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 EL ARTE DE SER FLEXIBLE



Enero 27, 2011, 06:47:16 pm
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Desconectado lucía riaño

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EL ARTE DE SER FLEXIBLE
« en: Enero 27, 2011, 06:47:16 pm »
EL ARTE DE SER FLEXIBLE

La flexibilidad es una virtud que nos permite adaptarnos mejor a nuestro entorno y afrontar la realidad con confianza, en vez de con angustia y temor.

Es un arte que incluye tres principios: hacer excepciones, optar por el camino del medio, y cultivar el pluralismo. Con pequeños cambios en nuestra actitud, podemos liberarnos de la rigidez y empezar a disfrutar de la flexibilidad mental.

Cierta vez, en pleno vuelo, mi compañera de asiento le pidió a la azafata utilizar el baño de primera clase porque el de turista estaba ocupado y había cola. La razón que esgrimió fue poderosa: estaba embarazada y no se sentía muy bien.

Como si fuera un robot, la respuesta de la auxiliar de vuelo se ciñó estrictamente al manual de funciones: “Lo siento. Ese baño sólo lo pueden utilizar los pasajeros de primera clase”. La mujer insistió con angustia. La azafata repitió su mensaje. Yo intervine, tratando de convencerla: “¿Por qué no hace una excepción? Además, el baño de primera está libre”. La respuesta, una vez más, fue tajante: “No estoy autorizada para hacer excepciones”. No hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión y considerar que el bienestar de una persona es más importante que la obediencia a un reglamento.

Y es que las personas rígidas se resisten a cambiar cualquiera de sus comportamientos, creencias u opiniones, aunque la evidencia y los hechos les demuestren que están equivocadas. Por el contrario, la mente flexible está dispuesta al cambio y en pleno contacto con la realidad. No teme la controversia constructiva y es capaz de dudar de sí misma sin entrar en crisis. Le gusta el movimiento, la curiosidad, el humor, la creatividad, la irreverencia y, sobre todo, ponerse a prueba.

Tal como afirman los psicólogos Christopher Peterson y Martin Seligman, la mente flexible responde a una virtud correctiva que está incluida prácticamente en todos los catálogos de valores, recientes y antiguos, y que se define por el buen juicio, la racionalidad y la apertura a otras opiniones.

Ser flexibles es una virtud que define un estilo de vida y permite a las personas adaptarse mejor a las presiones del medio.

Es un arte compuesto de tres principios: la excepción a la regla, el camino del medio, y el pluralismo.

Las mentes rígidas son incapaces de hacer excepciones, como fue el caso de la auxiliar de vuelo. Por tanto, para ser flexible, busca la excepción, contrasta ideas y humanízalas.

La mente flexible evalúa los principios, criterios o mandatos tratando de definir las fronteras a partir de las cuales estos dejan de funcionar.

Por ejemplo, el valor de la perseverancia requiere un límite para que no se convierta en fanatismo: hay que aprender a perder.

El valor de la modestia necesita de la autoestima para no caer en la negación del yo.

La mansedumbre sin dignidad es humillación.

La mente flexible tiene en cuenta la norma, pero también los factores equilibrantes que la apaciguan.

Asimismo, lo que intenta la mente flexible es establecer una carretera por donde transitar con moderación sin asfixiarse ni darse contra las paredes: encontrar el camino del medio. La flexibilidad es un proceso dinámico de observación y autoevaluación permanente.

Cuando estaba en bachillerato, el profesor de geometría era el ogro del colegio: el 95% de los alumnos suspendían. Un día, uno de mis compañeros decidió hacerle frente y le dijo que su evaluación no era fiable ya que, si fallaban tantos alumnos, podía estar pasando una de las siguientes cosas: que el nivel de exigencia era extremo o que sus explicaciones eran insuficientes. Pero el hombre jamás aceptó revisar su estilo pedagógico. ¿Cómo habría actuado una persona flexible? Entre la demanda irracional (metas educativas inalcanzables) y la complacencia irresponsable (metas educativas pobres), existe un término medio en el que las exigencias son moderadas y congruentes con las capacidades reales de los estudiantes.

El tercer y último principio para ser flexible es un pluralismo. Cuentan que un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa cuando vio a un anciano chino colocando un plato de arroz en otra tumba. Extrañado, se dirigió al anciano y le preguntó: “Disculpe, ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer arroz?”. “Claro, - respondió el anciano -: Cuando el suyo venga a oler las flores”.

Una mente flexible quizás habría sentido cierta curiosidad y habría realizado una pregunta menos irónica, por ejemplo, “Disculpe, señor, ¿por qué pone un plato con arroz? No conozco esa costumbre y me gustaría saber más, si no le molesta”. La mente flexible es sensible a otros puntos de vista, sin verse en la obligación de aceptarlos. Incluye a los demás, viaja hacia ellos intentando averiguar sus funcionamientos y sus creencias. Pero este viaje solo es posible si se hace con humildad.

La mente flexible fortalece el yo, actúa como un factor de protección contra las enfermedades y psicológicas, genera más bienestar y mejores relaciones y nos acerca a una vida más tranquila y feliz. Para ello, acostúmbrate a cambiar la perspectiva y a ponerte en el lugar del otro: aceptar que uno no es el centro del universo es romper el orden mental de la rigidez.

Trata de observar lo bueno y lo malo que hay en ti; al principio te sentirás incomodo, pero después habrás creado la maravillosa costumbre de no dejar entrar el dogmatismo. Aléjate también de las actitudes de solemnidad y/o amargura y adopta el buen humor y la disposición a la risa como forma de vida, sin caer en la frivolidad.
Si dejas que la curiosidad te pellizque de vez en cuando, estarás muy cerca de tener una mente flexible.

Aléjate de la aceptación ciega de las normas y adopta una actitud inconformista, inteligente y fundamentada; sé, en definitiva, un rebelde con causa.

La vida siempre está en un eterno devenir. Frente a ella, tienes dos opciones: estancarte o subirte a la ola que recorre el universo. Algunas personas prefieren la comodidad de lo conocido, aunque sea malo, a la incertidumbre de lo desconocido.

Sin embargo, una existencia sin riesgos, anclada en la rutina y lo predecible, es una manera de aquietar el cosmos, un reduccionismo existencial cuya premisa es arriesgar poco y vivir menos. La triste quietud de la resignación que niega cualquier posibilidad de cambio.
Tú decides: rigidez mental (por lo tanto: estrés, angustia, amargura e inmovilidad) o flexibilidad mental (por lo tanto: alegría, tranquilidad, y desarrollo del potencial humano).


Texto: Walter Riso.