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CÓMO EMPEZAR A MEDITAR DESDE CERO (paso a paso para principiantes)

Jorge Benito

vídeo de 12 minutos

https://www.youtube.com/watch?v=ykIpn9qjvEg
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LA COMUNICACIÓN CON SERES FALLECIDOS ES UNA REALIDAD.

Dr. Manuel Sans Segarra

charla de 23 minutos

https://www.youtube.com/watch?v=8wV0PaGf6iA
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CÓMO AFECTAN LAS COMPARACIONES EN LA BAJA AUTOESTIMA.



No es bueno eso de compararte con los otros.

Si te comparas en un aspecto que sabes que vas a salir victorioso, eso sólo sirve para subir tu ego pero no tu Autoestima.

Si te comparas con quien sabes que es más o mejor que tú mismo –ya sea real o idealizado-, vas a salir derrotado de esa confrontación y tu Autoestima, lógicamente, resentida y depreciada.

Quienes se comparan a menudo tienen que conocer qué es lo que subyace en ello, ya que si miran al otro con la noble intención de mejorar aquello que sea mejorable, es una actitud loable; si lo que buscan en esa comparativa es verificar que están peor, pero solamente con la intención de encontrar otro motivo con el que autoenemistarse, y otra razón que confirme “su poca valía”, están equivocados y están infringiéndose un grave daño.

La trampa de las comparaciones es que se elige mal el adversario con el que uno se coteja.

Se tiende a compararse con ese al que se admira, se sobrevalora,  se idealiza, se idolatra… es casi un ser superior –por lo menos en ese aspecto-, y uno envidia secretamente ser como él. Se compara y sale siempre escaldado; es casi frustrante compararse con él, pero es el modelo que se ha escogido.

Al compararse lo que busca es equipararse: ser igual, ser equivalente. Pero una persona sana se debe comparar con otra que ha conseguido un logro que es accesible.

Estar dolorido en la Autoestima porque uno no es como el primer hombre que pisó la luna o como la cantante que ha vendido dos millones de discos es un error insano.

Querer ser como una madre amorosa o un buen profesional, sí está al alcance de la mayoría. Querer ser como es posible llegar a ser, está bien: uno se va a sentir a gusto y su Autoestima va a prosperar.

La tendencia errónea en las comparativas es la falta de objetividad.

En los aspectos relacionados con uno mismo difícilmente se puede ser ecuánime.

Los optimistas y los negativistas se equivocarán con frecuencia.

Los realistas tienen más posibilidades de estar en lo cierto, pero cuando los intereses personales están implicados es difícil ser neutral y no permitir que los sentimientos de una u otra tendencia traten de imponer su punto de vista.

Todas las personas que habitan en la Tierra tienen algo en común: que son humanos y que son diferentes.

Cada uno es quien es y cada uno actúa según es.

Aceptarse como uno es, tal como uno es, permitiéndose ser él mismo, con sus particularidades, virtudes y carencias, es la misión primera y un objetivo a alcanzar.

Después viene la tarea de mejorarse.

Desarrollar las valías, aumentar las capacidades que admiten acrecentarse, apreciar las que son casi invisibles, promocionar las que nos gustan, adecentar o reformar las que no nos gustan… todo eso ha de hacerse y todo está bien; lo único que hay que vigilar es que el único objetivo sea mejorar como persona, y no mejorar como otra persona.

La vida ha de ser individual y no buscar que sea una imitación de otra vida, y los principios y los objetivos han de ser personales, alcanzables, honestos, y adecuados a los deseos reales que uno quiere para sí, pero no porque se envidie el que otros hayan podido lograr.

Las comparaciones, como motivación de alcanzar un logro que otros ya han logrado, están bien siempre que no sean un arma de autocastigo en el caso de que no se alcance lo que el otro ha alcanzado. Uno ha de ser muy consciente de sus limitaciones, de sus circunstancias, de sus conocimientos, de su estado emocional, o sea, de su realidad.

Y ha de sentirse muy satisfecho de lo alcanzado. Sea lo que sea lo que se ha alcanzado, por insignificante que sea, es un resultado propio consecuencia del esfuerzo o la dedicación personal.

En esa competitividad por ser como el otro, hay que tener en cuenta el modelo en el que nos estamos fijando, que es, sin duda, alguien que destaca –nadie aspira a ser como un mediocre o un infortunado-. 

Pretender ser “el otro” implica el desprecio de sí mismo, con lo que se le está dando una patada a la Autoestima. “El otro” es el otro, y uno es uno.

