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 ECUANIMIDAD, DEJAR QUE TODO FLUYA Y QUE NADA INFLUYA



Diciembre 27, 2020, 05:51:34 am
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ECUANIMIDAD, DEJAR QUE TODO FLUYA Y QUE NADA INFLUYA
« en: Diciembre 27, 2020, 05:51:34 am »
ECUANIMIDAD, DEJAR QUE TODO FLUYA Y QUE NADA INFLUYA

La ecuanimidad nos permite mantener la calma y la serenidad en medio de la tormenta. Es una cualidad imprescindible para afrontar la adversidad sin venirnos abajo y, sin embargo, es una de las más difíciles de desarrollar ya que normalmente nos movemos al ritmo que marcan las emociones.
Cuando dejamos que los pensamientos negativos campen a sus anchas y las emociones tomen el mando es difícil encontrar la serenidad y equidistancia necesarias para tomar buenas decisiones. Entonces corremos el riesgo de caer en una espiral autodestructiva.

¿QUÉ ES LA ECUANIMIDAD?

Imagina por un segundo un parque en el que juegan unos niños. Una persona mayor les mira desde la distancia. De repente, a uno de los niños se le rompe el juguete con el que estaban jugando. El niño reacciona primero con sorpresa, luego se enfada y más tarde se echa a llorar desconsolado al comprobar que no podrá reparar el juguete.
¿Qué crees que hará la persona mayor? ¿Cómo reaccionará?
¿Crees que esa persona les dirá: “no llores, eso no es un problema, en la vida tendrás que enfrentar cosas peores”? ¿Crees que la persona mayor se sentirá llorará junto a los niños? ¡No!
La mayoría de las personas mayores han acumulado experiencia suficiente como para saber que se trata tan solo de un juguete. Saben que los juguetes se rompen, es algo normal. Y no es el fin del mundo. En la vida tendremos que enfrentarnos a cosas peores.
Sin embargo, también son capaces de comprender que en ese preciso instante el niño está viviendo un drama porque para él, la rotura del juguete implica un problema.
Eso significa que, aunque la persona mayor puede poner en perspectiva el problema del niño, también es empática con sus sentimientos, pero no se dejan llevar por estos, sino que asumen una distancia psicológica. La distancia psicológica necesaria para poder ayudar.
Eso es actuar con ecuanimidad. De hecho, esta palabra proviene del latín aequaminitas que significa literalmente “de ánimo igual para todos”. Por consiguiente, implica tanto la capacidad para mantener cierta imparcialidad y neutralidad ante los acontecimientos como una constancia de ánimo.

ECUANIMIDAD NO ES INDIFERENCIA

En la filosofía budista la ecuanimidad se define como “una reacción equilibrada a la alegría y la miseria que nos protege de la agitación emocional”. Implica la capacidad observar lo que ocurre sin interferencias, manteniendo un estado mental en el que no influyen los prejuicios y preferencias.
Muchos pueden confundir esa estabilidad de los afectos con la indiferencia. Sin embargo, la indiferencia implica cierto grado de apatía y letargo o incluso de aversión. De hecho, puede llegar a ser un estado mental perjudicial o dañino en el que ignoramos la verdadera naturaleza de los problemas o conflictos y, por ende, no facilita su solución.
Por tanto, la ecuanimidad no es una actitud de indiferencia y frialdad, sino un estado de equilibrio mental en el que las emociones no alcanzan niveles que nos desborden.

¿CÓMO ES LA PERSONA ECUÁNIME?

La ecuanimidad implica armonía, es ofrecer una respuesta proporcionada ante los estímulos intentando mantener el equilibrio psicológico. La persona ecuánime sabe que todo es mutable y por eso no se aferra a las cosas, pero tampoco las rechaza, simplemente las acepta.
Por supuesto, eso no significa que no experimente emociones y sentimientos, todo lo contrario. La persona ecuánime es compasiva y sensible pero también es equilibrada, por lo que puede analizar los problemas y conflictos desde una perspectiva más objetiva. Esas cualidades le permiten rebajar la intensidad de las reacciones emocionales ante los sucesos negativos.

