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 MECANISMOS DE DEFENSA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES - 1ª parte



Septiembre 26, 2012, 06:45:08 am
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MECANISMOS DE DEFENSA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES - 1ª parte
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MECANISMOS DE DEFENSA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
Amaya Echeverría Zatarain


El concepto de mecanismo de defensa es una de las grandes aportaciones de Sigmund Freud, que posteriormente fue estudiado y ampliado por distintas corrientes teóricas. Se trata, en principio, de mecanismos positivos y adaptativos, pero pueden llegar a ser patológicos.
 
Desde que Freud lo definiera, el concepto de mecanismo de defensa (MD) ha sido tan estudiado y extendido que hoy en día cualquier persona que no esté relacionada con el ámbito de la psicología tiene una idea bastante aproximada de lo que significa. Podríamos decir, para dar una definición sencilla y coloquial, que se trata de estrategias que todos usamos en mayor o menor medida de forma inconsciente, para evitar o rebajar el dolor.

Sin embargo, es precisamente esta gran extensión del concepto la que dificulta la tarea de analizarlos y clasificarlos. Son tantas las corrientes psicológicas desde las que se han estudiado, y tantas las clasificaciones que se han hecho en cada una de ellas, que resultaría casi imposible hacer un recuento de todos los procesos que se consideran actualmente como MD. Mi intención no es explicar todos los mecanismos que se citan en la literatura, pero sí creo necesario, antes de centrarme en las defensas de los niños y los adolescentes y su trabajo terapéutico, detenerme a explicar las principales concepciones y clasificaciones que existen.

EL CONCEPTO “MECANISMO DE DEFENSA” DESDE LAS DIFERENTES TEORÍAS PSICOLÓGIGAS

Psicoanálisis Freudiano.

El término “mecanismo de defensa” fue definido por primera vez por Sigmund Freud en su obra Las Neuropsicosis de Defensa (1984) como los rechazos instintivos que realiza el Yo a representaciones intolerables, y hablaba de tres mecanismos: la conversión, la transposición del efecto y las psicosis alucinatorias. Posteriormente se refirió a ellos con el término “represión”, y no fue hasta 1926 en Inhibición, síntoma y angustia cuando retomó el concepto de MD para designar a “todas las técnicas de que el Yo se sirve en conflictos eventualmente conducentes a la neurosis”, pasando a considerar la represión como uno más de estos mecanismos. Freud consideraba estos mecanismos como la parte inconsciente del Yo, que actúa pues de forma inconsciente contra los instintos del Ello cuando percibe que éstos pueden ser peligrosos.

Posteriormente, Anna Freud amplió y profundizó el estudio sobre los MD. En su obra El Yo y los Mecanismos de Defensa (1936) realizó su primer estudio sistemático, clarificando y diferenciando diez tipos de mecanismos y explicando las diferentes vías por las que se pueden generar. Además, dedicó la mayor parte de esta obra a los MD típicos de los niños y de los adolescentes.

Desde entonces hasta la actualidad, han sido muchos los autores que han continuado el estudio de los MD desde esta corriente. Resulta complicado enumerar los MD que se describen desde esta perspectiva porque no todos los autores coinciden a la hora de hacerlo y porque además existen mecanismos que se solapan con otros o son difíciles de diferenciar. Sin embargo, los mecanismos en los que más coinciden los distintos autores son los siguientes:

Represión. Consiste en mantener alejados de la conciencia ciertos recuerdos, deseos o sentimientos que son considerados como desagradables o amenazantes. Se produce en dos fases: primero se rechaza la experiencia de la consciencia y después se realiza un esfuerzo constante para mantenerlo en el inconsciente. Para los psicoanalistas este esfuerzo supone un gran gasto de energía y muchas veces conlleva la necesidad de utilizar más MD para evitar que lo reprimido regrese a la conciencia. Por tanto, es un mecanismo que suele coexistir y estar en la base de otros.

Regresión. Es un proceso que supone retornar a formas de comportamiento propias de etapas del desarrollo anteriores que ya se creían superadas. Suele tratarse de etapas en las que el sujeto se sentía más seguro y protegido.

