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 LA FILOSOFÍA DEL BUDISMO ZEN - 2 (Laura Moreno)



Febrero 15, 2011, 09:56:37 pm
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Desconectado Irene Zambrano

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LA FILOSOFÍA DEL BUDISMO ZEN - 2 (Laura Moreno)
« en: Febrero 15, 2011, 09:56:37 pm »
En el caso de la meditación Zen, ésta consiste en lograr dejar inactiva la mente, lo que se denomina practicar el arte wu-wei, la no-acción, y es "sacudiendo" nuestra manera de pensar, eso que para nosotros puede representar "el punto de vista lógico", que no es sino nuestra particular manera de ver, como se debe preparar el alma o psiqué para entrar en otros espacios de ella misma, en otra perspectiva más amplia donde la Realidad adquiere visos de su misteriosa trascendencia.

 

Sentarse de una determinada manera, sobre un cojín en el centro de una habitación o en una silla, por ejemplo, erguido y orgulloso, son métodos eficaces que ayudan a afirmarse en la realidad. Uno comprueba como en esa postura, que es por sobre todo una actitud, no siente miedo, timidez ni arrogancia. Los pensamientos pasan libres y no condicionados. Tampoco escoge o discrimina ninguno de esos pensamientos, ni imágenes: todos llegan y se van. Aquel que medita en el centro inmóvil de la rueda no tiene interés por ningún pensamiento, siempre periférico, sino en el instante anterior a todos ellos.

 

Muchos de los métodos empleados por los maestros de Zen tienden a provocar el desconcierto mental; a veces a través del humor y la ironía, todo ello para disponer el alma del individuo en condiciones de lograr su transformación psicológica y, de este modo, aprender a ver la manifestación como un gran símbolo revelador del Zen.

 

Como templos sin puertas que son, las enseñanzas Zen no están sujetas al "ceremonialismo", sino que el Zen se realiza en todo momento. Los maestros del Zen mantienen que el perfecto despertar es compatible con los actos cotidianos de la vida, dado que la libertad, a la que se aspira, no puede estar ligada a ningún tipo de convencionalismo.

 

En la literatura Zen se cuenta la siguiente historia acerca de Huai-jang, cuando éste iniciaba al que sería su sucesor Ma-tsu, que entonces estaba practicando la meditación en posición de sentado:

 

-Su reverencia -preguntó Huai-jang-: ¿qué objeto tiene meditar sentado?

 

-Convertirse en un Buda -contestó Ma-tsu.

 

Entonces Huai-jang tomó una baldosa y comenzó a pulirla sobre una roca.

 

-¿Qué hace usted, maestro? - preguntó Ma-tsu.
 

-La estoy puliendo para hacer un espejo- dijo Huai-jang.

 

-¿Y cómo va a hacer que una baldosa pulida se convierta en un espejo?

 

-¿Y cómo va a hacer que meditando sentado se convierta en Buda?

 

La instrucción que se da hoy en los monasterios o escuelas Zen comienza con un periodo en el cual el alumno debe practicar meditando en el vacío, pero este rito no se hace necesariamente de una determinada forma; el alumno puede pasar este periodo de aprendizaje colaborando en la cocina, o sirviendo a su maestro. Durante esta etapa el maestro apenas interviene, únicamente observa al discípulo. Sólo cuando considera que la predisposición de éste es la adecuada comienza la verdadera instrucción; es decir, que como se ha dicho, "el maestro aparece cuando el alumno está dispuesto". Cada maestro tiene su propio método de enseñanza, esto es, su propio sistema para conseguir que el discípulo adquiera un nuevo criterio para comprender la verdad de todas las cosas y de él mismo. Método que aplica de modo distinto según la naturaleza que observa en cada uno de sus alumnos.

 

A medida que las enseñanzas van penetrando en el individuo, y éste queda envuelto en su clima, va surgiendo una nueva perspectiva o cambio interior, que se percibe como afirmación de una intuición intelectual. Es la experiencia del satori (iluminación) sin la cual no hay posibilidad de comprender el Zen.

 

Po-chang, de quien se dice que experimentó su satori cuando Ma-tsu le gritó al oído dejándolo sordo por tres días, da esta sencilla definición del Zen: "Cuando tengas hambre, come, cuando tengas sueño, duerme". En cuanto a buscar la naturaleza de Buda dice que "se parece mucho a cabalgar un buey en busca del buey".

 

El Zen basa toda su enseñanza en tratar de dirigir la atención a la acción (incluyendo la mental) del presente, pero no es la acción lo que interesa al Zen, sino el Principio inmutable del que toda acción depende. Lo que R. Guénon denomina "acción de presencia", aquello que permanece cuando el vacío mental se produce, es la esencia del Zen.

 

Huanng-po escribió un "Tratado sobre los fundamentos de la doctrina de la mente", parte de él recogido por Suzuki. De esta obra es la cita que sigue: "Si quienes estudian el Tao no despiertan de esta sustancia mental, crearán una mente por encima de la mente, buscarán al Buda fuera de sí mismos y quedarán apegados a formas, prácticas y ejecuciones, todo lo cual es dañino y ajeno al camino que lleva al supremo conocimiento. Temiendo que ninguno de ustedes entendiera, se le dio el nombre de Tao (Amor) pero ustedes no deberían basar ningún concepto en ese nombre."

