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LAS TRAMPAS DEL EGO QUE VETAN NUESTRA LIBERTAD Y CRECIMIENTO PERSONAL

Las trampas del ego vetan nuestra felicidad. Porque esta esencia de nuestro ser nunca está satisfecha, nos anestesia con sus demandas, sus miedos y sus artimañas, nos aboca a un apego insano hasta situarnos en una eterna zona de confort donde nada acontece. Debemos ser capaces de higienizar el ego para hacer de él ese tendón psíquico extraordinario que favorezca nuestra libertad.
Cuando hablamos de esta dimensión psicológica, a menudo nos perdemos en sus definiciones. Sigmund Freud definió al ego como esa entidad que está obligada a negociar casi a diario con los impulsos y los estándares sociales. Era también esa estructura que puede racionalizarse y equilibrarse a través del trabajo personal. Ahora bien, si nos vamos ahora a enfoques orientales o definidos por la espiritualidad, como el enunciado por Eckhart Tolle, la cosa cambia ligeramente.
En este último caso, el ego es un tipo de autoconciencia insana e imantada por el egoísmo. Es esa fuerza interior que hay que saber controlar, educar y reconducir.
Así, sea como sea, tanto en el enfoque freudiano como el matizado por las filosofías orientales, hay un eje común en el que podemos basarnos. Es ese que nos habla de la necesidad de educarlo, de modificar sus pulsiones y retirar esa costra poco saludable para hacer de él algo más luminoso, útil y sintonizado con nuestro crecimiento personal.
Conocer las trampas del ego es sin duda ese umbral del que partir para tomar conciencia de muchas de sus dinámicas. Veámoslas a continuación.

“Tu ego se puede convertir en un obstáculo para tu trabajo. Si comienzas creyendo en tu grandeza, es la muerte de tu creatividad”.
-Marina Abramovic-


LAS TRAMPAS DEL EGO

La clave del bienestar, esa que promueve la realización de uno mismo y un sentido auténtico de felicidad, está en el equilibrio. Por ello, hay quien se aventura a decir que para lograrlo no hay nada mejor que poner a “dieta” al ego.
Deberíamos hacer con él lo mismo que hacemos con nuestra alimentación. A menudo, nosotros mismos caemos en esas dietas insanas donde las grasas saturadas terminan por inflamarnos e hincharnos. Así, lejos de quedarnos saciados, experimentamos más ansia y hambre.
Con el ego sucede lo mismo. Las ansias de alabanzas, reconocimientos, de aprobación o de poder engrosan una falsa autoestima que siempre está hambrienta. Esa que, a la mínima, acaba desinchándose. Hay que hacer músculo, hay que ejercitar nuestras valías psicológicas a través de la humildad, la determinación y la flexibilidad psicológica. De ahí, que sea esencial identificar esas trampas del ego tan recurrentes en muchos de nosotros.

1. Quiero tener siempre la razón
Hay personas así. De las que no importa que las evidencias sean tan rotundas y sólidas como un edificio de diez plantas. Hay quien en cualquier circunstancia, momento o condición, desea tener siempre la verdad a su favor. Así, y para poner siempre la balanza de su lado, no duda en desplegar las más variadas (y dañinas) artimañas.
El ego en estas circunstancias, pesa en exceso y no ayuda a nadie. Es una trampa para osos que saber reconocer y delimitar.

2. ¿Por qué los demás no actúan como yo deseo y espero?
En cierto modo, todos nosotros hemos experimentado esta misma sensación. La de desesperarnos al ver que personas que apreciamos no hacen o se comportan como esperamos. Este hecho, el de querer que quienes conforman nuestros círculos más cercanos actúen siempre tal y como deseamos, no es solo una más de las trampas del ego. Es también una fuente de sufrimientos.
Lo ideal en estos casos es no condicionarnos, limitarnos a ser y a dejar ser. Porque respetar e incluso valorar que los demás actúen de acuerdo a sus principios y deseos es un acto de respeto y también de crecimiento personal.

3. El sentido constante de carencia
Si tuviera una casa más grande sería feliz. Si pudiera ahorrar un poco más podría comprarme el móvil  que acaba de sacar al mercado esa marca determinada. Si tuviera una pareja cariñosa y que me llevara en bandeja la vida sería perfecta…
Si nos fijamos bien, el sentido de carencia está impreso en gran parte de nuestra sociedad. Nunca nos sentimos completos o satisfechos. Siempre nos falta algo, siempre anhelamos ese detalle que si lográramos poseer nos ofrecería una felicidad inconmensurable. Sin embargo, cuando logramos poseer esa objetivo, la satisfacción caduca pronto y ponemos nuestras esperanzas en otro cosa, otra dimensión, en otra persona.

