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 LAS TRES PREGUNTAS - 2ª parte -(Jorge Bucay)



Abril 18, 2012, 05:52:22 am
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LAS TRES PREGUNTAS - 2ª parte -(Jorge Bucay)
« en: Abril 18, 2012, 05:52:22 am »
Cuando le conocí me acerqué a felicitarlo, porque, de verdad, me parecía que el trabajo que hacía era realmente impresionante. No podía yo entender cómo él se daba cuenta del dibujo que tenía que hacer para poder lograr este efecto. Entonces, él me dijo: "Bueno, si les gusta -yo estaba con unos amigos-, si les gusta vengan mañana y mañana voy hacer algo especial". Entonces, al día siguiente, a las nueve de la mañana, lo encontramos a él y él había traído esta especie de detector de metales, que era un falso de detector de metales; era una especie de lata de dulce puesta sobre un palo. Entonces, él dice: "Vamos a buscar un tesoro aquí, así que saquen la primera foto para que se acuerden cómo estaba todo antes de empezar". Y entonces, él empezó a pasar su presunto detector de metales hasta que de repente algo hizo sonar "¡pi!, !pi!". "¡Oh! Parece que hemos encontrado algo; ahora siéntense un poquito que yo voy a dibujar y después que dibujo un ratito hacemos la segunda foto." Entonces, nos sentamos y él dibujó un ratito; y luego un ratito dijo: "Bueno, pónganse aquí y hagan la segunda foto". Es un dibujo y la genialidad de él para saber darle el efecto de que hay verdaderamente un agujero. "Si se sientan, dibujo un ratito más y hacemos la tercera foto." Y nosotros nos sentamos y él hizo la tercera foto. No hay ningún agujero de nada; es solamente un dibujo en el suelo, es la falsa perspectiva del lugar donde estamos lo que da la sensación. La gente que pasaba miraba sorprendida qué estaba pasando, sobre todo, los que no habían estado en toda la gestión de lo que había pasado con los dibujos.

Dijo: "Ahora sí que estamos cerca, el detector de metales me dice que estamos cerca; así que esperen un poquito porque vamos a sacar la cuarta foto". Y entonces, nos hizo sentar y dibujó un ratito, y luego, después de dibujar un ratito, se arrodilló en el suelo y nos dijo: "Saquen la foto". Y la foto es ésta. El efecto de que él está metido dentro de un pozo es, por supuesto, un efecto; él está arrodillado y todo lo que se ve ahí es un dibujo, salvo el famoso detector de metales, que no es tal. La niña que está allí le está diciendo "¿qué hace ese señor arrodillado ahí?" Y la madre le dice, "no sé; debe ser un loco que hace cosas raras". Y dijo: "Bueno, ahora sí que llegamos al tesoro; esperen que dibuje un poquito y hacemos la quinta y última foto". Y esta es la última foto. No hay nada más que un dibujo en el suelo y, sin embargo, la sensación de profundidad, la sensación de que hay un agujero en el suelo y que hay tierra amontonada es verdaderamente impactante.

A mí me parece asombroso que él pueda hacer estos dibujos y que él pueda darse cuenta de cuál es el efecto que van a tener los dibujos que hace. Pero si en esta misma historia que vemos aquí de este mundo dibujado por él, en lugar de conformarse con lo que uno ve, uno trepa por la escalera que está allí a la derecha de ustedes, a sacar la foto desde otro ángulo, uno ve cuál es verdaderamente el dibujo, el verdadero dibujo; pero visto desde el lugar dónde él dice que hay que verlo, esto es lo que se ve. Y esto es impresionante también si uno, por ejemplo, este dibujo, y también, es impresionante saber cómo él viene, se saca la ropa, se pone un bañador, posa para la foto cada vez que se lo piden a esta supuesta bañista.

Cuando yo estaba en esta fotografía que él hace varias veces en varios lugares, yo tenía muchas ganas de ver el otro efecto, la otra cara, qué pasaría si uno saca la fotografía desde el otro lugar; no desde el lugar donde está sacada, sino desde enfrente. Entonces, fui a hacer la foto desde en frente; él se enojaba mucho porque no le gusta que saquen fotos desde otro lugar, pero yo necesitaba tenerla porque necesitaba saber cuál era lo que él realmente dibujaba, porque era imposible de verlo. Aquí está, éste es el dibujo verdadero de Julián Viver que él puede pesquisar, que va a dar la obra de arte que después uno ve cuando lo ve desde el lugar inadecuado. Y un día caminando por Madrid me encuentro esto, a mí me hizo acordar mucho a los dibujos de Julián Viver. Cuando vi esto desde el lugar indicado esto es lo que se veía y lo notable de todo esto es que el perro de la derecha es un perro verdadero, el de la izquierda no, pero el de la derecha, sí. Y a pesar de que todo está absolutamente incorporado a la obra, porque está puesto allí, para que uno tome la fotografía desde el lugar donde está tomada la fotografía. Este señor que hizo esta obra se llama "Eduardo Reglero", que es un compatriota mío -es argentino-, y hace también este tipo de cosas.