La psicología ha descubierto lo que denomina como “Pacto de Negación”, y se refiere a que existe una tendencia a negar u ocultar los defectos de los demás. Esto no se nota, no se percibe, no se hace de un modo consciente, pero actúa con efectividad.

A nuestros ojos, los otros son ideales y perfectos. Los defectos se mantienen ocultos y minimizados, porque lo aparece a nuestra vista es la cualidad deslumbrante que nos llama la atención y que, secretamente, envidiamos y ansiamos.

Compararse con esa incierta perfección absoluta del otro, condena irremediablemente al hundimiento de la Autoestima que nos arrastrará de un modo implacable.

Una persona con Autoestima Baja va a dar prioridad a quien es su modelo, porque le considera por encima de sí mismo; le va a conceder, aunque sea simbólicamente, cierta autoridad y superioridad, lo cual lleva, irremediablemente, a afianzarse aún más en la Autoestima Baja.



Francisco de Sales




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DIOS O LO SUPERIOR / CÓMO CONFIAR EN DIOS CUANDO TODA TU VIDA SE DESMORONA.
« Último mensaje por lana22 en Enero 03, 2026, 07:32:23 am »
CÓMO CONFIAR EN DIOS CUANDO TODA TU VIDA SE DESMORONA.

Introducción: Cuando el alma tiembla y nada parece sostenerte.

Hay momentos en los que la vida se rompe: pérdidas, enfermedades, traiciones, crisis económicas, cambios inesperados, etapas de oscuridad emocional. Son fases en las que el suelo parece desaparecer bajo tus pies y te preguntas cómo seguir adelante. En esos instantes, confiar en Dios puede sentirse difícil, confuso o incluso imposible. Sin embargo, es precisamente ahí, en medio del caos, donde la fe puede convertirse en tu refugio más verdadero.
Confiar en Dios cuando tu vida se desmorona no significa ignorar el dolor ni fingir fortaleza. Significa apoyarte en una guía que trasciende tu comprensión, permitir que una fuerza más grande que tú te sostenga cuando tus manos ya no pueden sostener nada. Este artículo te ayudará a comprender cómo cultivar esa confianza incluso en tiempos de derrumbe, con reflexiones claras, sugerencias prácticas y caminos para recuperar la esperanza.
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1. Aceptar tu vulnerabilidad: el punto de partida de la verdadera fe

La fe no nace de la perfección ni de la autosuficiencia; nace de la vulnerabilidad. Cuando reconoces que no puedes controlarlo todo, se abre un espacio para que Dios actúe.

Ideas clave:
•   No necesitas tener respuestas para confiar.
•   La vulnerabilidad no es debilidad: es una puerta abierta a la gracia.
•   Dios no exige fuerza; solo sinceridad.

Práctica sencilla:
Cada noche di: “Dios, no entiendo lo que está pasando, pero estoy aquí. Muéstrame el siguiente paso.” No pidas certezas: pide luz.
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2. Reconocer que el dolor no es ausencia de Dios

Cuando la vida se desmorona, solemos pensar que Dios nos ha abandonado. Pero la fe madura entiende que Dios no se revela solo en las bendiciones visibles, sino también en el proceso de reconstrucción.

Perspectiva importante:
•   La prueba no significa castigo.
•   El silencio no es abandono.
•   La oscuridad no es ausencia de amor.

Ejercicio:
Piensa en una crisis pasada que te transformó. ¿Qué aprendizajes, personas o puertas nuevas surgieron después? Esa es la evidencia de que Dios también actúa en lo invisible.
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3. Cuando no entiendas nada, apóyate en lo que sabes

Hay momentos donde la mente se llena de preguntas sin respuesta. Cuando eso ocurre, la clave es volver a las certezas que ya has experimentado.

Recuerda:
•   Dios te ha sostenido antes.
•   Nada es eterno, tampoco el dolor.
•   Lo que hoy duele puede ser lo que mañana te haga crecer.

Ejercicio práctico:
Escribe una lista de cinco momentos de tu vida en los que sentiste que fuiste guiado, protegido o acompañado. Léelos cuando tu fe flaquee.
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4. Abandona el control: la fe es confiar en el proceso, no en el resultado

Gran parte del sufrimiento proviene del intento desesperado de controlar lo incontrolable. Confiar en Dios implica soltar la obsesión por predecir, asegurar o forzar.

Ideas importantes:
•   Soltar no es rendirse. Es hacer tu parte y permitir que Dios haga la suya.
•   La fe no garantiza que todo salga como tú quieres; garantiza que jamás estarás solo.
•   El control asfixia; la confianza libera.