4. La necesidad de aprobación
Todos necesitamos sentirnos aceptados. Al fin y al cabo, nos movemos en escenarios sociales donde la convivencia siempre es más fluida y significativa si hay aceptación entre nosotros. Ahora bien, tal y como señalábamos al inicio la clave está en el equilibrio. Sentirnos aceptados es bueno, obsesionarnos por tener siempre la aprobación de los demás no es nada saludable, y ya coloca cadenas a nuestra libertad y realización personal.
En ocasiones, el ego y su necesidad de reconocimiento debe ponerse a dieta, debe adelgazar lo suficiente como para ser capaces de tomar decisiones sin tener el permiso de nadie.

“La egolatría es la fuente de todas las miserias”.
-Thomas Carlyle-

5. Me siento inferior (o superior) a los demás

Las trampas del ego no se diseñan únicamente mediante el abuso. Mediante esa egomanía de quien desea más, de quien se cree más que nadie o necesita más que cualquier otro. Esos escollos de nuestro crecimiento personal también se conforman con los sentimientos de carencia.
El sentirnos menos que los demás, el percibir que todo esfuerzo es vano cuando el resto nos supera en casi todo, nos aboca también al sufrimiento. Porque los egos anoréxicos también enferman la mente, nos limitan y nos convierten en sombras desdibujadas.
Así, nunca está de más recordar que la integridad personal requiere también de ese ego capaz de protegerse a sí mismo pero sin caer en excesos. De una autoestima centrada, fuerte que sepa validarse a sí mismo y a su vez, ejercer el respeto ajeno.

Para concluir, las trampas del ego son esas encerronas en las que a menudo dejamos grandes pedazos de dignidad y autoestima. Es ese pequeño hombrecito que habita en nuestro interior y que gusta envenenaros con falsas necesidades, con el rumor constante de quiero eso, me falta aquello, no soporto qué, odio qué…
Aprendamos por tanto a callar esa voz molesta. Logremos día a día identificar un poco mejor sus artimañas para poder así reajustar sus dinámicas y ponerlas a nuestro favor. El ego nunca debe ser un obstáculo, debe ser ese aliado humilde, sabio y centrado que nos ayude a crecer un poco más cada día.


https://lamenteesmaravillosa.com/las-trampas-del-ego-que-vetan-nuestra-libertad-y-crecimiento-personal/

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COLABORACIONES: ARTÍCULOS INTERESANTES / HAY EN MÍ UN CENTRO - La auto-realización - Antonio Blay
« Último mensaje por Fe en Septiembre 07, 2021, 05:23:09 am »
HAY EN MÍ UN CENTRO

Comenzaremos por enfocar el tema de la autorrealización a través de la toma de conciencia del YO.

Hay en nosotros un centro idéntico a sí mismo, inmóvil, permanente, del cual surge todo cuanto yo llego a ser en mi vida, todo cuanto soy, todo cuanto puedo llegar a ser, de donde surge toda inspiración y toda intuición de lo que yo creo que se puede llegar a ser. Todo surge de este centro interior. Del exterior me vienen los materiales; del interior surge la fuerza, la inteligencia, la felicidad. Es esto fundamental para todo aquel que intuye que, si realmente existe este centro del cual surge todo cuando pueda yo llegar a vivir, esto ya está de algún modo en mí y puedo llegar a vivirlo directamente. Todo lo que ahora estoy esperando de las situaciones, de las circunstancias, de las personas, carece de fundamento. Todo lo que puede llegarme sólo me podrá actualizar lo que yo ya soy, lo que ya está en mí. No tengo necesidad de depender de nada ni de nadie, para vivir lo que soy. Nuestro patrimonio natural, nuestro derecho de nacimiento, nuestra obligación como seres conscientes si buscamos algo, consiste en buscarlo donde está y no donde no está. Por lo tanto, el hacer este trabajo no es un aspecto más de las múltiples actividades de nuestra vida, sino que de él depende una nueva y revolucionaria forma de enfocar la propia vida.
  Hay que ver claro, en primer lugar, que este YO es la fuente de donde surge todo cuanto en mí se materializa. Todo cuando soy puede verse, o bien como energía biológica, moral, afectiva, intelectual, del tipo que sea, o como conciencia subjetiva de bienestar, de amor, de felicidad; o como conciencia inteligente, conocimiento, sabiduría, intuiciones, verdades. Todo ello depende de un principio central de donde surge todo lo que es esencia. Sin embargo, del exterior procede la forma, lo que nos proporciona los elementos para la actualización y materialización concreta de esta energía, de esta inteligencia, de esta felicidad.
  Todos podríamos vivir en un estado de plenitud total, cumpliendo todas las exigencias de la vida cotidiana, si, al mismo tiempo, permaneciéramos en este centro donde el YO es. ¿Qué dificultades hay? ¿Qué obstáculos existen para llegar a esta realización de la que venimos hablando?