 

Así se dice que "Una vez cazado el pez, la trampa queda olvidada" cuando el cuerpo y la mente alcanzan la espontaneidad, se llega al Tao y se comprende la mente universal. En otros tiempos los hombres tenían mentes agudas. Al oír una sola frase abandonaban el estudio y por eso se les llamaban los sabios que, abandonando el saber, permanecen en la espontaneidad. En la actualidad la gente sólo busca atiborrarse de conocimientos y deducciones, confiando mucho en las explicaciones escritas y dando a todo esto el nombre de práctica".

 

Esto no significa que la instrucción en los conocimientos teóricos, científicos y el estudio en general, quede excluido para los iniciados del Zen, ni mucho menos; significa únicamente que para comprender la metafísica o despertar a la realidad trascendente del mundo, no son, en absoluto, necesarios estos conocimientos, y a veces, incluso, son un inconveniente. En definitiva, no es de "eso" de lo que trata el despertar, no consiste en eso la iniciación, Neti neti, no es eso, no es eso, como se dice en el hinduismo acerca del Brahma supremo.

 

Suzuki, por ejemplo, era un gran erudito, amante del estudio, tenia la casa llena de libros y papeles, según cuenta A. Watts que lo visitó en su domicilio. Escribía a la vez en varias habitaciones, donde tenia comenzados varios libros, e iba y venía según se sentía inclinado a trabajar en uno o en otro sin tener que recoger el material de referencia.. En ocasiones eran varios capítulos de un mismo libro los que escribía a la vez. "El hombre es un ser pensante- dice Suzuki- pero sus más grandes obras las realiza cuando no piensa ni calcula. Hay que ser como niños, mediante largos años de aprendizaje del arte de olvidarse de sí mismo. Cuando esto se ha conseguido el hombre piensa y sin embargo no piensa." A. Watts, El Gran Mandala.

 

Lin-Chi, maestro Zen y discípulo de Huanng-po, dijo en cierta ocasión: "Amigos les digo esto: no existe Buda, ni camino espiritual que deba seguirse, ni aprendizaje ni realización. ¿Qué perseguís con tanta ansiedad? ¿Poner otra cabeza sobre la que tienen, ciegos idiotas? Su cabeza está donde debe estar. El problema es que no creen bastante en ustedes mismos y tropiezan constantemente con todas las situaciones en que se encuentran. Esclavizados y desorientados por las situaciones objetivas, no tienen ninguna libertad, no son dueños de ustedes mismos. Dejen de mirar fuera y no se aferren tampoco a mis palabras. Dejen de aferrarse al pasado y de anhelar el futuro. Eso es mejor que diez años de peregrinación".

 

Lo que aparentemente se muestra como una gran ironía, incluso sarcasmo, de los maestros Zen, no son más que planteamientos paradójicos con los que abocan al aprendiz, atrapado en un callejón sin salida, a tener que replantearse de nuevo todos sus conceptos y demás fijaciones mentales, pues advierte de la invalidez que éstos tienen para comprender. Es así como provocan, que sin argumentos, la mente se anule y únicamente quede de ella ese espacio vacío, y al tiempo lleno de dudas, de incertidumbres, quieto, inactivo y a la vez expectante. ¿Qué le queda hacer a un hombre en tal circunstancia? ¿Tal vez aprenderlo todo de nuevo?

 

Esa es la idea de la doctrina wu-wei, la no-acción, o wei-wu-wei, acción no actuante. Guénon dice en el último capítulo de Esoterismo Islámico y Taoísmo: "No es a la acción exterior a la que el Taoísmo concede importancia; la considera, en resumidas cuentas, como indiferente en sí misma y enseña expresamente la doctrina del no-actuar cuya verdadera significación los Occidentales, en general, tienen dificultad en comprender, aunque pueden ser ayudados en ello por la teoría aristotélica del motor inmóvil cuyo sentido es el mismo en el fondo, pero cuyas consecuencias no parecen haberse esforzado nunca en desarrollar". En medio de todos los pensamientos, de todas las incertidumbres ¿Quién? El nacimiento de ésta pregunta en el corazón del hombre es el inicio de cualquier conocimiento.

 

Algunas escuelas Zen han desarrollado un método de enseñanza denominado Koan. Los Koans son especies de problemas psicológicos que son planteados al alumno para que éste los resuelva. Muchos de ellos son famosos y han sido transmitidos de forma oral. Se dice que con estos Koans experimentaron en su día el satori de algunos antiguos maestros Zen. Este ejercicio espiritual, consiste en meditar en un tema concreto y aparentemente paradójico propuesto por el maestro al alumno, y que éste jamás podrá resolver empleando su lógica racional, por lo que se ve obligado a una reflexión exhaustiva para dar su respuesta al "asunto", que al no darle resultados, acaba por provocarle un estado de catarsis que derrumba todos sus pensamientos y sus nociones de las cosas. Equivalente a decir que se ve obligado a interrumpir su diálogo interno, a desprenderse de sus conceptos y prejuicios, de sus adherencias, en definitiva de todo aquello que le impide entender la naturaleza de las enseñanzas. Embargado por la duda y el desconcierto, el aprendiz inevitablemente queda situado en una nueva perspectiva de su realidad. Se encuentra con que nada de lo que él cree que es, satisface como respuesta al maestro, lográndose dar cuenta que no tiene conocimientos para dar solución a la cuestión.