Cuando conducimos, por ejemplo, podemos sentir miedo si otro conductor nos corta el paso agresivamente. Ese miedo es útil para estimular una reacción rápida que nos ayude a frenar para evitar un accidente. Pero cuando el peligro ha pasado, es más adaptativo recuperar la serenidad en vez de quedarnos atascados en las emociones disruptivas.
Una persona ecuánime notará la transgresión del otro conductor y puede experimentar miedo, pero sin los condimentos automáticos que añaden el juicio, el resentimiento y el enojo. Por eso podrá pasar página fácilmente. Y eso le permitirá conducir mejor y evitar posibles accidentes ya que su atención no se quedará atada al incidente, su mente no seguirá rumiando lo que sucedió.

¿CÓMO DESARROLLAR LA ECUANIMIDAD?

Desarrollar la ecuanimidad no significa suprimir las emociones o renunciar a la impronta afectiva que tienen las experiencias en la vida. La ecuanimidad no implica que la actividad emocional cesa por completo sino tan solo que se atenúa, levitando hacia un estado de serenidad y paz interior.
Nos ayudará a mantener una estabilidad emocional que nos permitirá enfrentar los problemas, conflictos y obstáculos de manera más asertiva, a la vez que disminuye su impacto negativo.
Un buen comienzo para desarrollar la ecuanimidad consiste en mantener bajo control el pensamiento catastrófico. Necesitamos comprender que la mayoría de los problemas que enfrentamos en la vida pueden ser difíciles o complicados, pero no terribles. Son problemas, no catástrofes.
A menudo lo olvidamos y terminamos creando una tormenta en un vaso de agua. Solemos alimentar esa visión catastrófica sin darnos cuenta, usando un diálogo interior matizado por un lenguaje que no nos ayuda precisamente a mantenernos serenos.
Por eso, para mantener la ecuanimidad es importante escudriñar nuestro vocabulario. Utilizar palabras como “desastre”, “horrible”, “espantoso” y “catástrofe” solo exacerbarán las consecuencias negativas de la situación que estamos viviendo y es probable que sean completamente desproporcionadas. Ese simple cambio nos ayudará a distanciarnos un poco de los problemas y verlos en su justa perspectiva.
Aceptar plenamente la idea de que todo cambia es otro pilar fundamental de la ecuanimidad. Cuando comprendemos que el mundo que nos rodea está en continua transformación nos daremos cuenta de que es más sencillo seguir la “corriente universal” que nadar contra ella.
Por último, otra estrategia para desarrollar la ecuanimidad consiste en recurrir a la meditación. Diferentes estudios, entre ellos uno realizado en la Universidad de Haifa, han encontrado que la meditación nos ayuda a desarrollar una actitud ecuánime. Estos psicólogos comprobaron que tras tres semanas de entrenamiento en meditación mindfulness las personas reportaban una mayor ecuanimidad. También se pueden lograr resultados similares practicando la meditación vipassana.
La meditación se caracteriza por tres acciones mentales diferentes que facilitan la ecuanimidad: atención selectiva y concentración, monitoreo de la experiencia mental y desactivación de ciertas cogniciones. También nos ayuda a “dejar ir”, con lo cual aprendemos a desactivar de manera intencional la ira, los pensamientos rumiativos que nos dañan e incluso las expectativas y los juicios.
Esa actitud nos permite dejar ir el estímulo una vez que lo percibimos, evitando la actividad mental que normalmente se desencadenaría tras ese estímulo. De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Minnesota han comprobado que la práctica de la atención plena nos permite desconectar con mayor rapidez de un estímulo desagradable que simplemente aplicar técnicas de relajación o proponernos conscientemente reprimir las reacciones.
Por supuesto, estos cambios no se logran de un día para el otro. A algunos les llevará semanas e incluso meses mientras otros necesitarán años. Alcanzar la ecuanimidad no es un camino fácil y no faltan los retrocesos, pero es una manera más equilibrada de enfrentar la vida.

Autor desconocido

 

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