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 AUXILIO: MI HIJO ME MALTRATA



Diciembre 01, 2012, 06:15:01 am
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AUXILIO: MI HIJO ME MALTRATA
« en: Diciembre 01, 2012, 06:15:01 am »
• Auxilio, mi hijo me maltrata.
 
Sistemáticamente desobedece, y se enfrenta… la convivencia es un suplicio. Aunque crece físicamente, no madura, pues cada vez su actitud parece peor. La comunicación se va tornando conflictiva, tensa, agresiva, hasta incluso violenta y  llega un momento crítico, en el que usted siente miedo hacia uno de sus propios hijos.


Usted se desespera: ¿En qué fallé? ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Será culpa de esas influencias,  escuela,  amistades,  traumas...? ¿Será que no me sé hacer respetar...? La avalancha de preguntas incontestables e improductivas incide en el agudo daño que  ya siente, como progenitor traicionado y desprotegido ante  la perversa situación. Es justo quién más usted ha amado y a quién más ha protegido, quién ahora  peor le maltrata.


¿Cómo solucionar esta perniciosa forma de interacción?
Estamos cada día, cada instante a tiempo de re-inventar nuestras relaciones y  mientras lee estas líneas está  ya seguramente empezando a evolucionar. La relación es un juego con dos o más participantes, por ello, nada sigue igual en el vínculo sólo con que  uno de los dos cambie. Independientemente de lo terrible que sea la circunstancia a la que han llegado, usted tiene parte de protagonismo y por tanto la puede cambiar.

•   LA SITUACIÓN PUEDE CAMBIAR   Dos no juegan con solo que uno no quiera, así que si su problema está constituido por  la falta de respeto de su propio hijo es porque seguramente sin saberlo, han desarrollado una enfermiza dependencia mutua. Para que su hijo "pueda seguir faltándole al respeto" necesita absolutamente que usted "continúe haciendo igual".  Luego usted, aunque ahora no lo vea,  tiene la sartén por el mango.
•   CUIDE DE USTED Asuma que hizo lo mejor que pudo en el pasado, con lo que a cada momento sabía y podía, por tanto lo constructivo es dejar de mortificarse y dirigirse hacia la enmienda que comienza por el auto - respeto. Trátese a usted mismo con dignidad pues al hacerlo no solo atiende y considera sus propios sentimientos, sino que presta un modelo de cómo comportarse y de como han de tratarle los demás.
•   LA RESPONSABILIDAD SOBRE EL PROPIO DESTINO  Piense "qué debería afrontar su hijo" si usted desapareciera de su vida. Seguramente descubrirá que es el quién necesita más de usted y que por tanto ha sido una inconsciente hipocresía cederle - por parte de quién sea - todo el poder. Afronte también que tarde o temprano su hijo decidirá el tipo de persona que quiere ser y eso será responsabilidad de él o ella, igual que usted  como adulto ya no culpa a sus padres por ser quién actualmente ha llegado a ser.
•   QUÉ ES LO ESENCIAL Establezca para con usted mismo que hay cuestiones de las que no prescindirá; como el orden natural de respeto y el hecho de ser el progenitor de esa persona, así como otros aspectos concernientes a sus principios. Los valores están para sentirlos y vivirlos, no para disputar o convencer a otros. Sienta en sus adentros que dichas bases consisten en lo que sustenta el funcionamiento  y sentido de su existencia y eso está por encima de cualquier diferencia de opinión. Ello le liberará de discutir una y otra vez penosamente sobre esas cuestiones básicas.
•   SER ADULTO  Piense que mientras ayudamos indefinidamente a otro a hacerse adulto se da la paradoja de que le sobreprotegemos y por tanto le impedimos ser adulto de una vez. Deje de buscar en su hijo a la persona responsable que quiere hacer de él. Es él quién debe hacerse adulto y usted sencillamente lo encontrará en el compartir ese modelo a su debido momento.
•   HONESTIDAD Abandone el pernicioso "buenismo". Aunque todos cometemos errores, existe una categoría de errores especialmente perversa que consiste en hacer ver que las conductas nocivas, cómo la falta de respeto, la agresividad, la ofuscación, la vanalidad, la mentira, el victimismo, la envidia, la pereza, y la gula o la descalificación sistemática de la autoridad de un progenitor son "aceptables" o buenas.  Si en un torpe intento de mantener una supuesta harmonía usted actúa como un padre que dimite de su papel de tal, consintiendo y haciendo la vista gorda ante las conductas destructivas de su hijo o de un tercero, el daño en su formación moral será peor que si denuncia eso y señala su nocividad.




 Es reconfortante llamar a las cosas por su nombre en una relación próxima, pero además no hacerlo equivale a envenenar el agua con el que se riega dicha relación, algo aparentemente cómodo, pero letal para la salud de esta.


Nunca es tarde para reconocer "qué está escrito en nuestra conciencia innata qué es lo bueno"; lo que está bien,  y si eso se cultiva, da como fruto lo que en esencia sencillamente hay, que es amor.


Solo se ve fácil desde fuera,  la distancia nos permite comprender los dilemas, que desde dentro parecían irresolubles.  Precisamente gracias a ellos aprendemos cosas trascendentes de nosotros. 
Publicado por Paz Torrabadella en 11:01