LA BÚSQUEDA
Los motivos de la búsqueda pueden ser tantos como personas hay en el mundo. Todos buscamos algo que le dé sentido y magnificencia a estar justo en este momento sobre la faz de la tierra.
Recuerdo muchos momentos de desolación en los que llegué a pensar que estaba mejor cuando no buscaba nada y me limitaba a vivir sin cuestionármelo todo.
Hay quienes dicen: “yo soy así, y punto”.
No saben el por qué, pero tampoco se obsesionan por no saberlo.
Creo que mi búsqueda comenzó cuando mi vida parecía derrumbarse ante mis ojos, a pesar de mis grandes esfuerzos por construirla.
Vivía con esa sensación de estar en el momento, el lugar, el cuerpo, la familia, la mente, y hasta el trabajo equivocado.
Pero es que mi vida estaba basada (inconscientemente, claro) en esa débil y peligrosa idea de que los demás habían venido a este mundo a cumplir mis expectativas (y yo, por supuesto, las de los otros) y eso me generaba un gran lastre y una decepción continua. Yo no cumplía las expectativas de nadie, y nadie cumplía las mías, y, lamentablemente, ese descontento, que es general y generacional, es un continuo desgaste emocional que no lleva a ninguna parte.
Gracias a que todo llega en el momento justo, ni antes ni después, encontré en mi camino un alma inquieta como yo (pero con muchos años de ventaja) que ha sabido guiarme en mi desorientado caminar. GRACIAS.
Empecé por enterarme que nadie tenía el deber de hacerme feliz, ni mis padres, ni mis hermanos, ni mis amigos, ni tan siquiera mi pareja, ni mis hijos si algún día llegara a tenerlos.
Fue entonces cuando descubrí ese arte magistral de encontrar siempre la culpa de mi descontento en algo o alguien ajeno a mí, y por eso me consideraba una víctima de las circunstancias, del destino, o de alguien.
Ha sido duro aceptar la responsabilidad de todo esto, que es mi vida, y sentirme el capitán de este barco, especialmente cuando paso por mares enfurecidos, y poder mirarme con sinceridad en el espejo, no engañarme ni ponerme zancadillas, y no culparme ni castigarme. En pocas palabras, aceptarme, respetarme, y quererme.
Estoy empezando a descubrir a esa gran personita que está aquí dentro.
Confieso que alguna vez he llegado a sentir pena por haber pasado tanto tiempo con una extraña dentro de mí, y sin entrar a conocerla.
Ya le he pedido disculpas por el retraso, y continúo en la tarea de mi descubrimiento.