OBSTÁCULOS

  1. La identificación. El primer obstáculo radica en la no visión, el no conocimiento de este problema. Toda la vida estamos girando, buscando cosas que sólo están en nuestro interior, creyendo que los objetos, el dinero, el prestigio, las personas, o cualquier cosa o circunstancia externa nos han de dar algo de lo que deseamos. Nada nos puede dar nada. El crecimiento se produce siempre desde dentro. Cuando nosotros podamos centrarnos y apoyarnos en este foco, no dependeremos entonces de nada ni de nadie. Exteriormente dependeremos de todo, porque la vida, en su faceta exterior, en el aspecto manifestado, es un tejido constante de interacción. Mi cuerpo depende de todos los cuerpos, mi afectividad de todas las afectividades, mi mente concreta depende de todas las mentes concretas. La vida humana es una red en la cual, precisamente, es muy difícil, por no decir imposible, distinguir dónde empiezo YO y dónde acaba lo otro.
  La primera dificultad, pues, consiste en no darse cuenta que todo viene de dentro, que todo lo que estamos buscando se encuentra en nuestro interior. Porque si yo no estoy convencido de esto, seguiré buscándolo fuera, y esta falsa perspectiva será la causa de una serie de dificultades.
  2. Las estructuras mentales. De estas estructuras mentales, la estructura madre es la yo-idea, de la que hablaremos más adelante.
  3. Los hábitos. Los hábitos tienen la propiedad de hacernos actuar de una forma mecánica, y allí donde hay mecanismos, no hay conciencia lúcida, y si no hay conciencia lúcida, no hay realización del YO.
  4. Los contenidos dinámicos de nuestro inconsciente. Son nuestros Vasanas y Samskaras. Así son conocidos en la India. Hacen referencia a los deseos, temores, ilusiones, frustraciones, ambiciones, orgullo, miedo, etc. Todo esto se encuentra dentro de nosotros y está actuando constantemente en nuestra vida diaria a través de nuestra mente. Interfieren y dificultan a la mente para que pueda tomar conciencia inmediata y clara de las cosas.
  El trabajo de realización del YO exige que cada uno remonte esta corriente que nos empuja normalmente hacia lo cómodo, superficial, automático, inconsciente. Nuestra conciencia es el campo donde se reúne, por un lado, una demanda interior de plenitud, de realidad, de claridad, de felicidad, y, por otro lado, donde se recibe esa tendencia hacia lo más fácil, cómodo y sencillo, hacia lo que requiere menos energía, menos esfuerzo.
  Lo curioso es que nosotros tengamos que plantearnos la realización de nuestro YO como un problema, como un trabajo, y es curioso porque si yo soy YO, ¿qué más necesito para SER? En Oriente se nos dice que nosotros no tenemos que llegar a ninguna realización, que nosotros estamos ya realizados. Yo ya soy esa realidad espléndida a la que aspiro, lo soy desde siempre, no puedo “alquilarla”. O se ES, o no se ha sido nunca. Nos dicen, asimismo, que nuestro único problema es que creemos que somos de una forma determinada: yo creo que soy fulano de tal, que soy padre de familia, que soy empleado de tal empresa; que soy más que éste y menos que aquel otro, o tanto como el de más allá. Nuestra mente se ha ido creando unas categorías mentales con las que se identifica. Oriente nos dice: dejad de creer que sois tal cosa, dejad esa idea de que no tenéis la plenitud. La plenitud, la felicidad, es nuestra naturaleza, aquí y ahora, siempre. Dejemos simplemente de estar hipnotizados, despertemos a nuestra verdadera naturaleza; dejemos de opinar, de estar pendientes de nuestras ideas. Aprendamos a abrir los ojos de la conciencia para sentirnos como Ser aparte y más allá de toda diferenciación, aparte de toda categoría mental, de toda comparación.

¿QUÉ SOY YO?