Ejercicio:
Haz una lista de las cosas que estás intentando controlar sin éxito. Marca en otra columna: ¿Qué depende de mí? y ¿Qué tengo que entregar a Dios?
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5. Encuentra anclas espirituales para los días más oscuros

Cuando todo se mueve, necesitas algo a lo que agarrarte: una frase, una oración, un versículo, una imagen mental, una práctica diaria.

Sugerencias que funcionan:
•   Versículos de fortaleza: "Aunque pase por valle de sombras, no temeré…" (Salmo 23).
•   Oraciones cortas y reales: “Dios, dame paz en medio de este caos.”
•   Meditación espiritual: respirar mientras repites una palabra como luz, fe, guía.
•   Escritura emocional: hablar con Dios por escrito.

Ejercicio práctico:
Elige una frase espiritual que te transmita consuelo y repítela cada vez que la ansiedad aparezca.
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6. Permite que otros sean instrumentos de Dios en tu vida

A veces Dios te habla a través de personas: un abrazo, un consejo, una palabra oportuna. Pero si te aíslas por orgullo, miedo o vergüenza, te pierdes ese apoyo.

Ideas clave:
•   No estás llamado a cargar solo con el peso.
•   La ayuda también es una bendición.
•   Hablar de tu dolor no lo agranda; lo libera.

Ejercicio:
Busca esta semana una conversación sincera con alguien de confianza. Solo expresa cómo te sientes, sin tratar de parecer fuerte.
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7. Practica la gratitud incluso en la tormenta

Puede parecer difícil agradecer cuando la vida se derrumba, pero la gratitud no niega el dolor: te ancla en lo que aún sostiene tu mundo.

Beneficios de la gratitud en tiempos de crisis:
•   Reduce la sensación de pérdida total.
•   Te recuerda que no todo está mal.
•   Fortalece la esperanza.

Ejercicio práctico:
Escribe cada día tres cosas pequeñas por las que puedas agradecer. Puede ser un rayo de sol, un mensaje, una taza tibia.
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8. Confía en que Dios está haciendo algo que ahora no comprendes

La fe es aceptar que Dios ve lo que tú no ves. Lo que hoy es caos, mañana puede ser estructura. Lo que hoy duele, mañana puede ser propósito.

Reflexión:
Existen capítulos de tu vida que solo cobrarán sentido con el tiempo. La confusión presente no invalida el plan que aún se está revelando.

Ejercicio:
Escribe esta frase y colócala donde la veas a diario:
“No entiendo lo que pasa, pero confío en quien me guía.”
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9. Un plan semanal para fortalecer la confianza en Dios en tiempos difíciles

Para sostener tu fe en medio del derrumbe, necesitas pequeñas prácticas constantes.

Lunes – Oración clara
Dedica 10 minutos a hablar con Dios sin filtros.
Martes – Lectura espiritual
Lee un salmo, un pasaje o un texto inspirador.
Miércoles – Soltar
Entrega a Dios una preocupación concreta.
Jueves – Gratitud
Escribe tres cosas por las que puedes agradecer.
Viernes – Servicio
Haz un acto de bondad por alguien: eso eleva el espíritu.
Sábado – Silencio y escucha
Pasa 15 minutos en silencio, dejando que tu alma respire.
Domingo – Descanso y renovación
Haz algo que te devuelva paz: caminar, música, naturaleza.
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Conclusión: La fe no evita tormentas; te acompaña a través de ellas

Confiar en Dios cuando tu vida se desmorona no se trata de negar el dolor, sino de permitir que ese dolor sea sostenido por una fuerza más grande que tú. Es elegir la esperanza aunque no veas el camino. Es creer que, aunque tú no puedas reconstruirlo todo, Dios sí puede.
La confianza se cultiva paso a paso, día a día, respiración a respiración. Y aunque ahora sientas que tu mundo cae en pedazos, recuerda esto:
Dios no te ha soltado. No ahora, no antes, y no lo hará después.
Incluso en medio del derrumbe, estás siendo guiado hacia algo que todavía no comprendes, pero que será para tu bien.
La tormenta pasará. Dios permanece.

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CÓMO DEFENDER MI DIGNIDAD PERSONAL.
(Artículo extenso, claro y orientado a soluciones)
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La dignidad personal no es un adorno moral ni una idea abstracta: es el núcleo mismo de nuestra identidad. Cuando la defendemos, no solo nos protegemos; también cultivamos la fuerza interior que permite una vida más coherente, libre y respetuosa. Sin embargo, en la práctica —en la familia, el trabajo, las relaciones afectivas, la sociedad— sostener la propia dignidad puede sentirse difícil, confuso o incluso peligroso. Este artículo ofrece un recorrido amplio, práctico y reflexivo para comprender qué es, cómo se vulnera y cómo fortalecerla de manera realista y sostenible.
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1. ¿QUÉ ES EXACTAMENTE LA DIGNIDAD PERSONAL?

