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 ¿LO PERMITÍ POR AMOR O POR ESTUPIDEZ? - 2ª parte



Enero 02, 2015, 04:28:22 pm
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¿LO PERMITÍ POR AMOR O POR ESTUPIDEZ? - 2ª parte
« en: Enero 02, 2015, 04:28:22 pm »

ANECDOTARIO

1. Dejar de Trabajar o de Estudiar. Rechazar un trabajo ó un viaje:

Muchas mujeres, cuando creen haber encontrado al “amor de su vida”, dejan de lado sus propios sueños por seguir o impulsar sueños ajenos. Dejar atrás una oportunidad como un nuevo trabajo o un viaje, simplemente porque la persona que nos “ama” nos lo pide, con el pretexto de “no alejarse” o de “extrañarse”. Esta es una de las situaciones más egoístas que pueden existir, pero además, debe ponernos en alerta para evitar caer en manipulaciones. Las oportunidades nunca vuelven, mientras que las personas van y vienen. El amor verdadero no es egoísta.

ANÉCDOTA: Cuando conocí al verdugo con el que me casé y con quien duré casi 20 años, yo era una joven que comenzaba a abrirse camino en el mundo profesional y laboral. En ese entonces mi mayor logro había sido conseguir un trabajo en una firma reconocida de contadores, donde de inmediato comencé a realizar viajes de trabajo por el interior del país. Viajar me permitió experimentar muchas cosas nuevas: enfrentar ciertos miedos, conocer gente nueva y lugares que, aun en circunstancias laborales, me hicieron madurar de varias formas, aprendí lo duro que era estar lejos de mi familia, entre otras cosas. Trabajar y viajar me llenaban de satisfacción y de mucha emoción, pues eran mis primeros pasos hacia la superación profesional y personal. Además, fue justamente en ese trabajo, donde conocí a mi verdugo. Sin embargo, cuando la relación comenzó a darse, lo primero que él me “sugirió” fue que dejara los viajes definitivamente. Simplemente, un día dijo:

-“Si en verdad quieres que esta relación funcione, tendrás que dejar de viajar, pues así tendrás más tiempo disponible para que estar conmigo, sino, no veo que esto funcione”.

¡GRAN MANIPULADOR DESDE EL PRINCIPIO! Reconozco que mi primera reacción fue de incredulidad y confusión ante su “sugerencia”, pues algo en mi interior me decía que viajar por motivos de trabajo no era un impedimento para entablar una relación que apenas empezaba. No obstante, la presión se hizo insoportable: Discusiones, pleitos, la aplicación de la ley del hielo (práctica recurrente de mi verdugo y de la cual era un verdadero experto), entre otro tipo de manipulaciones. Las discusiones por ese tema se convirtieron en un martirio,  hasta que finalmente, accedí… No solo dejé de viajar, sino también renuncié a mi trabajo en aquella firma.

Pero no todo quedó ahí, pues al someterme por primera vez a la voluntad caprichosa de mi verdugo, abrí la puerta a una serie de otros caprichos que se volvieron interminables, pues poco a poco fueron apareciendo otros comportamientos donde imperaban siempre sus deseos y sus decisiones, ya no solo me sugería lo que tenía que hacer o no hacer, sino que de pronto,  ya eran exigencias, prohibiciones, controles, invasiones a la privacidad, entre muchas cosas más.

Proliferan los casos en los que una mujer deja sus estudios o el trabajo por dedicarse a cuidar la relación o el hogar, y ese es un gran error. El estudio es casi la única forma que tiene un ser humano de sobresalir en la sociedad, y aunque los estudios no lo son todo, sí son una parte vital de la superación humana. Por otro lado, el trabajo dignifica a las personas, y a las mujeres nos hace independientes, fuertes y seguras. Nadie nunca debe dejar atrás su formación por ir detrás de nadie.


2. Ceder sin negociar. Las prohibiciones:

Cuando se está en una relación se comienzan a tomar decisiones tomando en cuenta a la pareja, ya que las acciones de uno afectan al otro. Tomar estas decisiones requiere que cada uno ponga de su parte y no que todas las cargas recaigan en una sola persona, pero lastimosamente lo que mayormente ocurre es lo contrario.