  Cuando yo dejo de pensar que soy esto o lo otro, cuando dejo de calificarme, cuando prescindo de todos los atributos, ¿qué queda? Al principio me parece que no queda nada, pero realmente queda lo que Es. Lo que es primordialmente, lo que es más allá de toda apariencia, de toda manifestación temporal, de todo nombre y de toda forma. Esta es la técnica magistral. Si alguien es capaz de intuir esto y de poderlo realizar, no necesita nada más. Pero el hecho de que muchas personas no se hayan centrado en hacerlo nos da nuestra del grado de hipnosis, de identificación en que vivimos. Estamos acostumbrados a creer que somos sólo lo que creemos que somos.
  Si se toman este trabajo en serio, desde ahora, en él sólo hay una consigna que vale la pena ser vivida, pues, gracias a ella, la vida recupera su sentido. Es, por tanto, la base de todo lo que tiene valor e importancia: llegar a descubrir la verdad de uno mismo.  Qué soy YO; no por teorías, filosofías, opiniones ajenas, sino por evidencia directa, inmediata. Que yo llegue a descubrir, a realizar por mí mismo, en mí mismo lo que Soy. Yo soy el sujeto, el actor, el pensador, el protagonista de toda mi existencia. Por lo tanto, si lo que busco es realizar este YO, este sujeto, este protagonista, ésta ha de ser mi pregunta, mi consigna en todo momento: ¿Quién soy YO?, ¿qué quiere decir YO? Esta pregunta ha de estar vigente en cada instante. Así como estamos normalmente pendientes del objeto, el objeto que pienso, el objeto por el que trabajo, el sitio donde voy, la persona con quien estoy…, aprendamos a estar pendientes del sujeto. ¿Quién es el que está hablando?, ¿qué quiere decir “yo estoy hablando”? Esta debe ser la consigna fundamental en todo cuanto hagamos en la vida normal. El ejercitamiento especial en el que vamos a trabajar aquí ha de servir de medio para descubrir esa identidad que uno Es.
  La ventaja de este trabajo sobre el YO está en que cuanto más descubra mi identidad, cuanto más me aproxime a mi verdadera naturaleza, mejor me podré desenvolver en mi vida cotidiana. Es un trabajo que no me aleja de mi vida diaria, no me aísla de los demás, ni tampoco mis facultades, sino que me sitúa más y más en el centro de todas ellas. Me capacita para hablar, actuar y pensar mejor, para hacerlo todo mejor. Cuanto más YO sea en lo que estoy haciendo, mejor lo haré. Esta es la gran ventaja del enfoque inicial que tomamos. Partir de nuestra realidad presente, ahondar en ella mientras seguimos nuestra vida diaria, aprovecharla para sentirnos más vivos, para descubrirnos sobre la marcha.
  Yo no soy nada de lo que estoy haciendo, porque soy YO quien lo hago; soy YO quien está detrás de la acción, no soy la acción, la acción sale de mí. YO soy el actor, no la acción; la acción es una expresión de mi YO, YO me mantengo idéntico detrás de todo, soy el centro del cual surge todo, mi vida, toda mi existencia; es un caudal que va tomando formas diversas, pero que no es nada más que la expresión de una fuente inagotable. Yo he de tratar de descubrir qué es esa fuente; no me he de dejar llevar sólo por ella, siguiendo la corriente por pura inercia. He de tener la fuerza de remontar hasta su origen, buscando la fuente en mí.
  Yo no soy nada de lo que pueda pensar, porque todo pensamiento es un producto de mi YO, es una expresión de él. YO soy el pensador, el que se mantiene idéntico a sí mismo cuando piensa y cuando no piensa, cuando piensa “blanco” y cuando piensa “negro”. El que piensa no se altera, no cambia. Por lo tanto, yo no podré encontrarme a mí mismo pensando, porque pensando sólo estaré girando alrededor del YO.
  YO no soy ningún sentimiento. Los sentimientos, incluso los más profundos, los más sinceros, los más auténticos, los más íntimos, surgen del YO, son expresión, más o menos valiosa, del YO. El YO es el que siente, no es lo sentido. Así vemos cómo este YO está más allá de todo nuestro campo de experiencia normal; esto quiere decir, que todo lo que experimento de algún modo está en el YO, puesto que surge de él; significa que toda mi capacidad de conocer, mi inteligencia aplicada, mi capacidad de amar, de gozar, de disfrutar, que yo he sentido en cualquier momento, está y surge del YO. NO hemos de confundir nunca el Yo con sus efectos. Esta es, precisamente, una de las características de la realización del YO: que cuando se realiza, no hace referencia a nada más, tiene un carácter irreductible, definitivo, único. Una fuerza es real cuando es idéntica a sí misma, cuando no depende de otra y cuando lo que no es real tiene su fuente en ella; cuando contiene en sínodo, por lo menos todo lo que vemos en las apariencias.
  Por helecho de que yo en mi vida he sentido unas experiencias determinadas de alegría, de bienestar de felicidad, de inteligencia, de energía, pienso que el YO, por lo menos, tiene esto, está constituido por esto, aunque probablemente tenga mucho más por seguir siendo fuente.

Antonio Blay

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CONFERENCIAS... CHARLAS... ENTREVISTAS... PROGRAMAS... / LA CLAVE DE LA FELICIDAD - Víctor Küpper
« Último mensaje por dona en Septiembre 07, 2021, 05:21:36 am »
LA CLAVE DE LA FELICIDAD
Víctor Küpper


charla de 25 minutos

https://www.youtube.com/watch?v=Ivu1rd5OIhY
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LA AUTOESTIMA según FRANCISCO DE SALES / AUTOESTIMA - PRESENTACIÓN
« Último mensaje por francisco de sales en Septiembre 06, 2021, 05:53:14 am »
AUTOESTIMA - PRESENTACIÓN


La Autoestima es el concepto que uno tiene de sí mismo y de su valía. Incluye, también, el respeto que uno se ofrece, y la capacidad de aceptarse.