Julián Viver y Eduardo Reglero, que hacen obras de arte que sólo pueden apreciarse si uno los ve desde el lugar adecuado, porque si uno no las ve desde el lugar adecuado no puede apreciarse la obra de arte. ¿Por qué traigo esto hoy? Porque en este camino de descubrir quién uno es, uno tiene que darse cuenta que cada uno de nosotros es una obra de arte, cada uno de vosotros es una obra de arte, y si ustedes no lo saben es porque no se está mirando desde el lugar adecuado. Y si ustedes no son capaces de ver una obra de arte en sus hijos, en sus parejas, en sus padres, en sus amigos; si alguien en el mundo que ustedes no pueden ver como una obra de arte es porque no se están poniendo a verlos desde el lugar indicado.

Entonces, qué bueno sería aprender a mirarse desde el lugar indicado, para descubrir la obra de arte que uno es. Y si uno no lo sabe, hay alguien en el mundo -si no te lo encontraste todavía te lo vas a encontrar- que te mira con esos ojos que se mira una obra de arte y que sabe que tú eres una obra de arte. Pregúntale a él desde dónde te mira. Para aquellos que como yo hemos tenido la suerte de nacer en una casa donde mis padres se amaban entre sí, nos querían mucho a nosotros, nos miraban a mi hermano y a mí como obras de arte, era fácil, porque bastaba con pegarse al lugar desde donde ellos te miraban para darte cuenta que había una obra de arte en uno. Para los que no han tenido esa suerte, no está todo perdido; habrá que buscar en el mundo, porque hace falta alguien, por lo menos alguien, que alguna vez te mire con esa cara, que alguien descubra alguna vez y te diga alguna vez que eres valioso. Porque eres único, porque eres irrepetible y porque hay en ti una obra de arte; mirar desde el lugar que esa persona te mira y el día que lo sepas y el día que lo sepas podrás decirle a los demás que son obras de arte y podrás asumir que lo eres también y podrás saber que el que no te ve así es porque no te está mirando desde el lugar correcto.

Ésta es la primera pregunta que hay que contestarse; el primer espacio el de saber quién soy. Porque solamente por allí uno puede empezar este camino a estas preguntas, que en última instancia lo último que persiguen es cada uno se vuelva cada vez más sabio porque me parece que éste es el desafío, me parece que el desafío es volverse cada vez más sabio. Yo he dicho, he escuchado y he repetido muchas veces que el objetivo fundamental en la vida era ser felices, y después he dicho y he repetido, que era también ayudar a otros a que sean felices; y después he sumado y he aceptado la idea que muchos dicen y que creo cierta que nuestra tarea fundamental es dejar el mundo cuando nos vayamos mejor de lo que lo encontramos. Y no está mal. Esos y cualquiera otros objetivos importantes, me parece a mí, ser felices, ayudar a otros a que sean felices y mejorar el mundo en el que nos encontramos y, sin embargo, creo que si trabajamos para ser más sabios nos será cada vez más sencillos ser felices.

Ésta es la primera pregunta que hay que contestarse; el primer espacio el de saber quién soy. Porque solamente por allí uno puede empezar este camino a estas preguntas, que en última instancia lo último que persiguen es cada uno se vuelva cada vez más sabio porque me parece que este es el desafío, me parece que el desafío es volverse cada vez más sabio. Yo he dicho, he escuchado y he repetido muchas veces que el objetivo fundamental en la vida era ser felices, y después he dicho y he repetido, que era también ayudar a otros a que sean felices; y después he sumado y he aceptado la idea que muchos dicen y que creo cierta que nuestra tarea fundamental es dejar el mundo cuando nos vayamos mejor de lo que lo encontramos. Y no está mal. Esos y cualquiera otros objetivos importantes, me parece a mí, ser felices, ayudar a otros a que sean felices y mejorar el mundo en el que nos encontramos y, sin embargo, creo que si trabajamos para ser más sabios nos será cada vez más sencillos ser felices.