ANÉCDOTA: Recuerdo que durante mi matrimonio, el verdugo  pasó gran parte de su tiempo y de su vida, controlándome hasta por lo  que comía, pues temía que yo engordara, así que invertía gran cantidad de su tiempo en indicarme qué debía comer, la cantidad que debía consumir y hasta las horas en que debía alimentarme. Cuando salíamos a comprar la despensa, resultaba que sólo él sabía lo que necesitábamos, así que si yo ponía algo en el carrito, él tenía que revisar y aprobar la mercancía. Siempre dijo:

-“Yo sé más que tú lo que necesitas hacer en la vida, porque tú no sabes lo que quieres, mucho menos lo que es mejor para los dos, así que tratándose de esta relación, solo tienes que hacerme caso“

Y, vergonzosamente, así lo asumí desde el inicio de la relación, luego pasaron 20 largos años, en los cuales, él se dedicó a controlar, exigir, sugerir, opinar y, sobre todo, a decidir por él, por mí…por los dos.

Pareciera que hay novios o esposos que vienen integrados con una lista de “cosas que podemos y que no podemos hacer”. ¿Cómo distinguirlos? Por lo regular, les encanta usar imperativos: “NO QUIERO que seas amiga de este tipo”, “Si vas a salir, TIENES QUE avisarme a dónde vas”, “NO DEBERÍAS vestirte de esa manera”. O también usan argumentos como: “Tú eres mía nada más”, “Me preocupa lo que te pase”, “Eres tontita” o “Tú haces lo que yo digo”, y que son algunas de las agresiones típicas con las que comienza la violencia. Este tipo de  especímenes  buscan tenerte controlada porque en el fondo piensan que no querrás permanecer a su lado por voluntad propia, pero así no funciona la vida y, especialmente, las relaciones sanas. La gente que se ama, se comunica dando opiniones, no órdenes.

Las relaciones no son un colegio, no hay un código de conducta ni un sistema de premio y castigo. Existen reglas tácitas en toda relación, cosas que uno sabe y que intuye, pero que también se van aprendiendo con el tiempo y con la convivencia.  Pero nadie, debe decirnos qué hacer o cómo ser.


3. Llorar:

Aunque algunos tontos románticos digan que llorar por amor es la acción más sublime, en realidad, el amor verdadero no duele ni causa sufrimiento, mucho menos, lágrimas de dolor generado por personas que no saben amar.

ANÉCDOTA: Si en determinada época hubiera escuchado aquella frase que dice: “Si lloras más de lo que ríes, definitivamente no es amor, es otra cosa. Aléjate”, hoy no estaría escribiendo estas lamentables anécdotas (bueno, de algo tenía que servir no haberme alejado en su momento). Pero haciendo un recuento, puedo asegurar que derramé lágrimas de dolor por cualquier cosa, menos por “amor”. Pude llorar infinidad de veces por idiota, por culpa, por miedo, por aquellas falsas alegrías que me causaban las “reconciliaciones” (y que en realidad solo eran parte de un ciclo de violencia), y por muchas otras cosas más, pero en realidad nunca por “amor”. Y en este sentido, también debo reconocer que aprendí a no llorar, a soportar en silencio muchas cosas que, por salud emocional, debí gritar.

Pero el hubiera no existe, y es precisamente lo que pretendo transmitir a otras mujeres, sobre todo, a las jóvenes, a las que apenas comienzan a dar sus primeros pasos dentro de las relaciones de pareja. Sépanse que el amor no es fácil de reconocer, pero una cosa es segura, si lloramos por alguien que nos hace sufrir, entonces NO es amor, es porque permitimos que abusen de nuestros sentimientos.


4. Sacrificarse:

Cuando nos vinculamos en una relación, las mujeres solemos recurrir a la abnegación que, según el diccionario, es el sacrificio o renuncia voluntaria de una persona a pasiones, deseos o intereses en favor del prójimo. ¿No es así? A las mujeres  nos enseñan a sacrificar muchas cosas de vital importancia, por “amor” y por el ser amado.