Es una actitud mental, una forma de sentir y sentirse, que no siempre coincide con la realidad objetiva. Se basa en nuestra auto-percepción, o sea, la sensación que cada uno tiene de sí mismo y contribuye decisivamente a evaluar la propia Autoestima.

En la medida en que nos sentimos queridos, valorados o aceptados por los otros y por nosotros, establecemos inconscientemente que sea alta o baja, positiva o negativa, sana o perjudicial, correcta o inadecuada.

Quien disfruta de una Autoestima equilibrada, se sienten bien y a gusto consigo, es capaz de apreciar su valía, y se siente satisfecho con sus logros, sus facultades y habilidades. Los que tienen una Autoestima baja creen que no van a agradar a nadie, que los otros no les aceptarán, o que no son adecuados para nada: no tienen Amor Propio.

Habitualmente la Autoestima se divide en alta, que son quienes se aceptan como son –o se valoran por encima de lo justo-, y baja, que son aquellos que no se aceptan y son perjudicados por esa situación. Esta división no es correcta porque la “alta” puede llevar al orgullo, el engreimiento, la pedantería, la chulería, y el egocentrismo o egolatrismo. Sería más correcto dividirla en equilibrada o adecuada y baja.

La medida de la propia Autoestima suele ser errónea por varios motivos: porque tendemos a utilizar una vara de medir injusta cuando se trata de evaluarnos –y esta injusticia es producto, precisamente, de la falta de Autoestima-, y porque la Autoestima -y este es un parámetro erróneo-, que sentimos no es por lo que somos, sino por el concepto que tenemos de lo que somos y el valor que nos damos.

Así resulta que uno no se evalúa por lo que es –objetivamente-, sino por lo que cree que es –erróneamente-. Y si padece una Autoestima baja el concepto que tiene de sí no es acertado en todas las ocasiones –en realidad en casi ninguna de las ocasiones-, sino que se basa generalmente en lo que decían los padres o educadores de uno cuando era pequeño, en lo que uno mismo ha manifestado acerca de sí injusta y exageradamente cuando se ha equivocado en alguna ocasión, en las autocríticas torcidas y despiadadas, o en lo que se ha opinado en esos momentos en que uno se ha acusado y castigado sin razón o excesivamente. Sin duda, cualquier persona imparcial tiene mejor concepto de la persona que tiene la Autoestima baja que la propia persona.

La parte buena es que ese concepto, o ese sentimiento, se pueden modificar, con lo que la Autoestima puede retomar su estado apropiado.

Está asentada sobre todos los pensamientos, sentimientos, impresiones, y experiencias que acerca de nosotros mismos hemos ido acumulando e interiorizando a lo largo de nuestra vida.

Todos tenemos en el inconsciente una imagen o idea que hemos creado, y refleja la idea concebida de quiénes somos como personas y cómo nos sentimos de valiosos con respecto a otros. No siempre se corresponde con la realidad, pero en cambio la utilizamos como referencia para compararnos con los otros –sin reparar en que los demás no son tan perfectos como imaginamos, ni están libres de nuestras mismas inseguridades- y es nuestro fundamento para tomar decisiones o vivir lo diario.

En la infancia es cuando comenzamos a crear nuestra Autoestima, y dado que a esa edad no tenemos la suficiente imparcialidad para una correcta auto-valoración, ni hemos vivido las experiencias que son necesarias para tener un concepto global justo y equilibrado de la propia valía, es cuando tomamos como referencia las ideas que los otros, los educadores y el entorno, nos dan de nosotros.

Como, además, tampoco tenemos la facultad del discernimiento, ni tenemos la habilidad intelectual para analizarnos y valorarnos, comenzamos a andar por la vida con un concepto de nuestra valía que es prestado: lo que los demás opinan de los aspectos nuestros que conocen, o creen conocer, y son los de un niño o niña de 5 o 6 años, con sus torpezas correspondientes y su clara inexperiencia.

Por ejemplo, si a esa edad se nos cae un plato al suelo, y por eso nos dicen que somos torpes, entonces nos creemos que somos torpes y nos podemos pasar el resto de la vida actuando como torpes, convencidos de que lo somos, sin pararnos a pensar que “éramos” torpes en aquel momento que sucedió –no que lo seguimos siendo- y que esa “torpeza” se refiere a esa edad y a aquella circunstancia, y solamente si se compara con un adulto, puesto que en comparación con otro cualquiera de la misma edad seríamos iguales pero no de torpes, sino de faltos de habilidad y experiencia. Como uno cree que es torpe, eso le hace sentirse mal frente a los que comprueba que no son torpes –pero los otros eran adultos y uno era un niño, y eso no se tengo en cuenta- Se acepta ser torpe y no se hace nada por demostrarse lo contrario y solucionar el problema. “¡Qué se le va a hacer, soy así!” resume el pensamiento de lo que se siente.

