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 ABSTINENCIA FAMILIAR



Mayo 01, 2011, 06:27:02 pm
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Desconectado flor del desierto

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ABSTINENCIA FAMILIAR
« en: Mayo 01, 2011, 06:27:02 pm »
ABSTINENCIA FAMILIAR   


Saliendo de paseo con unos amigos, empezamos a dialogar sobre asuntos familiares, y eso me hizo reflexionar sobre  una especie de síndrome que llevamos a cuestas los que vivimos lejos de nuestra patria, o tenemos a algún ser querido lejos.
Ellos contaban su experiencia y yo la transportaba a mi situación actual: ese sentimiento que alguien llamó “síndrome de abstinencia”.
En dicha conversación se hacía referencia a la desazón, ese deseo inconcluso y para algunos pocas veces realizable de estar juntos, que te deja siempre con ganas de más, o "a falta de…", esa añoranza algunas veces con angustia, esas ganas de llamar constantemente por teléfono y hacer presencia en medio de la ausencia, esa nostalgia, ese deseo de ser como un mago que pudiese sacar de su sombrero aquí la solución de los problemas de allá, a tantos kilómetros de distancia.
Cuando empezamos a compenetrarnos con otra cultura vamos sufriendo una transformación y llegamos a sentirnos tal como dice la canción del argentino Alberto Cortez: “no soy de aquí, ni soy de allá”.
Al regresar a nuestro lugar de origen ya no somos los mismos, nuestra perspectiva ha cambiado, extrañamos la forma de vida y la gente de nuestra patria adoptiva; estamos en un punto sin retorno, donde hagamos lo que hagamos, siempre tendremos el corazón partido, porque habremos dejado lejos a alguien muy querido.
Esto sólo lo entendemos quienes lo vivimos y nadie más, sin embargo, mi reflexión iba más allá de sentirnos un poco despatriados, o bi-patriados, o con el corazón partido; más allá de la nostalgia de los exiliados por razones personales o por problemas externos a su voluntad, de las xenofobias, de los choques entre culturas; iba hacia que, paradójicamente, existe una parte de mí que siente su cariño y relación familiar más unida a pesar de la distancia, incluso más que entre aquellos que se encuentran más cerca.
Tal vez se preguntarán por qué. Creo que el “síndrome de abstinencia familiar”, como le bautizamos ese día, es un motor que empuja a estar pendiente, a llamar, a decir a nuestras familias y amores lo mucho que los extrañamos y queremos, y a no perder el contacto espiritual una vez perdido el físico; es como si dos almas separadas se anhelaran constantemente y soñaran con el momento de unirse definitivamente.
En mi reflexión me veía en un futuro de regreso a mi terruño y acabado tal vez el síndrome de abstinencia familiar.
¿Qué pasaría entonces?
¿Cómo sería?
Tal vez todo volvería a la normalidad, sin la impaciencia, el anhelo, el deseo presente, el soñar e imaginar el próximo viaje, y sin organizar el siguiente encuentro.
Estaría como cualquiera de los míos, tan acostumbrada a tenerlos cerca que tal vez no descolgara el teléfono para sentirlos; los tendría siempre tan a la mano que no los visitaría hoy y me diría a mi misma: ya iré mañana.
Tal parece que la cotidianidad te hace pensar que todo estará de la misma manera mañana, que un “te quiero” no expresado hoy sonará igual mañana, pero la verdad es que la cotidianidad nos engaña, nos hace sentir que lo monótono es eterno,  que podemos dejar muchas cosas de hoy sin hacer, porque las podemos hacer cualquier otro día.
Pero como decía el filósofo: “no nos bañamos dos veces en el mismo río”, de la misma manera que no podemos vivir dos veces el mismo día ya que cada uno de ellos es único.
Visto de esta manera, el abrazo que no dé hoy, la llamada que no hice, el beso que no envié, el e-mail que no escribí, se perderán en el cielo de las buenas intenciones no realizadas.
Desde luego no sé si algún día volveré a vivir entre los míos, pero si así fuera, rescataría lo bueno de la abstinencia familiar, que siempre es tan dura, para engrandecer los lazos afectivos con mis seres más queridos:
Un beso, una sonrisa, un abrazo en el momento justo, una llamada que puede salvar un alma, un “te quiero”…
Daría lo que siento, justo en el momento en que lo siento, ni antes ni después y no guardaría nada para dar  mañana, si lo puedo dar hoy…
En fin, viviría cerca, pero con los síntomas  de quien vive lejos. Daría más importancia a la inmediatez de la vida, al momento presente, e intentaría, cada día, no dejar de expresar mis sentimientos de amor hacia los que me rodean.
No cabe duda que la abstinencia familiar me ha enseñado la pena de la lejanía y la dicha del reencuentro, en la que cabalgo a veces, y esto me ha hecho reflexionar, y espero que a todos, sobre no esperar al último aliento de vida o, peor aún, frente a la tumba del ser querido, para sentir que no hay nada más amado que lo que perdí, que no hay sentimiento más grande que el no expresado, o “lo mucho que te quise pero jamás te lo dije”.
Para expresarnos con el corazón no hay mejor momento que el “aquí”, el
“ahora”, el “hoy”, y para no llegar tan pronto (y mejor nunca) al momento de los arrepentimientos vale la pena “no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”.
« Última modificación: Mayo 01, 2011, 06:30:32 pm por francisco de sales »

 

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