La dignidad es el valor profundo e incondicional que tenemos como seres humanos. No depende de nuestro éxito, de la aprobación ajena, de la productividad, ni de que seamos perfectos. Es el derecho inviolable a ser tratados con respeto, a que se reconozca nuestro valor y a vivir sin humillación ni abuso.
Pero más allá de lo filosófico, en lo cotidiano la dignidad se expresa en cuatro pilares concretos:
1.   Autorespeto: Cómo me hablo, cómo me trato, qué permito y qué no.
2.   Límites sanos: Mi capacidad de decir “hasta aquí” cuando algo me hiere o me perjudica.
3.   Coherencia: Actuar de acuerdo con mis valores, aunque cueste.
4.   Coraje emocional: Defenderme y protegerme incluso cuando tengo miedo.
Entender esto es clave porque muchas personas creen que la dignidad depende de que los demás les valoren. No: comienza en uno mismo, aunque se refuerza—o se deteriora—en cada interacción con el entorno.
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2. ¿CÓMO SE VULNERA LA DIGNIDAD? SEÑALES CLARAS

A veces las agresiones son explícitas; otras, sutiles. Reconocerlas es un primer paso para actuar.

2.1. Agresiones explícitas
•   Insultos, gritos, humillaciones.
•   Desprecio continuado.
•   Manipulación emocional.
•   Control y vigilancia.
•   Burlas que hieren, especialmente cuando son repetidas.
•   Intimidación o amenazas.

2.2. Agresiones silenciosas
•   Desatención constante a tus necesidades.
•   Invisibilidad: nunca te escuchan, nunca te tienen en cuenta.
•   Interrupciones continuadas.
•   Invalidación de opiniones o emociones (“no exageres”, “siempre te lo tomas mal”).
•   Exclusión social dentro de grupos.
•   Responsabilizarte de problemas que no son tuyos.

2.3. Auto-ataques
A veces quien vulnera tu dignidad eres tú mismo, sin querer:
•   Autocrítica excesiva y cruel.
•   Permitir relaciones dañinas.
•   Minimizar tus logros y sobrevalorar los ajenos.
•   Aguantar lo intolerable por miedo a perder algo.
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3. LAS RAÍCES DEL PROBLEMA: POR QUÉ NOS CUESTA DEFENDERNOS

No es falta de fuerza; son condicionamientos. Entre los más comunes:
•   Educación basada en la obediencia: “No contestes”, “no armes lío”.
•   Miedo al conflicto: Temor a enfadar, decepcionar o perder la relación.
•   Baja autoestima aprendida: Creer que tus emociones importan menos.
•   Dependencia emocional: Pensar que necesitar a alguien justifica tolerarlo todo.
•   Normalización del maltrato: Cuando crecer en ambientes duros te hace ver la agresión como “natural”.
Comprender estas raíces no excusa la indefensión, pero sí explica por qué es tan difícil. Y lo que se entiende, se puede cambiar.
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4. CÓMO DEFENDER TU DIGNIDAD: ESTRATEGIAS PRÁCTICAS Y APLICABLES

