NO ERA AMOR… ERA APEGO DISFRAZADO.
Lo confundí con amor, porque en el fondo me hacía falta abrazarme a mí misma.
Era necesidad… no conexión.
Era ansiedad… no entrega.
Era miedo a la soledad… no plenitud compartida.
Sus abrazos eran cadenas dulces,
su presencia, una tormenta disfrazada de refugio.
Me sostenía… pero no me dejaba volar.
Su “amor” era control envuelto en caricias.
Y aun sabiendo que no me hacía bien, me costaba soltar…
Porque a veces lo que duele se vuelve hábito,
y lo desconocido parece más temible que el dolor conocido.
Hasta que recordé:
? El verdadero amor no asfixia, expande.
? No duele, sana.
? No te encierra, te acompaña en libertad.
Lloré al soltar, pero también respiré.
Y en esa respiración, me encontré.
El apego se disolvió con la medicina más profunda:
💗 el amor propio