Conversión o somatización. A través de la conversión, la persona transforma los deseos o sentimientos que considera amenazantes en manifestaciones de tipo somático, como dolores o problemas sensoriales.

Formación reactiva. Consiste en hacer exactamente lo opuesto a lo que dicta el deseo percibido como amenazante, y muchas veces se encuentra en la base de rituales obsesivos. Un ejemplo sería que una persona con deseos de ensuciarse se obsesionara con la limpieza. También puede llevar a conductas muy valoradas socialmente, como cuando una persona con deseos de quemar cosas se alista como bombero voluntario.

Desplazamiento. Con este mecanismo se separa el afecto considerado amenazante o doloroso del objeto que lo causa, y se asocia con otro objeto. Éste suele ser un objeto neutro pero que de alguna manera guarda alguna relación simbólica con el primero. Freud describió con detalle este mecanismo en Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909), en la que presentaba el caso de Hans, un niño que como no podía tolerar sentir miedo a su padre, al que al mismo tiempo quería, desplazó este miedo a los caballos.

Proyección. La proyección como MD consiste en atribuir de forma incorrecta pensamientos, sentimientos, deseos o cualidades propias a otras personas. Lo proyectado no se reconoce como propio porque resulta inaceptable en uno mismo.

Introyección. Se puede considerar lo contrario a la proyección, ya que implica atribuir erróneamente a uno mismo cualidades, deseos, sentimientos, etc. de otras personas.

Negación. Aunque puede confundirse con la represión, con este mecanismo no se “olvida” la realidad sino que se niega. La negación no tiene por qué afectar a todo el aspecto de la realidad amenazante, sino que puede limitarse sólo a su significado o a sus consecuencias.

Anulación retroactiva. Suele tratarse de rituales obsesivos mediante los cuales la persona cree que anula el significado de otra conducta que considera amenazante y que ha realizado anteriormente o ha deseado hacer. Se considera que está en la base de las supersticiones y trastornos obsesivo-compulsivos.

Racionalización. Supone buscar razones lógicas que justifiquen los deseos, acciones o sentimientos considerados inaceptables. Los razonamientos no suelen ser del todo convincentes y son algo forzados, pero consiguen aliviar el malestar y hasta cierto punto son creíbles. Algunos autores lo llaman también intelectualización, pero otros diferencian este mecanismo del anterior en que se utiliza la razón y la lógica no para justificar nada sino para evadirse de ello.

Aislamiento. Es el mecanismo contrario a la represión. En él no se aleja de la consciencia lo que se considera amenazante o doloroso sino que lo que se mantiene inconsciente es el sentimiento que genera. Un ejemplo sería alguien que al morir un ser querido es incapaz de sentir dolor.

Punición. Se trata de conductas que la persona realiza para paliar el sentimiento de culpa por haber llevado a cabo conductas, pensamientos o sentimientos no aceptados moralmente. Se diferencia de la anulación retroactiva en que no se trata de rituales sino de conductas compensatorias que suelen ser positivas.

Sublimación. Este mecanismo suele considerarse el más adaptativo de todos y consiste en derivar la energía que procede de los instintos no tolerados a la consecución de fines socialmente reconocidos.

Fantasía. La fantasía no siempre es un MD, pero a veces puede actuar como tal. En estos casos, la persona la utiliza para evadirse o para realizar imaginariamente ciertos deseos que de otra forma no podrían ser satisfechos.

Psicoanálisis Kleiniano

Melanie Klein adoptó el concepto de MD para darle un nuevo enfoque. Subdividió las etapas del desarrollo psicosexual de Freud y a cada una de estas subetapas le adjudicó unos determinados MD, ofreciendo un enfoque evolutivo de éstos. En su clasificación recuperó algunos mecanismos de la concepción anterior y aportó además los siguientes:

Escisión. Consiste en mantener los objetos persecutorios alejados del ideal.

Idealización. Mantener el objeto ideal lejos del persecutorio y hacerlo invulnerable.