Tendremos más habilidad para ayudar a otros a que lo sean y tendremos más posibilidades de cambiar el mundo en el que vivimos para mejorarlo. Por lo tanto, por qué no trabajar para hacer la tarea lo mejor posible, por qué no trabajar para volvernos cada vez más sabios. Y la única manera para volvernos cada vez más sabios, es saber de dónde partimos; y la única manera de saber de dónde partimos es preguntarnos quiénes somos. Y, sobre todo, digo yo, dejar de hacer esto que hacemos, tratando de ser lo que no somos, porque esta sí que es una tarea no sólo estúpida sino además enfermiza; este esfuerzo que hacemos para tratar de ser lo que no somos. Porque nos parece que sólo seríamos obras de arte si nos parecemos a alguna otra obra de arte, nos parece, creemos, nos engañamos, creyendo que tenemos que parecernos a alguien, o ser como alguien para poder ser lo mejor que podemos ser, cuando en realidad es todo lo contrario: lo mejor que podemos ser es lo que somos. No hay ninguna duda de esto.

Yo cuento cuentos desde hace mucho tiempo y los cuento porque me parece a mí que en los cuentos está puesto todo lo que de alguna manera nos identifica para podernos darnos cuenta de algunas cosas. Pero, por supuesto, siempre una película, un libro o una pintura, a veces nos hace sentir cosas y nos emocionan hasta el punto tal. En el mundo en el que vivimos se ha desarrollado un nuevo tipo de factor de identificación donde podemos vernos, donde podemos retratarnos; son las publicidades. La publicidad está hecha en el sentido de buscar que nos identifiquemos con ellas, porque esta es la manera de vendernos algún producto. Identificarnos con la publicidad, entonces.

He encontrado en algunas publicidades algunos rasgos de cosas que nos ayudan a vernos mejor; que nos retratan a veces hasta el nivel de reírnos de nosotros mismos, que es por otra parte lo mejor que nos podría pasar. Muestra una publicidad de Atún de Tailandia. Y me sirve a mí para decir ¿hasta cuándo vamos a vivir aguantando el aire para que no se note que estamos más gordos?, ¿hasta cuándo vamos a usar esos tacos incómodos de 10 ó 12 centímetros para que no se vea que somos bajitos?, ¿hasta cuándo vamos a hacer el esfuerzo de decir cosas inteligentes para que nadie se dé cuenta de que también a veces somos bastante tontos?, ¿hasta cuándo vamos a tratar de ser lo que no somos vulnerando, violando, maltratando la obra de arte de la que hablábamos antes?

Ése no es el camino; el camino es ser quien uno es; el camino es ser auténticamente quien uno es y, por supuesto, si uno es quien es se va a equivocar; si uno no copia, se va a equivocar, y sobre todo, se va a equivocar la primera vez de cada cosa. Porque solamente se aprende de los errores, y si solamente se aprende de los errores equivocarse es el pasaporte para el aprendizaje.

Yo les decía a mis hijos todo el tiempo, cuando ellos venían diciendo que lo habían hecho mal, yo les decía todo el tiempo. Ellos me decían que lo habían hecho mal y yo les decía: "¡qué bien que lo has hecho mal!". Y entonces, cuando un día vino mi hijo contento porque había sacado un 10, yo le decía: "es bueno, pero qué pena ¿no?". Me decía: "¿qué pena? ¿Por qué?". "Porque ahora de esto no vas aprender más nada"; y él me decía: "estás totalmente loco tú", y yo decía: "sí, pero es verdad lo que te digo". Y me parece a mí que si uno pudiera premiar los errores, si uno pudiera darse cuenta de que los errores son buenos para nosotros, si uno pudiera darse cuenta que cuando uno hace algo, lo hace por primera vez y lo hace bien, no aprendió nada, porque ya lo sabía; que solamente puede aprender cuando se equivoca, cuando lo hace mal; y que ahí está la llave de nuestro aprendizaje y que, entonces, en lugar de hacer esta estupidez de enojarse con uno mismo cuando se equivoca, uno tendría que ser un poquito más benévolo cuando se equivoca, un poquito más benévolo con uno mismo.

Porque esta cosa de que uno se equivoca y dice: "¡pero cómo me equivoqué!, ¡pero qué barbaridad!, ¡cómo puede ser que me haya equivocado!" es una maldad para con uno. En realidad uno podría decir, "pero, Jorgito, qué pasó que te equivocaste; bueno, a ver si aprendes ¡eh! para la próxima vez". ¡Qué bueno sería aprender a tratarse bien!, porque nadie nace sabiendo nada, ni siquiera uno nace sabiendo cómo se es padre; y los que son hijos primogénitos saben lo mucho que se equivocan los padres primerizos. Nosotros, los que hemos venido después, tenemos mucha ventaja, porque algunos de los peores errores lo han hecho con nuestros hermanos y nosotros cosechamos alguna ventaja de esto. Los que son hijos únicos lo tienen muy mal, porque éstos siempre son los objetivos de los errores, pero, fíjense, lo que puede pasar con un padre primerizo sólo por no saber.


(Jorge Bucay)