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 INFIDELIDAD - 1ª parte



Enero 02, 2013, 05:56:15 am
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INFIDELIDAD - 1ª parte
« en: Enero 02, 2013, 05:56:15 am »
INFIDELIDAD
Cómo funcionan los mecanismos de la infidelidad en la pareja y cómo podemos afrontarla.


La sombra de la infidelidad pende como una Espada de Damocles sobre cualquier relación. La fidelidad de nuestra pareja es una de las cualidades más valoradas, y las sospechas de aventuras y escarceos amorosos pueden hacerle perder el sueño a más de uno.

Vamos a adentrarnos en el terreno de la infidelidad, vamos a ver por qué sucede y cómo afrontarla para que no nos quite el sueño.


LA PSICOLOGÍA DE LA INFIDELIDAD

Para poder entender mejor la infidelidad, debemos adentrarnos un poco en la psicología evolucionista, y ver por qué nuestros instintos nos empujan a la infidelidad, y en qué se diferencian la infidelidad masculina y la femenina.

Los hombres están programados evolutivamente para desear una gran variedad de parejas sexuales. Por tanto, el hecho de mantener una relación exclusiva de forma prolongada, le suele agudizar ese deseo de buscar la variedad sexual.

Las mujeres están programadas evolutivamente para concebir hijos del mejor hombre, y posteriormente dominarlo (lo que conocemos como betaización) para que permanezca a su lado con el objetivo de sacar adelante a los hijos. Con la betaización se entra en la rutina, y cuando la mujer pierde esa atracción original que sentía por su hombre puede buscar un hombre aún mejor para comenzar de nuevo el ciclo.

O visto desde otra perspectiva, la mujer busca dos roles: el amante y el proveedor. Un hombre en una relación tiende a perder progresivamente el rol de amante y permanecer únicamente en el rol de proveedor. Por tanto la mujer irá a buscar en otra parte la emoción del rol perdido de amante.

Por tanto, como norma general:

La infidelidad del hombre es física

La infidelidad de la mujer es emocional

Curiosamente cada uno de los sexos considera la infidelidad natural del otro, en un grado mínimo, como algo aceptable e inherente a su naturaleza.

Así, las mujeres consideran que es normal que los hombres se fijen en otras chicas atractivas por la calle (pueden recriminarle por ello con el objetivo de hacerle sentir culpable – para betaizarle -, pero en el fondo lo ven normal).

Y los hombres ven normal que las mujeres tengan amores platónicos: el típico ejemplo es cuando una mujer suspira por un ídolo inalcanzable como Brad Pitt, George Clooney o Sean Connery. Es una forma de seguir soñando con el Príncipe Azul perfecto e inalcanzable.

En cambio, las pequeñas muestras de infidelidad no natural en el otro sexo pueden provocar una respuesta muy fuerte. A un chico le fastidia mucho que su chica mire a otros tíos o tontee con ellos con roce y contacto físico. A una chica le fastidia mucho que su chico no le preste atención, y en cambio le preste atención y tenga más confianza con otras chicas.

El significado evolutivo de esto es claro: para un hombre, la infidelidad física de su mujer puede llevarle a criar hijos que no son suyos, evolutivamente hablando ¡esto es una desgracia para sus genes!

Igualmente para una mujer la infidelidad emocional de su chico puede llevarle a dedicar recursos a esa otra mujer, lo cual le quitaría recursos a ella y a sus hijos, ¡otra desgracia evolutiva!

Es importante entender la diferencia entre las infidelidades masculina y femenina para comprender que las infidelidades naturales son infidelidades “light”; mientras no pasen de un cierto límite no son problemáticas, son sólo parte del juego.

EL SIGNIFICADO DE UNA RELACIÓN

La mayoría de la gente ve las relaciones como una entidad superior, más grande que ellos mismos, como algo especial que es necesario proteger a toda costa.

Sin embargo, una relación, en esencia, es un intangible: es un contrato social, es decir, un pacto. El instinto que tenemos las personas de entrar en relaciones se debe a que evolutivamente esto es muy beneficioso para los hijos. Y esto, en su versión más básica, no es más que un acuerdo entre dos personas.