Aquí entramos en lo esencial: acciones concretas que fortalecen la dignidad personal.
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4.1. Autoafirmación: hablar claro sin violencia
La autoafirmación es la capacidad de expresar tus necesidades, opiniones y límites con claridad, sin atacar a nadie.
Ejemplos de frases autoafirmativas:
•   “Cuando me hablas así, me siento herido/a. Necesito respeto en esta conversación.”
•   “No estoy de acuerdo y quiero explicar por qué.”
•   “Entiendo tu punto, pero esta decisión también me afecta. Quiero que lo discutamos.”
•   “No voy a aceptar que se me trate de esa manera.”
Claves:
•   Uso de un tono tranquilo.
•   Mensajes breves.
•   Hablar en primera persona (yo siento, yo necesito, yo decido).
•   Repetir tu posición sin entrar a provocaciones.
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4.2. Límites sanos: aprender a decir NO
Decir “no” no te convierte en egoísta, sino en alguien que sabe cuidarse.
Pasos para entrenarlo:
1.   Empieza con límites pequeños.
2.   Anticípate: identifica situaciones que suelen sobrecargarte.
3.   Comunícalos antes de explotar.
4.   Evita justificarte en exceso.
5.   Si hay presión, reitera: “No puedo, gracias”.
Recuerda: poner un límite no es controlar al otro; es controlarte a ti.
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4.3. Distancia protectora
Cuando la situación se vuelve tóxica o repetitiva, toma distancia:
•   Distancia física: retirarte momentáneamente.
•   Distancia comunicativa: responder con menos frecuencia.
•   Distancia emocional: dejar de tomar como personal lo que viene de quien actúa de forma destructiva.
La distancia no es un castigo: es una herramienta para preservar tu integridad.
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4.4. Reforzar la autoestima realista
Para defender tu dignidad, necesitas sentirte mínimamente valioso. Esto se entrena:
•   Lista de logros: grandes y pequeños.
•   Autocompasión: hablarte como hablarías a un amigo querido.
•   Hábitos de autocuidado: descanso, alimentación, orden, entorno sano.
•   Reducir la autoexigencia: permitirte fallar sin derrumbarte.
•   Elegir relaciones nutritivas: personas que suman, no que desgastan.
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4.5. Identificar batallas: ¿cuándo merece la pena enfrentarse?
No todas las situaciones requieren confrontación. A veces la dignidad se defiende dejando de participar.
Criterios para decidir:
•   ¿La persona escucha cuando le hablas?
•   ¿Hay beneficio real al discutir?
•   ¿Es alguien importante en tu vida o un contacto puntual?
•   ¿Es una agresión aislada o un patrón?
•   ¿Te sientes seguro/a enfrentándote?
Elegir tus batallas también es dignidad.
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4.6. Construir una red de apoyo
La dignidad se sostiene mejor acompañado. Busca:
•   Amigos que te traten con respeto.
•   Personas que entiendan tus límites sin que tengas que justificarlos demasiado.
•   Grupos o actividades donde te sientas valorado.
Si hace falta, apoyo profesional es un paso valiente y lúcido.
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4.7. Salir de relaciones dañinas
Cuando los límites, el diálogo y la distancia no funcionan y la relación sigue siendo agresiva, manipuladora o humillante, la salida puede ser la única defensa real de tu dignidad.
Salir no es fracaso: es supervivencia emocional.
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5. CÓMO DEFENDER LA DIGNIDAD EN CONTEXTOS CONCRETOS
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5.1. En el trabajo
•   Documenta todo lo que pueda ser malentendido.
•   Evita discutir en caliente.
•   Usa canales formales cuando haya faltas de respeto graves.
•   Apóyate en compañeros de confianza.
•   Si el ambiente es tóxico de forma sistemática, planifica una salida estratégica.
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5.2. En la familia
La familia puede ser el lugar donde más se agrede la dignidad por costumbre, jerarquía o tradición.
Estrategias:
•   Establece límites claros, incluso si cuesta.
•   No entres en provocaciones.
•   Di “no voy a seguir esta conversación si me hablas así”.
•   Toma distancia cuando sea necesario.
•   Recuerda que la sangre une, pero no justifica lo injustificable.
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5.3. En la pareja
La pareja es el espacio más íntimo y, por eso, donde más duelen las agresiones.
Protege tu dignidad:
•   No minimices las señales de abuso.
•   Habla desde la sinceridad y el respeto.
•   Pide cambios concretos y observables.
•   Evalúa si hay reciprocidad: sin ella, es imposible que la relación sea digna.
•   Recuerda: amar no implica soportarlo todo.
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6. DEFENSA SILENCIOSA: GESTOS COTIDIANOS QUE FORTALECEN TU DIGNIDAD

A veces no necesitas decir nada; basta con actuar:
•   Caminar erguido.
•   Hablar con pausa.
•   No humillarte pidiendo afecto.
•   Elegir tus compañías con criterio.
•   Cumplir tus palabras.
•   No entrar en chismes ni envenenamientos verbales.
•   Cuidar tu espacio personal como un templo.
Son detalles pequeños que, sumados, construyen una presencia más firme.
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7. OBSTÁCULOS FRECUENTES Y CÓMO SUPERARLOS

7.1. “Me da miedo quedar como conflictivo/a.”
Responder: defender tu dignidad no es atacar, es aclarar. Quien confunde respeto con conflicto suele ser alguien que se aprovecha del silencio.

7.2. “Si digo algo, me van a rechazar.”
Es posible. Pero vale más un rechazo por ser auténtico que una aceptación basada en tu sumisión.

