SÉ OPTIMISTA, PERO REALISTA.
El optimismo, esa propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, cuando no está bien medido y equilibrado puede conducir a errores por minimizar o infravalorar la realidad, ya que tiende a ver destacado lo positivo y relegado o minimizado lo negativo.
Ser objetivo y realista es imprescindible y no serlo puede ser autoengañarse.
El impulso y las ganas, más la vitalidad y el buen talante que aporta el optimismo, aparentan ofrecer todo un mundo de ventajas o sea que serán bienvenidos cuando no oculten la realidad.
El realista tiene la ventaja de que ve de un modo equilibrado y objetivo todos los puntos de vista de un asunto sin dejarse influenciar más por uno que por otro.
Los extremos que pueden alcanzar tanto los optimistas como los pesimistas nunca son buenos.
Francisco de Sales