ANÉCDOTA: Cada vez que yo intentaba realizar un sueño, por sencillo que fuera, siempre fui relegada por otras prioridades. Así que no me quedaba más remedio que “sacrificar” mi sueño para darle lugar a otras cosas que, según el verdugo, “sí tenían importancia”. Cuando quise estudiar otra carrera, tuve que abandonarla porque “era mejor ocupar el dinero y mi tiempo en otras cosas”; cuando quise dedicarme a realizar trabajos manuales como la técnica de vitrales o el decoupage, también tuve que abandonarlos por las mismas razones; y lo mismo sucedió cuando propuse abrir un negocio de adornos con flores secas (técnica que aprendí a través de libros que compré a escondidas del verdugo y en cursos gratuitos online), y a pesar de que  los gastos eran mínimos, la respuesta siempre fue un rotundo NO. Siempre había otras prioridades, y nunca fueron las mías. Fue así que, poco a poco, abandoné cada una de mis ideas, de mis sueños, de mis anhelos….

Sacrificar no es sinónimo de amar, es resignarse a una forma de vida llena de desinterés y sin motivaciones. Quien de verdad ama, impulsa a su pareja para que cumpla sus sueños, o al menos, la motiva a intentarlos, pero NO mutila ni coarta sus ilusiones ni sus ganas de emprender algún proyecto. En la medida de sus posibilidades, la apoya y la ayuda a conseguirlos. Así que no pienses que el sacrificio forma parte del amor, esa idea es un mito que promueve el amor egoísta.

5. Tolerar Sin límites:

Este comportamiento es, tal vez, el que realizamos las mujeres de forma más recurrente y natural en nombre del “amor”.

ANÉCDOTA: Indiferencias, silencios impuestos, caras, malos modos, comportamientos volubles, desprecios, burlas, bromas hirientes y hasta tener que cumplir en la intimidad cuando YO no tenía ganas, son cosas que toleré, cosas a las que no puse límites y que, por tanto, fueron tornándose más complicadas y muchas veces más difíciles de soportar con el paso de los años.

Es claro que existen gran cantidad de conductas que le toleramos a determinada gente, y a otras no. Por ejemplo, ¿Cuántas veces hemos reclamado ciertas actitudes prepotentes de alguna persona que se le ocurre levantarnos la voz en la calle, o porque alguien se nos cerró en el coche? Sin embargo, la cantidad de veces que nuestro “amado” nos levanta la voz es probablemente incontable e, increíblemente,  nos quedamos como si nada. Luego sigue un grito, un insulto, un engaño y muchas cosas más que si TOLERAMOS SIN LÍMITE, entonces todo irá empeorando sin límite también.

Poner límites dentro de una relación puede parecer difícil, pero no es imposible, al contrario, es imprescindible que lo hagamos y que aprendamos a decir NO cada vez que lo consideremos necesario.


6. Someternos a la voluntad del otro:

Permitimos que nos controle, que nos manipule, que nos prohíba, que invada nuestro espacio y nuestra intimidad. Él puede alegar que es por preocupación o porque sabe lo que nosotras necesitamos… pero ¿quién más que nosotras sabemos lo que necesitamos o lo que queremos?, y si no es así, pues entonces podremos equivocarnos libremente, pero sin dejar de hacer, de pensar o de elegir libremente lo que nosotras queramos o anhelemos.

ANÉCDOTA: El verdugo se caracterizaba por ser un perfecto controlador, pero además, era muy avaro. Siempre impuso reglas para todo, incluso para comprarme una o dos piezas de ropa (lo que ocurría cada año), y eran las siguientes:

Él me acompañaría al centro comercial para escoger, por ejemplo, un pantalón. Para poder adquirirlo, en primer lugar, no debía salir de determinado presupuesto que él fijaba y, además, debía probármelo y mostrárselo para que él diera su visto bueno.   Si mi talla era 5, entonces debía comprar los pantalones en talla 9, para que no me quedaran “pegados”, pues yo ya era una señora casada, y no tenía porque andar provocando situaciones indeseables. (?)

Las condiciones anteriores, entre otras más que iban apareciendo, debían llevarse a cabo al pie de la letra, según su voluntad, porque en caso contrario, entonces me olvidaba del pantalón nuevo. Y así lo hice siempre, me sometí a su voluntad hasta para mis cosas personales….debieron haber visto mi ridícula apariencia cuando salía a la calle con los pantalones dos tallas más grande de lo que realmente usaba.

NADIE tiene el derecho de decidir por nosotras y, nosotras, no debemos someternos a las decisiones ni a la voluntad de NADIE….ESO, DEFINITIVAMENTE,  NO ES AMOR.