7.3. “No sé ni por dónde empezar.”
Empieza por lo mínimo: una frase clara, un límite pequeño, una pausa en una discusión. Cada paso cuenta.
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8. CÓMO MANTENER LA DIGNIDAD A LARGO PLAZO

•   Revisa tus valores periódicamente.
•   Mantén una vida ordenada, aunque sea con hábitos sencillos.
•   Cultiva la calma: la dignidad se expresa mejor cuando no estamos dominados por el impulso.
•   Elige entornos donde sientas que puedes ser tú sin miedo.
•   Aprende a soltar lo que no te respeta.
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9. CONCLUSIÓN: LA DIGNIDAD COMO CAMINO DE LIBERTAD

Defender tu dignidad no es un acto puntual: es una forma de vivir. Implica conocerte, valorarte, hablar claro, ponerte límites y ser coherente. No es un camino fácil, pero sí profundamente transformador.
Cada vez que eliges respetarte, tu vida se ordena un poco más. Las relaciones cambian, tu presencia se vuelve más firme, y la sensación interna es de mayor libertad. La dignidad no es algo que te otorgan los demás: es algo que tú practicas, proteges y cultivas.
Y cuando lo haces, el mundo a tu alrededor aprende cómo debe tratarte.

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DESCARGAR O VISIONAR GRATIS - Libros, música... / CUADERNILLO DE AMOR PROPIO Y LÍMITES - Libro
« Último mensaje por dona en Enero 03, 2026, 07:30:41 am »
CUADERNILLO DE AMOR PROPIO Y LÍMITES

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87
CÓMO TENER TIEMPO PARA TODO.

Vidas Contadas con Patri Psicóloga

entrevista de 51 minutos

https://www.youtube.com/watch?v=_7EX2s6lTKs
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LA ASERTIVIDAD, ALIADA IMPRESCINDIBLE EN LA AUTOESTIMA.


La asertividad, para ser verdadera asertividad, requiere unas premisas indispensables: que uno se sienta respetable, que esté convencidode que es valioso, que se considere en igualdad frente a los otros, y que se sepa merecedor de que le sucedan cosas buenas.
Si no es así, la asertividad no desarrollará su responsabilidad que es, frente a los otros, demostrar la confianza que uno tiene en sí mismo y en lo que propone, pide, o defiende, y el convencimiento que tiene de que sus derechos han de ser respetados.


ASERTIVIDAD Y DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA

Una de las cualidades que más pueden ayudarnos a desarrollar una Autoestima equilibrada es la asertividad. Consiste en saber decir sí o no en el momento adecuado, reconocer y expresar los sentimientos, tomar decisiones, actuar sin ser agresivo con los demás y hacerse responsable de nuestra conducta y sus consecuencias. Una persona asertiva tendrá una Autoestima equilibrada y sabrá comportarse con los demás de forma adecuada, defendiendo sus derechos sin pasar por encima de los de los demás.

Dependiendo del grado de asertividad que poseen las personas podemos clasificarlas en diferentes tipos de comportamiento asertivo. Podemos encontrar personas inhibidas, incapaces de expresar sus sentimientos y defender sus derechos… mientras que otras parecerán agresivas, que sólo miran por sí mismos sin importarles pisotear los derechos de los demás.

Además del comportamiento asertivo, también trataremos otros conceptos que pueden ayudarnos a desarrollar nuestra Autoestima, como la capacidad de independizarse. Las personas con baja Autoestima pueden ser muy dependientes de las otras personas de su entorno y, al estar preocupados por su incapacidad para ser autónomos y ser responsables de resolver sus propios problemas, pueden sentir terror a la perspectiva de tener que vivir por sí mismos. Otro concepto importante es el aprender a estar solos, entendiendo por estar solo la capacidad de disfrutar de estar con nosotros mismos de manera sana y agradable sin caer en la depresión o el aislamiento.


ASERTIVIDAD Y AUTOESTIMA

La asertividad no es sólo saber decir sí o no cuando se desee, aunque esto sea una parte importante. También es reconocer y expresar los sentimientos, tomar decisiones, actuar sin ser agresivo con los demás y hacerse responsable de nuestra conducta y sus consecuencias.

Las personas que no se comportan de forma asertiva no se sienten libres para comunicarse ni manifestar sus opiniones. Son pasivas y dejan pasar sus oportunidades por miedo o indecisión. No se respetan a sí mismas ni a los demás. Todo esto hace que su Autoestima vaya disminuyendo y perjudica a sus relaciones con los demás.

Por el contrario, las personas asertivas tienen una Autoestima alta y unas buenas relaciones con los otros. Vamos a ver cómo se comporta una persona asertiva para poder compararlo con nuestro comportamiento:

    Es capaz de tomar decisiones razonadas. No decide basándose en el miedo a qué pensarán los demás.

    Define el problema, busca diversas soluciones y las valora antes de tomar una decisión.

    Es capaz de asumir la responsabilidad por sus acciones.

    Se siente capaz de enfrentarse a los problemas.

