Buscandome

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 BUSCÁNDOME



Octubre 29, 2010, 05:35:05 pm
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Desconectado francisco de sales

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BUSCÁNDOME
« en: Octubre 29, 2010, 05:35:05 pm »
BUSCÁNDOME

Quien lee esto se encuentra, seguramente, a las puertas de un descubrimiento que se reflejará en un cambio.

Repite lo siguiente: “No voy a hacer lo que hace todo el mundo; voy a emprender el solitario camino de averiguar quién soy yo, y después decidiré. Voy a la búsqueda de la unión con lo mejor de lo humano y algo de lo divino. La búsqueda de eso que supongo, que intuyo, que espero, o que sé, que realmente soy.”

Hay varios momentos en la vida de cada persona en que ya no se puede seguir como hasta entonces, porque una intranquilidad de nacimiento desconocido le recuerda su verdadera naturaleza, su único destino, lo que tiene de Dios o de distinto, su origen, su esencia… algo le grita constantemente “así no eres tú”… Algo le recuerda “tiene que haber algo más, pero… ¿Qué es? Algo le desconforma y le hace un agujero por donde entran nuevas preguntas a sumarse a la cola de las no contestadas, y cada pregunta pare otras en un proceso reproductivo imparable… de pronto, hay un momento en que uno se queda parado, mirando sin mirar, pensando sin pensar, viviendo sin vivir, y la posibilidad de otra realidad se plantea y busca un hueco. En el proceso de la búsqueda hay que tener algunos conceptos muy claros. Uno de ellos es que no se debe tener una relación de rivalidad con la experiencia que se comienza a vivir. Uno no debe ponerse zancadillas, tirar por tierra lo avanzado, auto-castigarse; se deben evitar palabras e ideas como lucha, violencia, meta, guerra, rivalidad, odio…
Para hacer este proceso se necesitan AMOR, PACIENCIA Y TIEMPO. Este TIEMPO con letras mayúsculas y con ¡TIEMPO!
La estructura que nos contiene y el espacio por donde se mueve, nos premian y nos castigan con igual desacierto. El primer día que nos damos cuenta de que llevamos tiempo castigándonos sin querer y sin saberlo, nos entra la prisa por solucionar el resto de nuestra vida.
Nos prometemos, ingenuos, que todo nuestro esfuerzo será invertido en mejor-vivir, en más-amarnos, en pagarnos-cuanto-nos-debemos, y en encontrar, por fin, donde quiera que se halle, ese motivo que nos lleve hacia adelante, al premio que somos nosotros mismos. Removemos sentimientos, hurgamos en los pasados, nos empapamos de información, gurús y mundos falsos. Buscamos algo (no sabemos qué), en algún sitio (no sabemos donde) y, si encontramos, no sabemos que eso aún no es encontrar.
La búsqueda es personal e intransferible, como los partos. Y eso es lo que tienes que pretender: plantar la semilla, alimentarla, darle tiempo para el desarrollo, y permitir que salga de dentro de ti el ser real que eres.
Los orientales hablan claramente del ser esencial (el que somos en esencia) y el ser existencial (el que está existiendo): por supuesto que casi nunca coinciden, pero el trabajo personal consiste en ser y mostrar el esencial, porque eso es lo que realmente somos.
Es importante tener muy claro qué es lo que haces: ¡Te estas buscando! Es importante hacer cursos, pero tras preguntarte ¿Qué hago?, ¿Busco conocimientos o me estoy buscando?. Es importante leer libros, pero tras preguntar ¿Qué hago?, ¿Busco frases bonitas?, ¿Busco biografías inimitables?, ¿o me estoy buscando?
Es el momento de la búsqueda. Es el momento de empezar a relacionarse con otra gente distinta que tiene otras inquietudes similares.
Hay un proceso natural selectivo; de pronto, ya no necesitas a algunas personas tan desesperadamente como suponías; de pronto, averiguas que lo que te une a algunas personas es un enorme vacío; de pronto, comprendes que en proceso hay algo de renuncia y no te duele renunciar. Buscas conversaciones, acudes a charlas, te presentan a alguien que lo sabe casi todo, lees libros… (Yo un día me pregunté: ¿qué buscas en los libros que no sepas ya que no lo tienes en el corazón? pero habrás de leer muchos libros hasta poder decirlo…).
Comienza una interesante experiencia que hay que observar. Antes de hacer nada con ella hay que observar: una parte de ti dimite y busca nuevos horizontes, pero sin poder despegarse de ti y tu atadura; otra parte ansía buscar su origen y sale a su encuentro aun consciente de que le llevará casi toda la vida; otra parte cree que es lo que en este momento es, y se aterra ante nuevas posibilidades que, evidentemente, le obligarían a su muerte y a un cambio; otra parte de ti se confunde y no sabe con qué parte aliarse; otra, es vieja y está cansada; otra, se alegra de la experiencia de la búsqueda y, se siente emocionada ante la posibilidad de su autentica existencia… y todas siguen siendo tú, que te desdoblas y te conviertes en nuevas personalidades que, sumadas a las ya existentes, amplían aún más la confusión en la que te encuentras.
No es alentador el paisaje, aunque eso no debe ser razón para rendirse.
En el momento en que una persona comienza su búsqueda, y esto puedo garantizártelo, se convierte en imposible dejarlo. Desde el momento en que se manifiesta la sospecha de ser algo distinto, aunque aún no sepamos como llamarlo, ya no hay tranquilidad pura, sólo momentos de descanso, porque la inquietud bulle y, ahora, cualquier palabra, cualquier sueño, cualquier gesto, recuerda el proceso iniciado.
Es importante buscarse como a un desconocido; observarse como a un extraño; enamorarme de sí mismo, querer saberlo todo y todo preguntárselo; es importante saber que nada tiene importancia y que todo tiene un valor ilimitado; es importante saber que muchas respuestas se escriben en el aire, se dejan grabadas en el silencio, o te las dan sin palabras; es importante saber que uno está en todo reflejado, que uno es el niño en su pataleta, el sabio en su enunciado, el místico en su mística, el corredor en su fracaso, el preso en su cárcel y el cantante desafinado.
El mundo es un gran espejo en el que podemos mirarnos. Las respuestas están por todos los sitios gritando: “Lo que se nos ha perdido, no se ha perdido fuera; se ha perdido dentro”.