Identificación Proyectiva. Se escinden partes del Yo y se proyectan en un objeto externo, que queda entonces poseído y controlado por las partes proyectadas y se identifica con ellas.

Desintegración. Surge cuando los anteriores no han dado resultado. El Yo se fragmenta y se hace pedacitos para evitar sentir el dolor.

Defensas maníacas. Se trata de mecanismos para no sentir la culpa y la pérdida. Se consideran defensas maníacas la reparación maníaca (reparar el objeto sin que sentir la culpa y la pérdida), el control (negar la dependencia del objeto), el triunfo (negar los sentimientos depresivos) y la desvalorización (negar el valor del objeto).

Gestalt

Perls continuó con el estudio de los MD, a los que llamó “mecanismos neuróticos”, entendiéndolos como una serie de mecanismos para permanecer ciego ante impulsos y sentimientos dolorosos para el Yo.

Aludió específicamente a cuatro mecanismos, dos de los cuales coincidían con los descritos por el psicoanálisis: introyección, proyección, retroflexión y confluencia. Posteriormente el estudio de los MD desde la gestalt añadió algunos más. Al igual que ocurre con los psicoanalistas, los distintos autores no coinciden a la hora de enumerar y clasificarlos, pero sí coinciden en incluir los cuatro propuestos por Perls.

Los principales mecanismos descritos por la teoría gestalt son los siguientes:

Introyección.

Proyección.

Confluencia. Consiste en perder los límites entre uno mismo y el entorno, en fundirse con el exterior.

Retroflexión. Podría considerarse el opuesto al anterior, porque consiste en marcar excesivamente los límites entre uno mismo y el entorno hasta el punto de volverse hacia sí mismo y hacerse lo que le gustaría hacer a los demás. Se consideran retroflexión las agresiones contra uno mismo, las somatizaciones y la proflexión. A través de este último mecanismo la persona hace al otro lo que le gustaría que el otro le hiciera a ella.

Deflexión. Es un mecanismo que tiende a enfriar el contacto directo con otra persona, creando un espacio justo antes del contacto. Tiene aspectos positivos, como por ejemplo que los deflectores suelen ser personas muy educadas, pero también implica el riesgo de evitar hacer cosas.

Egotismo. Es un reforzamiento deliberado de la frontera de contacto a través de un ego inflado en exceso. La persona no tiene en cuenta más necesidades que las suyas.

Desvalorización. Consiste en devaluar la experiencia proporcionada por el contacto, en negar la utilidad del proceso y evitar la satisfacción.

Desensibilización. Este mecanismo tiene bastante que ver con el aislamiento de los psicoanalistas, y se trata de una anestesia de la sensibilidad, de sus sensaciones.

Para los gestaltistas, los mecanismos neuróticos son los responsables de interrumpir y bloquear el ciclo gestáltico. Cada mecanismo suele estar relacionado con la interrupción en una fase determinada del ciclo. Así, el egotismo y la desensibilización lo interrumpen antes de la primera fase, la de sensación; la proyección antes de la conciencia; la introyección puede interrumpirlo tanto antes de la energetización como de la cuarta fase, la acción; la retroflexión se encuentra antes de la acción; la deflexión antes del contacto; la desvalorización antes de la consumación, y finalmente la confluencia interrumpe la fase de retirada.

EVOLUTIVA DE LOS MECANISMOS DE DEFENSA

Los MD pueden llegar a ser patológicos, pero en principio se trata de mecanismos adaptativos para el ser humano, que le libran del dolor y le permiten vivir de una forma más adaptativa. Son varios los criterios que marcan cuándo un MD deja de ser positivo para convertirse en algo perjudicial. En general, se considera que son adaptativos cuando cumplen los siguientes requisitos (Pallarés, 2008):

Reducen el dolor y las emociones negativas sin anestesiar ni suprimirlos.

Canalizan los sentimientos en lugar de bloquearlos.

Producen alivio a largo plazo y no sólo a corto plazo.

Se generan en situaciones muy específicas.

Resultan atractivas para los demás en lugar de desagradables.