    Tiene relaciones de igual a igual con los demás y se comunica abiertamente.

    Defiende sus derechos, opiniones y sentimientos pero sin negar los derechos de los otros.

Todos estos comportamientos hacen que la persona se sienta más segura de sí misma, mejoran las relaciones con los demás y aumentan la Autoestima.


TIPOS DE COMPORTAMIENTO ASERTIVO

Hay tres tipos de comportamiento según la asertividad: el inhibido o pasivo, el asertivo y el agresivo. La persona asertiva es la que es capaz de defender sus ideas y derechos sin pasar por encima de los otros, sabe expresarse y es responsable de sus acciones. Éste sería el comportamiento ideal, que lleva a unas mejores relaciones con las otras personas y una Autoestima más alta. En los otros dos extremos tenemos estos dos tipos de comportamiento:

    Inhibido o pasivo:

        Estas personas suelen caracterizarse por tener un tono de voz bajo e inseguro y evitar el contacto visual con los demás.

        Es la persona que hace todo lo que le dicen sin importarle lo que él piensa o siente.

        Toma sus decisiones por impulsos o por miedo a la opinión de los demás.

        No es capaz de defender sus derechos.

        Se siente incapaz de resolver los problemas.

        Se siente inferior en las relaciones con otras personas. Los demás le manipulan.

        No defiende sus opiniones ni sentimientos y deja que los demás le pasen por encima o les ignoren, por lo que se siente desgraciado.

        Ventajas de este comportamiento: No reciben el rechazo de los demás.

        Desventajas: Los demás se aprovechan de él. Vive siempre en función de los otros y sus deseos siempre están en segundo plano por lo que acumulan resentimiento.

    AGRESIVO:

        Se caracteriza por tener un tono de voz alto, movimientos rápidos y bruscos, mirada fija y agresiva…

        Usa la pelea, las acusaciones o las amenazas.

        Siempre intenta imponer sus decisiones y derechos, sin importarle los demás.

        Actúa haciendo que los demás se sientan inferiores. Le gusta manipular y controlar a las personas de su alrededor.

        No es capaz de expresar abiertamente sus sentimientos de una forma que no sea agresiva ya que lo considera un síntoma de debilidad.

        Ventajas: Los demás no se meten con él y muchas veces consigue lo que quiere.

        Desventajas: Nadie quiere relacionarse con ellos.

Aunque pueda no parecerlo, ambos tipos de comportamiento son síntomas de una Autoestima baja. Tanto el inhibido como el agresivo se comportan así porque no se sienten seguros de sí mismos y no tienen la capacidad de luchar por sus opiniones y derechos de una forma responsable y madura. El inhibido actúa siguiendo siempre los deseos del otro para no sentir el rechazo y el agresivo intenta quedar siempre por encima para no sentirse inferior pero son ambas caras de la misma moneda: personas que no están seguras de sí mismas, que no son capaces de expresarse y que no saben actuar en sus relaciones con los demás como iguales.


CONSEJOS PARA MEJORAR LA ASERTIVIDAD

Una persona asertiva debe ser capaz de evitar la manipulación de los demás para poder comportarse según sus ideas y derechos sin herir a los demás. Esto, que puede parecer tan sencillo, no resulta tan fácil en la vida real. Pensemos en cuántas veces nos hemos sentido culpables por decirle que no a alguien, aunque sabíamos que nuestra decisión era la acertada, o en las ocasiones en las que hemos acabado haciendo algo que no queríamos sólo por no contradecir a una persona y sintiéndonos luego mal por ello.


CONSEJOS PARA PODER MEJORAR NUESTRA ASERTIVIDAD Y EVITAR ESTAS SITUACIONES:

    Conócete a ti mismo y a tu escala de valores. Eso te permitirá tener muy claro que quieres hacer y que no.

    Estar seguro de ti mismo y de que la decisión que has tomado es correcta te ayudará a mantenerte firme.

    En las discusiones expresa cómo te sientes y por qué, dando ejemplos concretos, sin culpar y generalizar. No es lo mismo decir “has llegado tarde las tres últimas veces que hemos quedado y eso me hace sentirme molesto” que decir “estoy harto de que siempre llegues tarde”.

    Aprende a escuchar al otro.

    Se consciente de tus derechos y de que luchar por ellos no te convierte en un egoísta ni en una mala persona. Tienes derecho a decir que no e incluso a equivocarte, enfadarte o sentirte molesto y a expresarlo, siempre que lo hagas de una manera adecuada y procurando no dañar intencionadamente al otro.