Más adelante, si no nos paramos a verificar las opiniones y juicios que los demás dictaminan, y si estos son desfavorables, va menguando la valía de nuestro propio autoconcepto y se resiente claramente la Autoestima por esa minusvaloración.

Y si, además, en el caso de que los otros tengan razón con sus comentarios, no nos ocupamos de corregir esa actitud o condición perjudicial o negativa, para mejorarla y evitar que siga desfavoreciéndonos, sino que la asumimos como una desgracia inevitable o una parte irremediable de nuestra personalidad, estamos contribuyendo con nuestra desidia a la progresiva depreciación de nuestra Autoestima.

Si, por otra parte, no nos ocupamos de “colgarnos medallas” por las cosas que sí nos gustan de nosotros y que sí hacemos bien, no se recuperará el saldo negativo con el que estamos contando. Las personas cometemos fallos, pero también tenemos cualidades.

Según cómo esté tasada nuestra Autoestima, será responsable de los posibles fracasos o de los éxitos ya que están ligados de un modo indisoluble.

Si es adecuada, porque el autoconcepto es positivo, fomentará la aptitud que disponemos para desarrollar las habilidades e incrementará el nivel de seguridad personal.

Si es negativa, dejará un sentimiento de fracaso general en la vida y hasta afectará a la salud mental y física.

Antes de comenzar a reconstruir la Autoestima es conveniente saber cómo se encuentra en este momento, así que al final del capítulo propongo una serie de preguntas y sugerencias.

Sugiero tomarlo con tiempo, sin prisas, sin pretender resolverlo todo ahora mismo, deprisa y sólo desde el intelecto. Conviene que el corazón, que es quien puede proveer del amor que se va a necesitar, esté presente en todo momento. Y que el corazón y el intelecto sean aliados en esta tarea, porque ambos pueden llegar a sentirse mutuamente boicoteados por el otro, así que es bueno que trabajen juntos y en la misma dirección; que uno se dé cuenta de lo que no comprende el otro y se lo explique con cariño y, preferiblemente, en el idioma de su compañero, y que se traten con mucho afecto, con mucho respeto, conscientes del paso gigante y decisivo que pueden dar si colaboran mutuamente en el mismo objetivo, que es el Desarrollo Personal y una Autoestima correcta y saludable.

La personalidad está en la base de la forma de ser.  Es útil conocerla lo mejor posible. Para ello hay que preguntarse, observarse, descubrirse… es necesario conocerla para aceptarla. Conviene aceptar la personalidad o el carácter actual de uno aunque no le guste en absoluto, aunque siempre haya tratado de negarlo, aunque reniegue de él, aunque no se parezca a lo que uno quisiera, aunque a uno no le guste nada cómo está siendo, aunque uno esté disconforme con todo lo que tenga que ver con uno mismo, aunque uno no se sienta satisfecho con lo que en este momento cree que es.

En un primer momento, y esto es absolutamente imprescindible, y para mejorar después la personalidad, hay que hacer un acto de reconocimiento de la realidad actual. Es imprescindible este enfrentamiento con la realidad para darse cuenta, de un modo innegable, de qué es lo que falla, qué necesita ser modificado, qué cambiar, qué promover y qué eliminar.

Este paso es duro porque puede ser que uno se encuentre con que está peor de lo que imaginaba, y esto puede ser un poco deprimente y hundirle a uno un poco más.

Si un constructor antes de hacer una casa no verifica cuál es el estado real del terreno sobre el que va a edificar, y se conforma con lo que aparenta por no ponerse a profundizar un poco porque quizás no le guste lo que va a encontrar bajo el suelo, corre el riesgo de que después la base no sea tan sólida como aparentaba y todo el edificio que se ha construido caiga. Por eso es imprescindible la verdad.

El auto-engaño, y la falta de Amor Propio, son los peores enemigos en el proceso de Autoconocimiento. Siempre se ha dicho que nunca se debe mentir ni al médico ni al mecánico. Ni a uno mismo, añado yo. Si uno necesita mejorar su Autoestima es porque está a disgusto con su realidad, con su presente.

Si uno tiene su Autoestima en el punto correcto de equilibrio no necesita iniciar este proceso, así que doy por supuesto que todos los que siguen leyendo a partir de este punto tienen en común el desacuerdo con su situación personal actual, o con su relación consigo mismo.

Uno puede ser honrado y sincero consigo mismo, hacerse las preguntas difíciles, las duras y dolientes, puede darse las respuestas correctas, las que le llevan al Sí Mismo, y si esas respuestas no son satisfactorias eso conllevará, inevitablemente, una bajada de la poca Autoestima de que disponga, y… ¿y qué?, ¿qué pasa después?

