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 MECANISMOS DE DEFENSA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES (segunda parte)



Abril 22, 2012, 07:38:51 am
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La presencia de la fantasía durante la niñez es señal de normalidad, también cuando hablamos de fantasía como MD. Lo patológico en cambio sería no dar muestras de esta capacidad. El juego es una de las vías por las que los niños desarrollan su fantasía, pero también pueden emplearla a modo de ensoñaciones y con fines defensivos. Algunos niños, por ejemplo, llegan a crear amigos imaginarios para compensar la insatisfacción en sus relaciones familiares o sociales. Sigmund Freud hablaba también de la “novela familiar” como mecanismo bastante común en los niños, consistente en imaginar que uno o los dos padres son personas muy importantes mientras que los considerados como tales son sustitutos o impostores. Se trataría de una defensa para apuntalar la autoestima del niño en los momentos críticos y proteger las relaciones padre-hijo cuando existe un desengaño por parte de éste con sus padres.

Según Anna Freud los niños también emplean este mecanismo comúnmente solapándolo al de desplazamiento. Más concretamente se refería a que los niños suelen tener muchas fantasías sobre animales que en realidad representan fantasías relacionadas con su propia familia. La autora ponía como ejemplo el caso de un niño de siete años que tenía la fantasía de ser el amo de un león manso, que asustaba a todos los demás pero era dócil y cariñoso con él. Más tarde, durante su análisis, se dio cuenta de que el león era en realidad su padre, al que el niño quería pero también temía.

La anulación retroactiva es también un mecanismo que se considera completamente normal en los niños pequeños pero suele asociarse a patología en adultos. Creer que una acción mágicamente puede usarse para deshacer otra es algo característico en la etapa del pensamiento mágico de los niños. En adultos, en cambio, este tipo de acciones suele estar más relacionado con trastornos obsesivo-compulsivos, sobre todo si se realizan con mucha frecuencia e intensidad.

La proyección es otro mecanismo típico de los niños pequeños. Anna Freud decía que “el empleo de la proyección es inherente al yo del niño pequeño en la más temprana infancia. Lo utiliza para repudiar sus propios deseos y actividades que devienen peligrosos, lo cual permítele encontrar un autor responsable en el mundo exterior”.

Por último, es muy frecuente que los niños manifiesten sus conflictos psicológicos a través de la somatización. Resulta de gran importancia ya que sirve para avisar de que existe un conflicto interno en el niño cuando éste aún no es capaz de poner en palabras lo que le pasa. No es exclusivo de la infancia ya que se trata de un mecanismo que se observa habitualmente, en mayor o menor medida, en personas de todas las edades, si bien es verdad que a lo largo del desarrollo se produce un proceso de de-somatización. El niño tiende a reaccionar ante los conflictos con síntomas corporales (un ejemplo típico sería vomitar como manifestación de ansiedad) y a medida que va alcanzando la maduración de su pensamiento y lenguaje va reemplazando estos síntomas por otros de carácter psíquico.

Mecanismos de defensa típicos en adolescentes

La fantasía es bastante frecuente durante la adolescencia. Suele manifestarse a través de ensoñaciones diurnas y suele perseguir compensar las insatisfacciones y la sensación de inseguridad en las relaciones sociales o amorosas, en el rendimiento académico, etc. En general las relaciones interpersonales suelen ser las protagonistas de estas ensoñaciones, sobre todo las referentes al sexo opuesto. Además los adolescentes utilizan la fantasía para ensayar conductas y acontecimientos futuros, lo que les permite adaptarse mejor a las circunstancias posteriormente.

La idealización es también muy frecuente, sea de determinados adultos, compañeros o personajes importantes como estrellas de la canción o el cine. Como MD, la idealización consiste en considerar a una persona, grupo o institución como perfecta, sin tener en cuenta los aspectos que no concuerdan con esta imagen. Las cualidades positivas se sobreestiman y las negativas se ignoran, aunque en realidad se trata de idealizaciones poco consistentes y que cambian con facilidad. Este mecanismo ejerce dos funciones importantes para el adolescente: conduce a un aumento de la motivación para alcanzar determinados objetivos y ayuda a des-idealizar y separarse de los padres.

Otro mecanismo que aumenta durante la adolescencia y que además se relaciona mucho con el anterior es el de la identificación. Se asimilan características de otro y se busca ser semejante a él ante un conflicto que amenaza a la autoestima para disminuir así la ansiedad experimentada. Como consecuencia, el adolescente suele transformarse total o parcialmente y llegar a una semejanza con el modelo. Este mecanismo tiene su función adaptativa en que aumenta la autoestima y minimiza los sentimientos de impotencia. Algunos autores lo consideran equivalente a la introyección debido a su parecido.

