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 FOMENTAR LA AUTOESTIMA EN LOS NIÑOS EMPLEANDO PALABRAS POSITIVAS



Mayo 04, 2015, 07:24:34 am
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FOMENTAR LA AUTOESTIMA EN LOS NIÑOS EMPLEANDO PALABRAS POSITIVAS

Uno de los pilares en la educación debería  ser que nuestros hijos crecieran con una buena valoración de sí mismos. Para conseguirlo, no hay mejor herramienta que utilizar con ellos el lenguaje adecuado. Alabar las virtudes concretas de su carácter cuando las muestran les ayudará a construir una identidad sana y segura.

Una vieja amiga me contó hace años que su padre, le hizo un regalo que desde entonces la había marcado profundamente. Como muchos otros padres de su generación, el suyo solía señalar los defectos y los errores de sus hijas con el firme convencimiento de que era la única vía para mejorar su carácter. Creía que el reconocimiento era innecesario, incluso perjudicial, para la buena educación de los hijos. Sin embargo, y pese que a sus criticas eran siempre bienintencionadas, dejaron profundas huellas en el corazón de mi amiga, que rebrotaban cada vez que recibía o percibía algún indicio de crítica. Estando ya muy delicado de salud, su padre reunió a toda la familia y dijo a cada uno de ellos palabras de alabanza y reconocimiento que nunca antes le habían escuchado.

Cómo se forma la identidad

Aumentar la propia autoestima o la de nuestros hijos es una preocupación muy generalizada en nuestras sociedades. Sin embargo, no existen fórmulas mágicas para mejorarla, pues tiene mucho que ver con la formación de nuestra identidad personal.

Al nacer, no tenemos una conciencia de nosotros mismos, de nuestras virtudes y nuestros defectos, de nuestra identidad. Son las personas que nos rodean – padres, madres, maestros – quienes nos dan las pistas sobre quiénes somos y cómo somos. A través de las palabras con las que nos describen es como tomamos conciencia de nuestro carácter. Si a lo largo de la infancia se dirige a nosotros como “vago”, “inútil”, “manazas”, “parado”, “atontado”, “patoso”, “pesado”, “desordenado” o “desastre”, esos serán los rasgos que conformarán nuestra identidad y esos son los rasgos que tenderemos a ejercitar durante nuestra vida.

Nuestra identidad podría ser muy diferente si, por un lado, recibiéramos indicaciones del tipo “necesitas ser más responsable con los deberes”, “debes tratar las cosas con más delicadeza”, “quisiera que fueras ordenado con tus juguetes” o “necesitas ser más constante cuando te propones algo”; y también si, por el otro lado, fuéramos capaces de ver, identificar y reconocer los esfuerzos que hacen los demás. De ser así, nuestras identidades estarían construidas sobre el respeto, la responsabilidad, la honestidad, la amabilidad, el sentido de la justicia, el perdón, la determinación, el sentido del servicio, la alegría o la serenidad. El lenguaje de las virtudes da forma al carácter y construye la identidad personal, forjando una imagen positiva y constructiva de nosotros mismos.

Por lo general, somos más diestros en ver las cosas negativas que las positivas. Los estudios del psicoterapeuta e investigador estadounidense John  Gottman muestran que podemos recordar con mucha más facilidad acontecimientos desagradables que nuestros mejores momentos. Sus estudios demuestran que hasta la crítica más nimia tiene unos efectos devastadores en las relaciones. Una de sus conclusiones más fascinantes es que, para garantizar el éxito de cualquier relación, una de las variables más importantes consiste en que los comentarios positivos deben ser cinco veces mayor que los negativos; es decir, que son necesarios cinco reconocimientos para poder compensar o reparar una sola crítica.

Buenas palabras para crecer.

No hay energía humana más fortalecida que la que proviene del reconocimiento, del elogio sincero y de valorar los esfuerzos del otro apelando a las virtudes humanas. Si queremos que los cambios de nuestro interlocutor se mantengan y se consoliden, y forjar así el proceso de crecimiento y transformación personal, es necesario hacernos conscientes de sus esfuerzos. Esta es una condición sine que non. Si no se da, los cambios positivos perecerán y desaparecerán.
Una educación no basada en las virtudes del carácter nos hace a muchos vagar durante años con nuestro severo crítico interior, que se queja ante el más mínimo error y crea sentimientos de culpabilidad e inferioridad, además de hacernos creer que no somos lo suficientemente buenos y dignos. Y precisamente porque queremos lo mejor para nuestros hijos, pasamos al extremo contrario y lo alabamos en exceso, justificamos sus errores y toleramos sus caprichos, fallando en el establecimiento de un espacio de disciplina. Nuestra verdadera labor como padres o maestros es acompañar a nuestros hijos como mentores afectuosos y capacitarlos para ser lo mejor que puedan llegar a ser; estimular sus virtudes de carácter, sin avergonzarlos y sin permitir sus caprichos.

Las tradiciones sagradas de la humanidad describen las virtudes como los dones interiores, la esencia del carácter y las cualidades de nuestro espíritu. Las virtudes resuenan en nosotros como ninguna otra palabra. Nombrar el coraje, la consideración, la preocupación por los demás o la autodisciplina de alguien es un poderoso catalizador para una sana y autentica autoestima.

El lenguaje de las virtudes nos ayuda a romper el ciclo de la negatividad con la que hemos etiquetado a nuestros niños o con la que nos han etiquetado. Nos permite sustituir palabras como “perezoso”, “estúpido” o “maleducado” por sus virtudes correlativas. Nos ofrece una nueva forma de responder cuando nos sentimos legítimamente frustrados o enfadados, identificando las virtudes en cada momento propicio para el aprendizaje.

Si reconocemos sin hacer uso de las virtudes- utilizando, por ejemplo, expresiones como “qué bien te has portado” o “mamá está muy contenta de ti”-, no estamos contribuyendo a su identidad. Debemos diferenciar si se han portado bien porque han sido ordenados, generosos, veraces o valientes. No es lo mismo, y ellos deben poder diferenciar cuál de estos rasgos pertenece a su carácter. De lo contrario, cualquier elogio pierde sentido.


El lenguaje de la virtud

Hay cuatro formas de utilizar el lenguaje de las virtudes que nos ayudan a extraer lo mejor de nuestros pequeños, independientemente de la edad que tengan:

• Ver lo bueno de ellos. “Pillarles” en el acto de “practicar” una virtud: “Has sido muy amable ayudándome con las bolsas” o “has mostrado mucha paciencia cuando has esperado a que acabase de hablar”.

• Reconocer siempre las mejoras. Por pequeñas que sean, implican un gran esfuerzo frente al punto de partida: “Habéis estado tranquilos hoy. Solo os habéis peleado tres veces”.

• Utilizar las virtudes para corregir un comportamiento. “Escuchare todo lo que tengas que decir si me lo dices con respeto”. “Incluso cuando estás enfadada, yo espero que mantengas la calma. Utiliza las palabras para decir cómo te sientes”.

• Ser claros. Decir lo que queremos y lo que no queremos: “Deja de gritar. Sé considerado con todos nosotros”.

Fomentar la autoestima en nuestros niños es un asunto de vital importancia, por lo que bien merece un momento de reflexión a fin de que tomemos conciencia del poder de las palabras en el proceso de formación del carácter.

A través de las palabras con las que nos definen durante la infancia es como tomamos conciencia de nuestro carácter.

Como padres o maestros tenemos que acompañar afectuosamente a los niños y estimular sus virtudes con el lenguaje.


Revista: Mente Sana
Rosa Rabbani (Doctora en psicología y terapeuta.