LO QUE LE PIDO AL TIEMPO
Al tiempo le pido indulgencia y que me respete;
que me deje tiempo para que cierren estas heridas
antes de mandarme una nueva remesa.
No me hago al llanto
y el dolor me sigue doliendo.
No me recompongo fácilmente
y volver a estabilizarme requiere…
más tiempo.
Al tiempo le pido dulzura o por lo menos equilibrio
y el mismo porcentaje de cal y de arena
que la vida me da.
No soy inmortal y el tiempo lo sabe.
Me rompo o me rompe o me rompen
continuamente y casi todo.
Al tiempo le pido una tregua,
un alargamiento de mis minutos,
que no me imponga su dictadura
y que mis días buenos sean eternos.
Necesito escapar
de mí, de la vida, de todo,
y encontrar un refugio eficaz
que me aísle del mundo
por lo menos una muy larga temporada.
Al tiempo le pido paciencia.
Estoy aprendiendo a vivir
y no lo estoy haciendo bien.
Quisiera que no me descuente de mi vida
los días incoloros y vacíos
y que pueda seguir creciendo
y deshojando muchos calendarios,
que conozca todos los grados de felicidad
y que me haga un poco más sabio cada día.
Al tiempo le pido más vida,
le pido que me mime y que me haga su favorito;
que sea mi aliada,
que las tormentas emocionales me respeten,
que las noches oscuras del alma no me traguen,
que los infiernos no vengan a verme,
que los suspiros siempre sean buenos,
y que la vida buena sea mi gran amor
o la mejor amante.
Francisco de Sales
(más poesías y prosa en
www.franciscodesales.es)