Al alcanzar la capacidad del pensamiento abstracto, aparecen en el adolescente con mucha fuerza dos nuevos mecanismos: la racionalización y la intelectualización. El primero suelen emplearlo habitualmente para justificarse cuando obtienen un rendimiento académico bajo o inferior a lo esperado, utilizando frases como “el examen me ha salido mal porque el fin de semana tenía que jugar un partido de fútbol y no he tenido tiempo para estudiar”. La intelectualización suele manifestarse cuando el adolescente pasa por situaciones que le producen ansiedad y opta por evadirse refugiándose en los libros. Anna Freud, relacionó este mecanismo con el de la fantasía pues creía que “el intelectualismo del adolescente no parece tener otra mira que la de contribuir a los ensueños diurnos”. Además observó que los temas que solían ocupar el interés intelectual del adolescente solían coincidir con aquellos que generaban el conflicto del cual defenderse.

CÓMO TRABAJAR EN TERAPIA LOS MECANISMOS DE DEFENSA CON NIÑOS Y ADOLESCENTES

Identificar y comprender las defensas es importante, porque su presencia nos indica que el sujeto está en una situación emocional dolorosa o desagradable y que está empleando mecanismos para afrontarla. De esta forma nos ayuda a saber que necesita un apoyo. Es importante a su vez reconocer si los MD empleados son adaptativos o patológicos, ya que si fueran éstos últimos habría que intervenir para cambiarlos por estrategias de afrontamiento nuevas.

Sin embargo reconocer los MD no resulta demasiado fácil. Además de la dificultad que supone que no sean conductas directamente observables, existe el riesgo de que al suponer determinado mecanismo en un paciente estemos nosotros mismos realizando proyecciones. Por eso, para identificar y concretar los MD de una persona hace falta tiempo, experiencia y muchas observaciones.

Evaluación

Como los mecanismos no son directamente observables, para identificarlos hay que analizar las conductas a través de las cuales se manifiestan. Para detectar la presencia de un MD tras una conducta concreta se pueden tener en cuenta los siguientes criterios (Pallarés, 2008). En primer lugar, la conducta suele ser rígida, exagerada y carente de espontaneidad. El sujeto tiene poco control sobre ella y además se observa un aumento de la ansiedad cuando se le impide llevarla a cabo. Finalmente, suele haber una falta de coherencia entre la comunicación verbal y la no verbal.

En las últimas décadas se han desarrollado diferentes técnicas para evaluar los MD, aunque prácticamente todas ellas generan mayor o menor controversia. Se han publicado pruebas de autoinforme, escalas de observación… aunque las técnicas que más tienden a usarse, especialmente en niños, son las proyectivas. Como su propio nombre indica, son pruebas en las que el sujeto vuelca sus proyecciones, de forma que éstas pueden observarse y analizarse.

Por otra parte, en el caso de la somatización, es necesaria una evaluación médica para descartar las posibles causas orgánicas. Sólo si no se encuentran causas médicas se puede concluir que los síntomas responden a un MD ante algún tipo de conflicto interno.

Test proyectivos temáticos

Estas pruebas consisten en una serie de láminas con imágenes de diferentes escenas, que se le presentan al paciente para que interprete lo que ve. El más utilizado en niños es el CAT (TAT para jóvenes y adultos). Otros test proyectivos temáticos son el “Pata Negra” y el “Test de Relaciones Objetales” (TRO).

El dibujo

En el dibujo, a diferencia de otras técnicas proyectivas, no hay nada dado previamente para estructurar, por lo que las proyecciones y el material aportado por el niño son mayores. El dibujo es siempre portador de contenido proyectivo, ya que en él se expresan la vida afectiva, los conflictos con el entorno y la personalidad, incluyendo contenidos inconscientes.

Al ser el propio niño o adolescente el creador de sus dibujos, puede reproducir en ellos la realidad de la forma que él quiera para que le resulte menos dolorosa. Tenderá a suprimir, cambiar o deformar aquellos aspectos que le generen ansiedad. Por tanto, además de la proyección, puede volcar en el dibujo otros muchos MD.

La negación suele aparecer en el dibujo cuando el niño decide hacer desaparecer de él la fuente de ansiedad. Por ejemplo, un niño que tiene un conflicto con su hermano puede no representar a éste en el dibujo de la familia. Este mismo niño podría haber respondido dibujando a su hermano mucho más pequeño de lo que es en realidad o sustituyéndolo por un personaje o animal cómico, lo cual manifestaría un mecanismo de desvalorización.

Otro mecanismo muy frecuente en los dibujos es el desplazamiento, aunque tiene el inconveniente de que para ser observado hay que interpretarlo primero adecuadamente. Un tipo de dibujo en el que el desplazamiento suele tener un gran protagonismo es el test del animal, en el que el niño suele dibujar uno o más animales que en realidad tienden a ser representaciones de él mismo y otros miembros de su familia.