No dejes que tus necesidades se vean pisoteadas por ayudar a los otros. El sacrificio sólo es positivo si lo has razonado y has llegado a la conclusión de que en ese momento es mejor que hagas algo por la otra persona que suponga dejar tus necesidades de lado. Si lo haces por costumbre o por miedo al rechazo de los demás, sólo te generará resentimiento.


Francisco de Sales

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LAS COSAS SON COMO SON Y NO COMO UNO QUIERE QUE SEAN.

Hay una frase que, al escucharla por primera vez, suele generar resistencia: las cosas son como son y no como uno quiere que sean. Suena dura, incluso resignada. Parece una invitación a bajar los brazos, a aceptar sin más, a renunciar al deseo. Sin embargo, leída con profundidad, esta afirmación no es una derrota: es una puerta. Una puerta hacia una forma más lúcida, serena y honesta de habitar la realidad.
La mayor parte del sufrimiento humano no nace de lo que ocurre, sino del choque entre lo que ocurre y lo que creemos que debería ocurrir. La mente construye expectativas, narrativas, escenarios ideales. Cuando la realidad no coincide con ellos —que es lo habitual— aparece la frustración, la rabia, la tristeza o la negación. No sufrimos tanto por los hechos como por la pelea constante con ellos.
Aceptar que las cosas son como son no significa aprobarlo todo ni quedarse inmóvil. Significa reconocer el punto de partida. Espiritualmente, es un acto de verdad. Mientras negamos la realidad, no podemos transformarla; solo la resistimos. Y la resistencia prolongada agota, endurece y cierra.
Uno de los errores más comunes es confundir aceptación con resignación. La resignación dice: no puedo hacer nada. La aceptación dice: esto es lo que hay ahora. La primera paraliza; la segunda libera energía. Solo cuando dejamos de gastar fuerzas en negar lo que es, podemos decidir con claridad qué hacer con ello.
Las relaciones humanas son un terreno fértil para este conflicto. Queremos que las personas cambien, que entiendan, que reaccionen como imaginamos. Nos aferramos a la versión que deseamos del otro y sufrimos por la que realmente existe. Reconocer que alguien es como es —y no como querríamos que fuera— duele, pero también aclara. A partir de ahí podemos elegir: quedarnos, poner límites o irnos. Pero ya no desde la fantasía, sino desde la verdad.
Lo mismo ocurre con nosotros mismos. Muchas veces luchamos contra lo que somos en este momento: nuestras limitaciones, miedos, ritmos, contradicciones. Queremos ser más fuertes, más tranquilos, más sabios ya. Y al no lograrlo, nos castigamos. Aceptar que hoy somos esto —y no otra cosa— no es rendirse, es empezar desde un suelo firme. El crecimiento real no nace del rechazo a uno mismo, sino de la comprensión.
Desde una mirada espiritual, la realidad no es un error que hay que corregir, sino un mensaje que hay que escuchar. Cada situación trae una enseñanza, aunque no siempre sea cómoda. Cuando insistimos en que algo debería ser distinto antes de comprenderlo, perdemos la oportunidad de aprender lo que esa experiencia viene a mostrarnos.
Además, aceptar la realidad nos devuelve al presente. El deseo de que las cosas sean distintas suele vivir en el pasado (lo que debió ser) o en el futuro (lo que tendría que pasar). Pero la vida ocurre aquí. Y solo en el presente podemos actuar con lucidez. Aceptar es anclarse al ahora, sin adornos ni evasiones.
Esto no significa abandonar los sueños ni la capacidad de transformar. Significa entender el orden correcto: primero ver con claridad, luego actuar con coherencia. Quien actúa desde la negación suele repetir los mismos errores; quien actúa desde la aceptación lo hace con mayor sabiduría.
Hay una forma de paz profunda que nace cuando dejamos de exigirle a la realidad que se ajuste a nuestros deseos inmediatos. Esa paz no es indiferencia; es madurez. Es comprender que no todo depende de nosotros, pero que siempre depende de nosotros la actitud con la que respondemos.
Las cosas son como son y no como uno quiere que sean no es una frase fría. Es una invitación a dejar de luchar contra molinos invisibles y empezar a caminar con los pies en la tierra. A soltar la fantasía para ganar libertad. A aceptar para poder elegir mejor.
Cuando miramos la realidad sin filtros, sin exigencias imposibles, algo se acomoda por dentro. No porque todo mejore de inmediato, sino porque dejamos de vivir enfrentados a la vida. Y en ese gesto silencioso —tan simple y tan difícil— comienza una forma más auténtica de serenidad.

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IKIGAI: LOS SECRETOS DE JAPÓN PARA UNA VIDA LARGA Y FELIZ.

Resumen del Libro (31 minutos)


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