Por supuesto, una relación puede llegar más lejos que las dos personas por separado. No tiene por qué limitarse al contrato social. En una relación puedes tener proyectos de futuro, se puede planear la vida en común. Puede ser mucho más que la suma de las partes.

Pero jamás se puede anteponer el bienestar de la relación al bienestar de las dos personas que la componen.

Por ejemplo, algunas parejas cuando les va mal deciden tener un hijo, porque erróneamente creen que eso hará que la relación vaya mejor. No sorprende cuando después de tenerlo, la relación va aún peor, y además la situación se ha complicado por la presencia del niño.

Una relación vista como un intercambio justo puede llegar más lejos que cada una de las dos personas por separado. Pero una relación en la que este equilibro está desvirtuado deja de tener este sentido y se convierte en una ligadura sin sentido, o en un parasitismo por parte de uno de los dos hacia el otro.

La infidelidad y las preocupaciones que nos provoca son un ejemplo claro de esto. En el momento en que una persona está más preocupada por el mantenimiento del pacto en sí, y no del objetivo, del fin último de la relación, ésta se convierte en una mera fachada social, hueca por dentro.

EL MIEDO A LOS CUERNOS

Tú no puedes obligar a las personas a comportarse de una determinada manera. Al igual que no puedes obligar a una chica a que hable contigo, o a que te coja el teléfono cuando la llamas, tampoco le puedes obligar a que te sea fiel (salvo medidas extremas como encerrarla en un harén y poner dos eunucos vigilando en la puerta  ).

INFIDELITY

No hará falta que os diga que mientras más se oprime a alguien, más anhela esa persona la libertad. De las chicas que he conocido que en algún momento de su vida han sido infieles, algunas eran porque no estaban muy enamoradas de sus novios (porque no eran lo suficientemente masculinos, sólo aportaban el rol de proveedor) y otras muchas era porque sus novios eran extremadamente celosos y querían tenerlas controladas de una forma enfermiza. Por eso, en el momento en que tenían la oportunidad, la aprovechaban.

Además, ¿para qué quieres controlar a la otra persona? ¿De donde viene ese miedo atroz a que te pongan los cuernos?


EL MIEDO INSTINTIVO

Primero tenemos el miedo instintivo, genético, a que nuestros hijos no sean nuestros.

Este miedo es más que razonable y tiene una base evolutiva como hemos visto al principio. Aun así, no somos animales salvajes ni vamos marcando nuestro territorio orinando por los rincones. A día de hoy si una chica tiene una aventura por ahí, si no está demasiado tarada no debería quedarse embarazada de su amante, salvo que ella realmente quiera que sus hijos sean de él. De todas formas si se ha llegado a ese punto en la relación, entonces es que su novio tiene problemas de betaización muy graves, y el hecho de que su chica se acueste con otro sólo es un síntoma más de su evidente pérdida de masculinidad.

En cualquier caso existen las pruebas de paternidad, aunque un chico que esté muy betaizado seguramente viva en una realidad tan distorsionada que ni siquiera se lo plantee como posibilidad.

EL MIEDO EMOCIONAL

Después tenemos el miedo emocional: miedo a que nuestra chica tenga una aventura y nos abandone por otro hombre.

En este respecto me resulta muy curioso que haya chicos que presuman de que su novia es “muy legal”, que jamás le pondría los cuernos, etc.

Supongamos que es cierto, que jamás pondría los cuernos. ¿Hasta qué punto es esto beneficioso?

Imagínate que una chica conoce a otro chico que le atrae mucho (y esto sí que no se puede evitar, porque como ya sabemos La Atracción No es una Opción).

Si resulta que a la chica se le mete entre ceja y ceja que tiene que estar con ese otro chico, y es una chica legal y que nunca pone cuernos, ¿qué es lo que va a hacer? ¡Cortar con su novio!