La regresión puede aparecer también en el dibujo. Un ejemplo de esto sería que un adolescente se dibujara a sí mismo como a un niño de siete años en un dibujo de la familia, o que un niño se dibujara como un bebé.

También las defensas descritas por Melanie Klein pueden observarse en los dibujos. La desintegración se manifiesta con objetos desestructurados, desmembrados… y en su forma más grave cuando el autor del dibujo dice no reconocerlo como propio y lo rompe. La identificación proyectiva suele observarse en contenidos escatológicos y siniestros empleados para agredir al terapeuta. La escisión se manifiesta alejando los objetos conflictivos, por ejemplo alejando en el dibujo familiar a su hermano de él, y la idealización al dibujar una persona más grande, centrada y adornada que al resto, por ejemplo a la madre con respecto al resto de la familia. También puede ser que el niño se identifique en el dibujo con un superhéroe. Las defensas maníacas se observan cuando se intenta adornar en exceso para compensar los aspectos negativos. Un ejemplo de esto puede ser una adolescente deprimida que cubre el dibujo de la figura humana de colores y adornos de forma poco natural y forzada. Por último, el control obsesivo suele aparecer en muchos dibujos en los que el autor ha empleado mucho tiempo para hacer todas las líneas rectas, mantener en todo momento la simetría y no olvidar ningún detalle.

Las principales pruebas de dibujo que suelen emplearse son el Test de la Figura Humana, el HTP, el test del animal y el dibujo de la familia, aunque también puede utilizarse el dibujo libre como material diagnóstico. Si lo que se quiere es evaluar concretamente los MD que emplea la persona, puede usarse cualquiera de ellos, aunque podría ser más indicado el Test de la persona bajo la lluvia. Este test suele pasarse a personas de todas las edades, incluso en entrevistas de trabajo, y su objetivo es analizar precisamente cómo reacciona la persona ante situaciones estresantes.

Intervención

Debido a la función adaptativa que tienen los MD, es necesaria mucha cautela a la hora de desmontarlos. Si los mecanismos son positivos y no generan síntomas, en mi opinión lo más prudente es dejarlos estar. Pero si las defensas resultan ser patógenas, conviene señalarlas y sustituirlas por estrategias más adaptativas. Sin embargo, despojar a la persona de su defensa puede causarle un gran dolor y angustia, ya que se le está quitando el mecanismo que le protege ante estos sentimientos. Por este motivo hay que ir muy despacio y no señalarle las defensas hasta que esté preparada para ello.

Anna Freud decía que los MD en los niños suelen ser originados por angustias reales u objetivas. Por tanto, señaló que una vez desenmascarada la defensa durante la terapia, es importante intervenir en el entorno del niño para que esa fuente de angustia desaparezca. En este sentido son muy importantes las sesiones con los padres. Por otro lado, cuando la angustia del niño se debe a un acontecimiento que ya pasó, es importante hacerle a él consciente de que realmente se trata de algo pasado y no tiene sentido mantener las defensas.

Intervención específica en algunos mecanismos

A continuación se muestran algunas ideas sobre cómo se puede intervenir en algunos de los MD más típicos en la infancia y adolescencia para cambiarlos por estrategias más adaptativas.

Idealización. Aunque se trata de un mecanismo normal en niños y adolescentes, cuando se percibe excesivo se puede intervenir para ayudarle a realizar adecuadamente el paso a la des-idealización. Un procedimiento adecuado puede ser combinar la idealización global y la exactitud en lo específico (Pallarés, 2008). Es decir, se trata de considerar muy positivamente a la persona/objeto, idealizándola de forma global, pero ser exacto en sus aspectos concretos, sin idealizarlos y teniendo en cuenta tanto los rasgos positivos como los negativos. Así se puede amar a la persona/objeto real y no a la idealización que de ella se ha hecho.

Fantasía. Al igual que el anterior, si es excesiva hay que moderar las ensoñaciones, pero nunca eliminarlas. Para ello es necesario que quede clara siempre la diferencia entre fantasía y realidad y evitar que se separen mucho de ésta última.

Represión. La represión se libera al recordar las escenas que han quedado en el inconsciente. Existe cierta controversia con respecto a esto porque en algunas ocasiones se han generado a través de la sugestión falsos recuerdos en los pacientes, especialmente sobre abusos en la infancia. Freud ya observó este problema con la técnica de la hipnosis, por lo que dejó de emplearla con sus pacientes para usar la asociación libre. Una técnica muy empleada en la actualidad para recuperar recuerdos inconscientes es el EMDR. Se aplica tanto a niños y adolescentes como a adultos y tras un intenso estudio científico ha demostrado ser bastante eficaz.

