y tus palabras dejarán de ser tomadas en cuenta.
. No olvides que tus palabras forman parte de ti. Son tu carta de presentación al mundo. No serás reconocido sólo por tus actos, sino también por tus palabras. Da un buen ejemplo a los demás, hablando bien.


Mar Cantero Sánchez
Escritora y Coach Creativa
Autora de "Escribe para ser feliz" y "La viajera de la felicidad"



 

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