ESCUCHAR MÁS Y HABLAR MENOS.
En Oriente dicen que por este motivo tenemos dos orejas y sólo una boca: para escuchar más y hablar menos.
Escuchar al otro es una demostración de interés y de respeto.
En cambio, se ha hecho habitual que en las conversaciones cada uno de los intervinientes quiere contar lo suyo –sin importarle lo del otro-y lo demuestra interrumpiendo al otro mientras habla.
Es una forma de decirle “lo que tú cuentas no vale nada, lo importante es lo que voy a decir yo”.
Por eso es tan habitual que cuando uno habla el otro no le preste la suficiente atención, porque está esperando el momento de que el otro acabe para decir lo suyo y si no acaba pronto, le interrumpe.
Es muy importante escuchar con atención y presencia plena y sin juzgar.
Oír es la capacidad fisiológica de percibir sonidos a través de los oídos; escuchar es tener intención y concentración para dar significado a lo que se oye.
Oír es simular que se escucha, escuchar es empatizar con el otro y con lo que nos cuenta.
Hay un valor importante añadido al hecho de escuchar –creo que tendría que ser ESCUCHAR, con mayúsculas- y es que lo que uno quiere decir es algo que ya sabe, que no le va a aportar nada nuevo; en cambio, escuchando al otro podemos conocer o aprender algo que tal vez no sabíamos.
En el primer caso, es como una exhibición de lo que uno sabe.
En el segundo caso, se demuestra el interés y el respeto.
Francisco de Sales