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 ¿POR QUÉ TENEMOS MIEDO A HACERNOS LAS PREGUNTAS IMPORTANTES?



Marzo 05, 2016, 06:08:18 am
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Desconectado Francisco de Sales

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¿POR QUÉ TENEMOS MIEDO A HACERNOS LAS PREGUNTAS IMPORTANTES?



En mi opinión, en el miedo a esas preguntas se esconde el miedo a no tener respuestas. Ese vacío asusta. Ese miedo impone. Uno piensa que si no encuentra respuestas está perdido, y ante el temor a enfrentarse a esa situación de pérdida prefiere evitar las preguntas y quedarse sin las respuestas.

Las preguntas importantes no son las mismas preguntas para todos. Cada uno tiene sus propias preguntas importantes. Cada escala de valores es personal e intransferible.

A veces nos atrevemos con las preguntas importantes. Y, para no ahondar mucho, para no hurgar en asuntos que nos pueden molestar un poco o mucho, nos conformamos con respuestas muy simples, que no comprometan mucho. Pero casi todas son mentiras o tan banales que no pasarían el control de la máquina de la verdad. Son parches para salir del apuro lo más indemnes posible. Así uno tranquiliza a esa parte de su interior que se atrevido a hacer la pregunta, que ha exigido una respuesta, dándole una cualquiera con la intención de contentarla y acallarla. Uno se puede auto-engañar si lo desea, pero donde se hizo la pregunta sigue existiendo la necesidad de contestación y no se va a conformar fácilmente.

Tanto consciente como inconscientemente evitamos las preguntas comprometidas, complejas, demasiado personales, y más aún si son emocionales, porque nos asusta enfrentarnos a lo que pueda conllevar el hecho de conocer la respuesta, ya que conocerla es algo que elimina la posibilidad de seguir en ese estado aparentemente tranquilo de no hacer por no saber qué hacer. Si uno sabe ya no puede alegar que no sabe.

Hay preguntas que asustan porque si la respuesta no coincide con la que nos gustaría o la que deseamos, puede ser fatal, así que… mejor evitarlas. Por ejemplo… ¿Qué pasaría si me pregunto si soy una buena persona y la respuesta cierta me hace ver que no lo soy, o que lo soy pero muy escasamente y solo en ciertas condiciones?, ¿Qué pasaría si me pregunto si mis amigos o la gente conocida me quieren de verdad?, ¿Qué pasaría si la respuesta cierta me hace ver que no me quieren de verdad, que no soy querido?, ¿Qué pasaría si me pregunto si soy realmente feliz y descubro que “realmente” no lo soy?, ¿Qué pasaría si descubro, de un modo innegable, que soy mi más grande enemigo?

Hay un miedo verdadero a pensar en qué va a pasar después con las respuestas que aparezcan.

Toda esta negación a atreverse con estas preguntas y afrontarlas es inconsciente en la mayoría de los casos, de hecho uno hasta llega a proponerse meterse en un proceso de Autoconocimiento, pero… a veces… cuando se llega a ciertos asuntos delicados… uno se pone en guardia y empiezan a aparecer misteriosamente excusas…se va desinflando el ánimo… se aplaza todo para otro momento…se presentan cosas a las que inexplicablemente se les da una urgencia que no tienen…

Hay casos excepcionales, por supuesto; hay personas que se meten en estos procesos de Desarrollo Personal, o en algún tipo de terapia con un profesional –que siempre ha de ser el mejor que se pueda conseguir- y saben que se pueden encontrar con muchas cosas poco agradables, que van a salir a la luz algunas que estaban muy bien escondidas en el olvido, y que se van a tener que volver a atravesar pasajes de la vida que no son nada placenteros, pero quien de verdad está interesado en hacer de su vida una vida satisfactoria vence el rechazo a implicarse profundamente, y sigue. Sabe que es un proceso por el que tiene que pasar si quiere conocer la verdad. Su verdad. Y piensa, con gran acierto, que la recompensa a todo el esfuerzo emocional que va a tener que hacer es encontrarse bien consigo mismo y para siempre.

Si uno quiere saber tiene que estudiar o tiene que preguntar. Si uno quiere saber de sí mismo tiene que te preguntarse a sí mismo. Si uno es sincero, claro. Si no se atreve, si elude la verdad y se autoengaña, si se niegas a reconocer lo que es innegable, si tiene miedo, si se rinde antes de que aparezca la respuesta… mejor entonces que cuente con el apoyo de un profesional que pueda encauzarlo. Hay que perder el miedo a acudir a un psicólogo y hay que desterrar esa vieja idea de que están sólo para los locos.

La mayoría de las veces las grandes preguntas tienen respuestas simples. Sus respuestas no tienen que ser filosóficas, de un elevado grado intelectual, aspirantes a frases célebres, ni rimbombantes. Tienen que ser entendibles, y estar al nivel de quien pregunta. ¿De qué serviría una respuesta elevada y pomposa si no es comprensible por la mente ni acogida en el corazón?

Y atención a otra excusa muy habitual: “No lo sé”. Las personas sinceras no deberían conformarse nunca con un “no lo sé”. Esa es una respuesta cómoda, un poco cobarde, de quien no quiere afrontar la verdad. “De verdad que no lo sé”. Sigo sin creérmelo. En la persistencia ante la respuesta, ésta acaba apareciendo. A veces es una respuesta leve, breve, nada impresionante ni del todo clarificadora, pero es la punta del iceberg. Detrás viene el resto. Paciencia. O hacer la misma pregunta pero de otro modo. No impacientarse. Aparecerá. Hay que confiar en que, aunque uno conscientemente no lo sepa, en nuestro interior se halla una sabiduría ancestral, y para acceder a ella sólo hay que dar permiso para que se abra la puerta y pueda manifestarse.

Y eso se consigue confiando en Uno Mismo.


Te dejo con tus reflexiones…

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