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 FELICIDAD E INFELICIDAD



Diciembre 11, 2010, 08:27:43 am
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FELICIDAD E INFELICIDAD
« en: Diciembre 11, 2010, 08:27:43 am »
La infelicidad es, también, otro estado no natural de la persona.
La infelicidad es el nombre que le damos a no haber desarrollado bien la posibilidad de felicidad, o a lo que falta para tener la presencia de una felicidad plena.
La infelicidad es un estado pasajero que nos saca de nuestro centro y, además, se permite jugar con nuestra vida y hacer de ella un estado no gozoso, no esperanzado, lejano de la propuesta marcada en cada uno de desarrollar la obligación de ser feliz.
La infelicidad desmotiva.
Pone un filtro amargo entre nosotros y la vida. Crece de la minúscula semilla que es un pensamiento malo o una visión equivocada, o un desconocimiento.
Si se instala en nosotros, nos lo recuerda constantemente y casi nos convence de que es nuestro destino y que somos inseparables.
La infelicidad, si la vemos desde fuera, en su pobre realidad, nos demuestra que no nos sirve para nada, que es extraña en nosotros, y por ello difícil de sentirse identificados con ella.
El estado natural del hombre es la felicidad, que no requiere motivos concretos, ni estimulantes externos, ni debería depender de los demás.
La felicidad se ha de vivir en cada momento, siendo absolutamente consciente de que la felicidad aplazada para el futuro es irrecuperable; es algo que existe por si misma, que tiene entidad, que se puede sentir.
No es la ausencia de problemas.
No es la falta de preocupaciones.
No es un momento menos malo: simplemente, es.
Un estado continuo, una forma de ser y vivir, la más pura aspiración, y el premio que todos merecemos y que podemos conseguir.
Por lo general, acaba siendo esporádica, más ajena que propia, breve, tímida, y se expresa poco. Es un momento aislado que deberíamos repetir muy, muy, muy, muy, muy, muy a menudo.

Cuando se instale en nosotros una sensación de infelicidad, debemos ir a su origen para averiguar si ha tenido un motivo real para nacer.
Una de las posibilidades de infelicidad se debe a los miedos. Incluso, a veces da miedo ser feliz, porque se piensa que una consecuencia de esa felicidad es que se acabe en algún momento y eso nos deje en una situación de dolor y sufrimiento que haga difícil la recuperación del estado anterior. Una absoluta tontería, pero que no la ve así quien la padece.
Si la persona reconoce que este es el origen, el hecho de sentir esos miedos también le produce infelicidad. Por el mismo hecho de ser infeliz, se crea una inseguridad en la persona y en la personalidad, porque faltan los momentos de optimismo y plenitud que dan seguridad en sí mismo y en la vivencia de la vida; falla la confianza, la fe, la esperanza, no se ve una luz en los siguientes pasos y se traduce en infelicidad. Es un círculo vicioso que hay que saber ver desde fuera para poder ver donde está la salida.
En una persona de carácter y personalidad fuerte y asentada es posible la salida de esa sensación de infelicidad. En una persona de poca entidad y poca fortaleza, será más difícil, porque nunca reunirá la suficiente entereza o vitalidad que le permita tomar la decisión de salir de ese inhóspito estado. Necesitará que alguien, desde fuera, le infunda la necesaria energía en forma de ánimo y confianza en que puede ser de otra forma, en que la vida le llama a gritos para que la disfrute y que la felicidad es un estado natural de cada persona, que la felicidad no depende solamente de que pase o no lo que nosotros queramos que pase, sino que la felicidad está instalada en la aceptación de uno mismo, en cada amanecer, en cada niño que nace, en cada gesto de cariño.
La infelicidad no sirve, no aporta, no enseña, es un estado inútil, porque es la felicidad no desarrollada hasta su máxima posibilidad; la infelicidad no sabe si somos o nos sentimos felices, si ponemos en claro cuáles son las circunstancias que tienen que darse para que mostremos el estado óptimo, si comprendemos que se puede ser feliz en todos los momentos, teniendo lo mínimo, estando tumbados, trabajando de continuo, leyendo, viendo cómo se va dormir el día, oliendo un aire desconocido, quedándose en blanco, sintiéndose niño…
Otro tipo de infelicidad se produce cuando no se consiguen los objetivos que uno se ha propuesto alcanzar en esta vida. Para evitar esta situación hay que saber perfectamente cuáles son nuestras posibilidades y nuestras limitaciones, para evitar que no se cumpla un deseo porque se ha planteado algo imposible.
Voy a poner un ejemplo muy exagerado para que se vea claramente: yo puedo considerarme infeliz el resto de mi vida si me he propuesto y deseado el rey de España. Tengo que ser realista y ver que las posibilidades de que pueda suceder son nulas, por tanto me condeno a la infelicidad de por vida porque el deseo era imposible. Me pasaría igual si me frustro por no ser piloto de naves espaciales (sobre todo si no he ido dando los pasos necesarios para que pudiera haber ocurrido), o si me instalo en la infelicidad porque mi madre no me quiso lo suficiente cuando yo era pequeño.
Otro tipo de infelicidad nace cuando no se consiguen una serie de ambiciones materiales. También aquí se ha de ser realista. Uno tiene derecho a alcanzar el bienestar y ha de ver en que consiste éste: puede ser, con todo derecho, tener una casa, un trabajo, un sueldo digno, sentirse aceptado y querido, y un más o menos largo etcétera. Todo lo que sobrepasa estos legítimos deseos que nos hacen estar y sentirnos bien, puede convertirse en algo que llamaríamos “mejor-estar” y puede ser grandioso porque nos empuja hacia delante, o puede ser trágico porque nos condena al fracaso.
Me explico: El “mejor-estar” podría ser ampliar o exagerar el bienestar: ser el director general de la empresa donde se trabaja, tener una casa de mil metros cuadrados y un chalet en la sierra y otro en la playa, ambicionar un sueldo desorbitado, ser un líder admirado, y un muy largo etcétera. Quien no lo consiga, aproximadamente el noventa y nueve por ciento, sentirá una infelicidad continua de la que se negará a salir, porque ya difícilmente querrá aceptar algo menos.
Por eso, cuidado: ser feliz no es cuestión de posesiones, sino de actitud ante lo que hay, lo que pasa por delante, lo que se presenta a la vista, lo que se siente, lo que se tiene y lo que no se tiene.
Hay muchos tipos más de infelicidad, la mayoría no son ciertos, pero los metemos en el mismo lote, y en muchísimos casos se deben, como en el sufrimiento, a la no aceptación de la realidad.
Regreso a algo anterior: conocerse, ser consciente de las posibilidades y limitaciones, saber donde se está y con qué opciones se cuenta, es la mejor forma de saber que se puede ser feliz a partir de cero, incluso sin motivos, y que todos los espacios que llenemos de felicidad no podrán ser ocupados por la infelicidad.
La felicidad está dentro, nadie nos la puede quitar.

Que seáis muy felices.

 

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