Introyección. Se le puede ayudar a darse cuenta de su material introyectado a través de la estimulación de la agresividad y la crítica.

Proyección. Existen muchas técnicas para que la persona se reapropie de lo que ha proyectado. Los dibujos son muy útiles ya que, además de emplearse en la evaluación, pueden utilizarse como material de intervención, ayudando a los niños o adolescentes a reconocer en ellos todas sus proyecciones. También pueden usarse juegos de inversión de frases y roles. Un ejemplo de este tipo de juegos es la siguiente técnica grupal. Cuando un miembro del grupo le dice a otro, por ejemplo, que no puede confiar en él, se le pide que le explique los motivos por los que siente eso. Después tiene que repetir lo que ha dicho pero en primera persona, y si realmente se trataba de una proyección se dará cuenta.

Confluencia. Hay que deshacer la fusión de los límites y ayudarle a ver las diferencias entre él y la otra persona con la que está en confluencia, pero sin que se sienta culpable.

Somatización. Los síntomas psicosomáticos son una alternativa que el cuerpo utiliza para expresar emociones que están bloqueadas, en el caso de los niños pequeños porque no saben ponerlas en palabras y más adelante porque resulta doloroso o vergonzoso hacerlo. La expresión artística supone otra alternativa no verbal muy efectiva y beneficiosa. Podemos pedirle al paciente que exprese a través del dibujo cómo se siente ante determinada situación que veamos que le está causando malestar, o pedirle que dibuje una emoción concreta si ya la tenemos identificada. De esta forma se expresa y se libera la emoción, y como consecuencia el síntoma físico desaparece o disminuye. Sin embargo, tal y como afirma Ganim (2006), es importante recordar que liberar el dolor no resuelve el problema que lo ha originado, aunque nos ayuda a sentirnos mejor físicamente. Otra forma de trabajar con este mecanismo es el “diálogo con el síntoma” (Stevens, 1971). El paciente cierra los ojos, piensa en su síntoma, y con la ayuda de las preguntas que el terapeuta le va haciendo lo describe para acabar poniéndose en su lugar y hablando de él en primera persona. El objetivo es que el paciente descubra qué es lo que el síntoma le quiere decir y que le responda. Con adolescentes se puede realizar la técnica de esta forma, pero para niños pequeños resulta complejo. Una opción para esta población sería pedirle que haga un dibujo de su síntoma y ayudarle a que converse con él de forma más sencilla.

Reconversión creativa de los mecanismos

Desde la Gestalt, se propone la reconversión creativa de los mecanismos como método de intervención. A continuación se muestran dos formas de reconversión, basadas en la paradoja (Peñarrubia, 1998).

Movilizar la energía entre opuestos.

Al considerar los mecanismos como patologías del contacto o de la retirada, resulta eficaz dirigir la energía de un mecanismo concreto hacia su patología opuesta a través de un trabajo de polaridades. Aunque pueda parecer carecer de sentido el cambiar un MD por otro, lo cierto es que el hecho de movilizar la energía de un lado a otro resulta terapéutico, ya que desbloquea y aporta flexibilidad.

Dos mecanismos considerados polares son la introyección y la proyección y por tanto pueden trabajarse de esta forma. Así, discriminar entre introyectos y aquellos valores propios, ayuda a reincorporar lo proyectado. También se consideran complementarias la retroflexión y la confluencia y se utilizan como polaridades para el trabajo terapéutico, ya que al retroflector le viene muy bien aprender a confluir y viceversa. La proyección y la retroflexión no se consideran opuestas ya que ambas son patologías de la retirada, pero resulta beneficioso trabajar con ellas de esta forma. Si exploramos el propio juez interior (retroflexión) podemos detectar que muchos de sus reproches son en realidad quejas que habría que expresar para afuera, y si logramos expresarlos en esa dirección, se desbloquea la energía y se facilita la reconciliación interna. Por último, otra pareja de mecanismos con la que se puede intervenir son la confluencia y la introyección, ya que su disolución es similar: discriminar y asimilar para la introyección, y diferenciar e individualizar para la confluencia.

Aprovechar la estructura del mecanismo.

Este abordaje consiste en rescatar el aspecto saludable del mecanismo. Al hacer conscientes y reconocer los aspectos positivos de los mecanismos que emplea el paciente, se aumenta su autoestima y se asientan las bases para que él mismo vaya poco a poco siendo consciente y desprendiéndose de otros aspectos más patológicos. Los aspectos saludables de los mecanismos son la tradición (para la introyección), el conocimiento (proyección), disciplina (retroflexión) y trascendencia (confluencia).


(http://bonding.es/jbonding/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=217&category_id=10&Itemid=54)