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 ¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO PONER LÍMITES A LOS OTROS?



Febrero 21, 2015, 07:03:43 am
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Desconectado Francisco de Sales

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¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO PONER LÍMITES A LOS OTROS?
« en: Febrero 21, 2015, 07:03:43 am »
¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO PONER LÍMITES A LOS OTROS?



En mi opinión, andamos bastante confundidos y faltos de firmeza en esto de poner límites a los otros; en general, consentimos más de lo que sería adecuado.

El inconveniente de esto es que el hecho de no marcar límites cuando los consideramos necesarios es algo que se vuelve en nuestra contra y acabamos siendo los perjudicados por nuestra actitud.

La amabilidad –para con los otros, pero no para con uno mismo-, la “buena educación” –pero mal aplicada-, o el “amor al prójimo” –pero mal entendido-, son razones que utilizamos –consciente o inconscientemente- para ser demasiado tolerantes.

En muchas ocasiones cuesta decir “no” –cuando lo que realmente se quiere decir es “no”-, o decir “sí” -cuando lo que realmente se quiere decir es “sí”-, y decir lo contrario de lo que realmente se desea, de lo que sería conveniente para uno, y satisfactorio, es en la mayoría de las ocasiones el disparadero de una retahíla de auto-reproches y de un estado de mal humor o de mucha rabia… para con uno mismo.

Todos conocemos un dicho: “los derechos de los demás terminan donde comienzan los míos”. Así. Tan rotundo. Tan claro. Tan cierto.

Uno también tiene derechos y no debe permitir que sean avasallados por los demás. Salvo en el caso de que SEA UNA DECISIÓN PROPIA, DESEADA VOLUNTARIA Y CONSCIENTEMENTE, en cuyo caso ya no es avasallamiento.

Si dejo que abusen de mí, de un modo sumiso, de un modo que lo siento como impuesto, y lo hago resignado pero dolido, eso va a afectar a mi autoestima, a mi dignidad, y a mi relación conmigo.

Sentiré una frustración oprimente, una sensación de menosprecio hacia mí como persona –por mi parte y por parte de los otros-, y la impresión de una falta de respeto a mi libertad de decisión… y a mis derechos humanos.

Me quedaré mal. Y SOY YO quien se quedará mal. NO EL OTRO, SINO YO. Me quedaré mal conmigo mismo por algo que me ha venido de fuera, donde yo no he decidido ni aprobado y que sólo es útil para el otro.

Yo estaba bien hasta que viene alguien que me solicita algo que es bueno para sus intereses –pero no para los míos- y para satisfacer y beneficiar al otro me tengo que perjudicar yo. Error. Porque eso se somatizará en forma de depresión, dolores de cabeza, malestar, úlceras, etc.

Absolutamente injusto.

Y uno ha de respetarse y salvaguardarse en lo posible de todo aquello que le vaya a afectar negativamente.

Y no estoy proponiendo la insensibilidad hacia las necesidades de los otros, ni el rechazo a todo siempre y como norma, ni el egoísmo como bandera. Estoy proponiendo sopesar las cosas y valorar también la postura de uno frente a los otros. Tasar en su justa medida cada caso.

Conocemos la citada frase acerca de nuestros derechos (“los derechos de los demás terminan donde comienzan los míos”) pero no aplicamos su contenido. Y nuestros derechos son tan respetables como los de los otros. Nuestros derechos tienen tanto valor como los derechos de los otros.

Una oposición o una negativa bien explicada, con tacto, con prudencia, y con asertividad es decir: “Tengo derecho a ser yo mismo, tengo derecho a no hacer lo que no me apetece hacer o lo que me va a perjudicar, tengo derecho a escoger y decidir lo que quiero hacer y lo que no quiero hacer”.

No es nada malo poner límites a nuestra generosidad y nuestra tolerancia, cuando resulta que no son ni una cosa ni otra sino que es sumisión.

La abnegación, cuando es involuntaria, se convierte en humillación y servilismo.

Aceptar una propuesta de otro ha de ser, siempre, un acto voluntario.

Decir no, cuando se desea decir no, es respetarse. Es dignificarse. Es un acto de amor propio.


Por todo lo dicho, ES CONVENIENTE REVISAR NUESTRA DECISIÓN…

Cuando la petición que nos hacen es desconsiderada hacia nosotros e irrazonable.

Cuando va en contra de nuestros principios éticos.

Cuando es algo que el otro puede hacerlo por sí mismo pero nos lo solicita por su propia comodidad.

Cuando se interpone en nuestras prioridades, o si por ello tenemos que renunciar a algo que para nosotros es importante.


PARA DECIR "NO", CONVIENE…

Decirlo enseguida, antes de que el otro se haga ilusiones y cuente con un sí.

No es obligatorio tener que justificar nuestra decisión, ni hay que inventarse mentiras o excusas.

Decirlo sin ira. Usar la amabilidad y la asertividad.

Si es posible, ofrecer una alternativa.


Recuerda esto: los problemas de los otros son de los otros y la caridad bien entendida empieza por uno mismo.


Te dejo con tus reflexiones…
« Última modificación: Noviembre 29, 2020, 05:55:47 pm por francisco de sales »

 

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