“Me he quedado peor que antes, y ahora… ¿qué hago? Estoy pensando que no me tenía que haber metido en esto, que ya me había acostumbrado a cómo estaba y ahora estoy peor. Me acuerdo una y otra vez de ese refrán que dice “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y creo que tiene razón. Al responderme a las preguntas, que ahora me arrepiento de haberme hecho, han salido a la luz cosas desagradables que estaban mejor cuando estaban enterradas...” Esta puede ser la reflexión de la mayoría de las personas que inician el Camino del Autoconocimiento.

Y tienen una parte de razón. Uno de los errores grandes y graves de los seres humanos -más acusado aún en las mujeres- es la capacidad aprendida de aceptación sin queja ante casi cualquier cosa, la tolerancia ante las situaciones que producen dolor, y la resignación ante lo que suceda, desaprovechando la capacidad de oposición y la decisión de eliminar todo aquello que desagrade o provoque infelicidad; parece que se olvida el reconocimiento del derecho a no aceptar lo que no parece aceptable.

Es casi increíble, pero a lo largo de mi relación con tantas personas y sus problemáticas he comprobado que el ser humano tiene cierta tendencia a aguantar y aguantar y aguantar, a soportar lo que sea, casi a justificar lo que sea, hasta casi la humillación, y he comprobado que esa resignación hace que se soporten cosas insoportables y que, a veces, para salir ya irremediablemente de esa auto-humillación, es necesario que la persona toque fondo, llegue a la mayor zozobra, al desastre total, para, por fin, reconocer que es inadmisible la situación y comenzar el camino de reflotamiento.

En la mayoría de las ocasiones falla ese resorte interior, esa especie de defensor de la dignidad personal que nos evitaría tener que llegar a vernos en nuestra peor situación. Y es por falta de amor hacia sí mismo, porque uno no se considera digno de que le sucedan las cosas buenas y sí las malas, por lo que uno soporta hasta lo que es innecesario tolerar, y por lo que uno se permite seguir hundiéndose en vez de luchar por su propio bien.

Por eso, conviene revisar diferentes aspectos para descubrir cómo es la relación con uno mismo, cuál el nivel de amor y comprensión, dónde se tiene la dignidad y cuánto se la respeta, si uno se considera merecedor de las cosas buenas, etc.

La fuerza del inconsciente radica, precisamente, en que no somos conscientes de él; en que actúa desde la impunidad y sin nuestro control. Viene, clava la espada, y se va.

La Autoestima permanece en el inconsciente y desde allí, cuando es baja o inadecuada y sin que nos demos cuenta, condiciona nuestras acciones y, lo que es más grave aún, nuestras reacciones. La acción es un acto consciente, meditado y libre, que se adecúa al momento y la circunstancia, mientras que la reacción es un acto impulsivo, automático, repetitivo e inconsciente. En el primer caso, es uno quien decide. En el segundo caso, “algo” –y no sabemos con qué influencias y con qué criterios, y si estos son propios o ajenos, y si están actualizados o son los mismos de cuando éramos niños-, decide por uno. Lo del segundo caso, que leído en este momento y razonándolo parece inconcebible e inadmisible, lo hacemos cientos de veces sin pararnos a preguntarnos por qué lo hacemos, cuándo hemos decidido que eso lo queremos hacer así siempre,  o cuándo vamos a comenzar a decidir en vez de reaccionar.

Por eso de que actuamos desde el inconsciente, y desde la reacción, aquello malo que pensamos en una ocasión de nosotros mismos –muy posiblemente de un modo parcial negativo, injusto, y equivocado- nos sigue condicionando.

Se ve más claro con el ejemplo anterior: porque una vez, cuando teníamos cinco años, se nos cayó un plato al suelo seguimos pensando que somos torpes, inútiles, ineptos, desatentos, distraídos, despreocupados, destructores, catastróficos, inexpertos, poco hábiles, alguien en quien no se puede confiar… y si, además, alguno de nuestros progenitores nos riñó, pensamos que somos indignos de amor, seres despreciables que hacen enojar y sufrir a sus padres, seres despreciables de quienes sus padres no se sienten orgullosos sino avergonzados… ¡y todo esto sólo porque una vez se nos cayó un plato!

Si no lo revisamos, si no somos conscientes de que aquello ocurrió una vez y en unas circunstancias que no tienen que ver con las actuales, y si no lo comprendemos así no cambiaremos esa idea que mantenemos incrustada y nos regirá injustamente durante el resto de nuestras vidas.

Aquello que sucedió, o que pensamos, o que nos dijeron en un momento dado, sigue actuando desde el inconsciente, nos sigue afectando y no nos damos cuenta de ello. Creemos, erróneamente, que si “surge” de nosotros, es que somos nosotros; que si el pensamiento surge de nuestro interior es porque lo hemos pensado nosotros, y no es cierto.

El inconsciente te pertenece, pero no te representa. Está en ti, pero no es “tú”. Por ello es imprescindible, que te observes, te conozcas, y te des cuenta.