Por el contrario, emplearlos de forma rígida, con un alto grado de distorsión de la realidad, excesiva intensidad y de forma generalizada, los convierte en dañinos porque impiden aprender otra forma de solucionar el problema y crean conflictos con otras personas.

Otro criterio muy importante para saber si un MD es adaptativo o no es la edad, ya que hay mecanismos que son normales en una determinada edad pero resultan patológicos en otras. En este sentido, se han relacionado distintos MD con cada una de las etapas del desarrollo. Distintos autores han postulado que los mecanismos pueden ordenarse evolutivamente, entre otros motivos porque cada uno de ellos implica distintos procesos cognitivos y no puede llevarse a cabo antes de haber desarrollado determinadas capacidades.

Anna Freud estudió los distintos MD típicos tanto en niños como en adolescentes. Según ella, tanto la infancia como la adolescencia son épocas en las que el Yo se presenta relativamente débil contra un Ello poderoso, por lo que son dos etapas en las que los MD tienen una especial importancia con respecto a otras etapas vitales. Sin embargo, en cada uno de estos periodos el Yo “se diferencia en extensión, contenido, conocimiento, capacidad, grado de dependencia y predisposición a la angustia” por lo que los MD que emplea para resolver los conflictos son diferentes.

Mecanismos de defensa típicos en niños

A lo largo de toda la infancia se utilizan mucho los MD pero no siempre los mismos, sino que la preferencia en su uso varía a lo largo de la etapa. También es frecuente que se utilicen varios mecanismos al mismo tiempo o sucesivamente.

El primer MD que se aprecia en el niño es la confluencia. Es un mecanismo adaptativo y necesario cuando se es bebé, ya que la confluencia entre éste y su madre es la que garantiza su supervivencia. Según el niño va creciendo tiene que ir desprendiéndose de esta ausencia de límites, creando su propia identidad y separándose de la madre, y la confluencia deja de ser necesaria para convertirse en un mecanismo más desadaptativo.

La represión es para algunos autores el siguiente mecanismo en cuanto al momento de su aparición. Sigmund Freud creía que era el más temprano y que estaba en la base de todos los demás, mientras que Anna Freud lo consideraba posterior a otros ya que requería que se hubiera producido ya una separación entre el Ello y el Yo. En cualquier caso, ambos pensaban que el niño reprime ciertos sentimientos y deseos dirigidos a sus padres, especialmente los relacionados con el complejo de Edipo. En la actualidad se considera que la represión ocurre en grados mínimos en la vida diaria de los niños de forma normal, pero llega a incapacitar cuando es excesiva. La represión es además un mecanismo al que se recurre en los primeros años de la infancia cuando se producen experiencias traumáticas fuertes como pueden ser los abusos sexuales o maltratos.

La negación es otro mecanismo muy empleado por los niños más pequeños. Aparece de forma intensa hasta los seis años, y tiende a desaparecer a partir de esa edad. Sólo resulta realmente eficaz durante esos años y suele implicar psicopatología en los adultos.

Durante la infancia es muy común la aparición de la regresión ante situaciones nuevas o de cambios que suponen una fuente de estrés para el niño. Una de estas situaciones suele ser a menudo la llegada de un nuevo hermano. El niño “destronado” tiene que compartir la atención de sus padres, que antes era exclusivamente de él, con su nuevo hermano. Esto supone para él un suceso muy estresante y suele responder con conductas regresivas tales como volver a hacerse pis en la cama, hablar como un bebé o incluso no recordar cómo se andaba. También el comienzo del colegio y la consecuente separación de la madre suele provocar algún tipo de comportamiento regresivo como chuparse el dedo, dificultad para dormir solo por las noches… Además hay un acontecimiento que suele conllevar conductas regresivas tanto en niños como en adultos, aunque especialmente en los primeros, y es el de la enfermedad. Las enfermedades son vividas como una amenaza general y si son graves o hay episodios de hospitalización pueden llevar a niños ya no tan pequeños a querer tomar sólo alimentos líquidos e incluso en biberón.