Pero la búsqueda tiene que tener bien definido su motivo, porque si no estás seguro de qué es lo que estás buscando, puede darse el caso de que te conformes con cualquier cosa, con cualquier mínimo descubrimiento que satisfaga a tu conformismo y a tu pereza de seguir buscando.
¿Qué buscas?, ¿La verdad?,  ¿Tener razón?... Si buscas la verdad tienes que estar en una apertura absoluta, para poder admitir dentro de ti, o por lo menos considerar, una nueva forma de ver las cosas que será en muchos casos distinta de la que crees que es tu verdad, o distinta de la que has venido utilizando durante los últimos tiempos.
La verdad te puede romper las uniones con los conceptos e ideas que te han tenido vivo, aparentemente vivo crees ahora, porque si tú no eres tú, si empiezas a descubrir que tus bases no son del todo acertadas, si encima alimentas esta destrucción de tus costumbres y asesinas tus rutinas, te quedas sin algo a lo que agarrarte.
Tony de Mello, de quien supongo habrás oído hablar (sacerdote, profeta, sanador de almas), contestaba perfectamente cuando alguien le objetaba esto último.
“Cuando la gente me oye hablar de esta manera me dicen: Tony, al oírte hablar así, uno se queda sin nada donde agarrarse… y entonces, yo completo la frase añadiendo en el mismo tono… así dijo el pájaro justo cuando empezó a volar”.