SUGERENCIAS

- Haz una lista con tus cosas buenas y las que haces bien. Sé honesto y reconócelas y admítelas, porque sin duda las tienes. Te servirá para darte ánimos y comprobar que NO TODO en ti es malo.
- Haz una lista con las cosas tuyas que no te parezcan buenas o que se pueden mejorar. Sé objetivo con estas porque la tendencia habitual es a magnificarlas por encima de lo que realmente son. La lista te servirá para trabajar sobre ellas y mejorarlas o solucionarlas del todo.

PREGUNTAS (No te conformes con la respuesta “No lo sé”)

- ¿Qué concepto tienes de ti mismo?
- ¿Eres justo al valorar tus cosas buenas y tus cualidades?
- ¿Eres capaz de apreciar con justicia tu valía? Si la respuesta es un no… ¿por qué no?
- ¿Conoces todas tus virtudes y cualidades?, ¿te sientes satisfecho de ellas?, ¿las desarrollas todo lo que puedes?
- ¿Te beneficiaría potenciar lo que sí tienes de bueno? Si la respuesta es positiva… ¿te comprometes a hacerlo?
- ¿Te consideras una persona digna?, ¿defiendes firmemente tu dignidad?
- ¿Tomas las decisiones de un modo consiente en cada ocasión?


(Para aclarar por qué puedes tener el concepto que tienes de ti, te recomiendo que leas este artículo: https://buscandome.es/index.php/topic,17043.msg19672.html#msg19672





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DECÍDETE, SÓLO TIENES UNA VIDA
Padre Ángel Espinosa

Charla de 85 minutos


https://www.youtube.com/watch?v=U7yGTBCsc4g
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CÓMO DISTANCIARTE

Cuando una situación se te sale de las manos, es posible que debas distanciarte emocionalmente de ella. Recuerda que no se recomienda utilizar el distanciamiento emocional como un medio para huir de tus problemas o resistir el abuso. Tampoco debe utilizarse como un arma contra otras personas ni como un sustituto para la comunicación. Sin embargo, si estás atravesando un momento difícil en una relación, el distanciamiento temporal puede ayudarte a calmarte y poner tus problemas en perspectiva. De manera similar, el distanciamiento durante una confrontación puede ayudarte a mantener la calma. Finalmente, si has terminado una relación, deberás distanciarte gradualmente y de una vez por todas.


https://es.wikihow.com/distanciarte
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AYUDA CONTRA EL CÁNCER FEFOC – Servicios de Apoyo Gratuitos
Barcelona (España)


En FEFOC sabemos que el cáncer es una enfermedad muy compleja que afecta tanto a quién lo padecen como a sus familiares. Por eso, desde la Fundación FEFOC, ponemos un servicio de ayuda contra el cáncer por teléfono completamente gratuito.
Nuestro objetivo es ofrecerte un soporte psicológico para hacer frente al cáncer o una consulta médica para resolver las dudas que te puedan surgir.
Ofrecemos nuestros servicios de ayuda de forma completamente gratuita. Obtén nuestro apoyo sea cual sea en la fase en la que te encuentres podemos ayudarte.



https://www.fefoc.org/ayuda-contra-el-cancer-fefoc/
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CONFERENCIAS... CHARLAS... ENTREVISTAS... PROGRAMAS... / Y UN DÍA DISFRUTÉ MI VIDA
« Último mensaje por dona en Septiembre 06, 2021, 05:47:41 am »
Y UN DÍA DISFRUTÉ MI VIDA

VIDEO:

https://www.youtube.com/watch?v=UljQ3b76Mwg



ESCUELA DE AMOR Y SUPERACIÓN PERSONAL


Es darme permiso para ser feliz, es permitirme ser quien soy, es potenciar mis talentos, es dejar a la gente que me lastima y todo aquello que no contribuya a mi paz. YO CREO MI PAZ, MI DISFRUTE: YO Y SÓLO YO.
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ARTÍCULOS DE FRANCISCO DE SALES / Re:¿ERES ADICTO AL SUFRIMIENTO?
« Último mensaje por Tadeo Rivas en Septiembre 05, 2021, 06:38:52 am »
Muy buen artículo... voy a aplicarlo. Gracias.
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CÓMO SER MÁS CONVERSADOR

Algunas personas pueden parecer superestrellas para conversar, pueden contar historias y hacer chistes como si nada. Pero si eres callado o introvertido, puede ser difícil que tengas el coraje para hablar. Cualquiera que sea tu tendencia, puedes aprender a hablar no solo en mayor cantidad, si no que con palabras de mayor significado, volviéndote un mejor conversador. Aprende a iniciar conversaciones y a mantenerlas, ya sean individuales o grupales, o en un ambiente escolar.


https://es.wikihow.com/ser-m%C3%A1s-conversador
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