En cambio una chica con menos moralidad podría tener un rollete apasionado con el otro chico, y como dice el refrán “ojos que no ven, corazón que no siente”…

Por supuesto también hay otras chicas con el suficiente autocontrol para plantearse si merece la pena romper su compromiso (aunque su novio no vaya a enterarse en la vida). Personas con un código moral interno que les haría sentirse mal si hicieran algo así, aunque no se fuese a enterar nadie.

Y ahora yo pregunto, ¿qué es mejor? Seguro que muchos pensaríais que si a vuestra chica le gusta otra persona, es mejor que corte con vosotros antes que os ponga los cuernos. Pero yo he visto caso de chicas que han cortado con chicos simplemente porque les atraía otra persona más que su novio, aunque no hubieran llegado a nada con esa otra persona, ni llegaran a nada después. Lo hicieron simplemente porque consideraban que eso era lo correcto. Y sí, puede que sea lo correcto, pero el chico lo pasa realmente mal. Sobre todo porque la impresión que le queda es que ella ha roto una relación con futuro simplemente porque se ha encaprichado de otra persona.

Evidentemente en todos estos casos los chicos querrían que su chica, aun sintiéndose atraída por otro chico, controlase esa atracción y permaneciese, fiel, en la relación. Sería lo ideal. El problema es que no sabemos si nuestra pareja en general funciona así, ni si va a funcionar siempre igual. Una persona que normalmente sea fiel, puede llegar a ser infiel por determinadas circunstancias como problemas en la relación, pérdida de atracción por su pareja, otras circunstancias personales, etc.

Recuerda también que aquí no evaluamos la ética de la seducción. Cada persona tiene una ética propia y lo que resulta ético para uno puede no serlo para otro. Lo que pretende este artículo no es juzgar los comportamientos de las personas. Simplemente entenderlos y ver qué consecuencias tienen. Las cosas no son malas ni buenas, son como son y lo mejor que podemos hacer es entenderlas para desenvolvernos con soltura.

EL MIEDO SOCIAL

Por último tenemos el miedo social: tememos que nos pongan los cuernos y quedar como unos pardillos. Que nuestra novia nos tome el pelo, y que nuestros amigos se enteren y se cachondeen de nosotros. Vamos a ver esto ahora en más detalle pero resumiendo muy brevemente: lo que haga tu pareja es algo que no puedes controlar. Y lo que piensen o hagan los demás no tiene por qué afectarte en lo más mínimo.

La Única Fidelidad que Puedes Controlar es la Tuya


“Solo tengo dos cosas: mi palabra y mis pelotas. Y no las rompo por nadie”
(Al Pacino en “Scarface“)

Hazte a la idea que la única fidelidad que puedes controlar es la tuya propia.

Si tú quieres, y estás dispuesto a ello, no hay mayor problema en mantener tu propia fidelidad. Si tu escala de valores y tu moral te indican que si adquieres un compromiso tienes que esforzarte para cumplirlo, entonces entrar en una relación y ser fiel te proporcionará esa satisfacción.

Si tus valores morales son distintos, entonces ningún discurso ni sermón servirá para convencerte de que cumplas lo pactado. No serás fiel y no te sentirás mal por ello porque tu ética personal no coincide con la ética social. Recuerda que aquí no juzgamos.

Si moralmente te ves incapaz de romper un pacto, si eres una persona que no pondría cuernos porque le parece mal, pero aun así quieres estar con muchas chicas y tener variedad sexual, pues tampoco hay problema: simplemente evita las relaciones monógamas: ten Relaciones Esporádicas o Relaciones Estables Múltiples.

Y ya que la única fidelidad que podemos controlar es la nuestra, eso implica que…

No Podemos Controlar la Fidelidad de Nuestra Pareja
Así de claro. Salvo que le pongas una webcam en la cabeza y estés las 24 horas del día vigilándola, no puedes controlar que tu pareja te sea fiel o no.

No controlas las acciones de los demás. Sólo controlas las tuyas.

Y como no las puedes controlar, no debes dejar que te afecten.